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Científicos de la UVa demuestran el papel del CO₂ en la mejora de las propiedades mecánicas de los polímeros nanocelulares

Científicos de la UVa demuestran el papel del CO₂ en la mejora de las propiedades mecánicas de los polímeros nanocelulares

Un estudio internacional liderado por el Laboratorio CellMat de la Universidad de Valladolid, y en el que participan Félix Lizalde-Arroyo, Alberto Tena y Judith Martín-de León, publicado en la revista científica Advanced Materials, cuestiona la explicación tradicional sobre el comportamiento de estos materiales y abre nuevas posibilidades para desarrollar polímeros más dúctiles y resistentes a los impactos, con potencial aplicación en sectores como la automoción y la aeronáutica.

El doctorando Félix Lizalde junto a sus tres codirectores de tesis. Gabinete de Comunicación UVa.

La investigación, publicada recientemente en la revista científica Advanced Materials, representa un cambio de paradigma en la ciencia de los materiales. El trabajo revela que el proceso de saturación con dióxido de carbono (CO2), paso clave para crear estas espumas, modifica de forma duradera el estado termodinámico de la matriz del polímero. En otras palabras: el polímero investigado, la polieterimida (PEI), cambia su comportamiento, independientemente de los poros, cuando se somete a saturación con CO₂ bajo determinadas condiciones de presión y temperatura.

Durante décadas, la ciencia de los materiales ha sostenido que las propiedades mecánicas de las espumas nanocelulares dependían principalmente de los millones de poros microscópicos que albergan en su interior. Sin embargo, una investigación del laboratorio CellMat de la Universidad de Valladolid, en colaboración con el grupo SMAP, dirigido por el investigador de la UVa Alberto Tena, y con investigadores de las universidades de Helsinki y Eindhoven, aporta evidencias que cuestionan esta explicación al demostrar que el gas utilizado para fabricar esas burbujas, CO₂, modifica de forma duradera el comportamiento mecánico del material, incluso después de que el gas haya desaparecido completamente y en ausencia de poros.

“Toda la literatura científica, hasta ahora, sostenía que cuando el tamaño de las burbujas que hay en la espuma baja a la escala nanométrica, las propiedades mecánicas del material cambian. Lo único que se tenía en cuenta para las propiedades finales mecánicas eran los poros. Sin embargo, nuestro estudio desmiente eso, demostrando que no solo los nanoporos tienen importancia, sino que el estado del polímero es muy importante. Y que ese estado del polímero lo estamos cambiando cuando hacemos el proceso para generar la espuma», contextualiza Judith Martín de León, investigadora de la UVa y coautora del estudio.

Para llegar a esta conclusión, el equipo investigador se propuso aislar el efecto del gas, ya que, como explica Félix Lizalde, primer autor del artículo, “hasta ahora, nadie se había parado a estudiar el efecto del gas durante el proceso de fabricación porque pasaba desapercibido y se camuflaba con el resto de las propiedades de la espuma. Ahí nosotros nos dimos cuenta de que el proceso también influye y tiene un papel muy importante”.

El experimento planteado por el equipo investigador en el marco de la tesis doctoral de Lizalde consistió en someter muestras de polieterimida sólida a diferentes cantidades de CO2, pero sin realizar posteriormente el proceso de espumado que genera los poros. Después dejaron que el gas se eliminara completamente del material y comprobaron que, tras 24 horas a temperatura ambiente, el CO2 había desaparecido, el material no había desarrollado nanoporos y su comportamiento mecánico había cambiado. Estos resultados indican que el CO2 no actúa únicamente como un elemento temporal necesario para fabricar los nanoporos, sino que, durante el proceso, también modifica el estado interno de la matriz polimérica.

Así, la polieterimida saturada con CO2, incluso cuando libera todo el gas, muestra un menor límite elástico y un incremento en la ductilidad, así como una mejor respuesta al impacto. El efecto comienza a hacerse especialmente evidente cuando la cantidad de CO2 absorbida supera aproximadamente el 10 % en peso. En esas condiciones, la tensión necesaria para que el material comience a deformarse disminuye, mientras aumenta su capacidad de deformación antes de la rotura.

“Para que lo entendamos: el polímero sin tratar es frágil. Tú le das un golpe y se rompe en mil pedazos. Mientras que el tratado con CO2 es dúctil, lo que significa que le das un golpe, se deforma absorbiendo el impacto, y no se rompe en mil pedazos», explica Martín de León. Esta capacidad de absorber grandes cantidades de energía antes de la fractura es una característica altamente codiciada por industrias como la automovilística o la aeronáutica para fabricar componentes estructurales y de seguridad.

Tras este hallazgo que supone un cambio de paradigma en la ciencia de los materiales, los investigadores ya exploran cómo afecta este tratamiento basado en gas a otros polímeros amorfos mucho más comunes, como el polimetilmetacrilato (PMMA). “Actualmente estamos buscando confirmar que los resultados obtenidos en esta investigación son extrapolables a otros materiales como el PMMA y, los primeros resultados indican que efectivamente lo son, que esto es algo que no se ha tenido en cuenta hasta ahora y se debería tener en cuenta. Además, es importante considerar que esto no sirve solo para las espumas. Hemos descubierto que con el CO₂ somos capaces de modificar los entresijos o las tripas del polímero”, adelanta Lizalde.

Referencia

Lizalde-Arroyo, F., Van Loock, F., Bernardo, V., Peltola, T., Bes, R., Tena, A., Rodríguez-Pérez, M. Á. y Martín-de León, J. (2026). Beyond Nanoporosity: A CO₂-Conditioned Glassy Matrix Contributes to the Brittle-to-Ductile Transition of Nanocellular Polyetherimide. Advanced Materials, e74680. https://doi.org/10.1002/adma.74680

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Investigadores de la UVa y el CSIC identifican una señal climática que permite anticipar el riesgo de brotes de topillos en Castilla y León

Investigadores de la UVa y el CSIC identifican una señal climática que permite anticipar el riesgo de brotes de topillos en Castilla y León

El catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid, Juan José Luque-Larena, participa en un estudio que ha identificado una señal climática capaz de anticipar con aproximadamente un año de antelación el crecimiento de las poblaciones de Microtus arvalis en las zonas agrícolas de Palencia, Valladolid y Zamora. Publicado en la revista científica Pest Management Science, abre la puerta al desarrollo de herramientas de alerta temprana que permitan mejorar el seguimiento y la gestión preventiva de las explosiones poblacionales de esta especie.

Fuente: Gabinete de Comunicación-UVa

Científicos de la Universidad de Valladolid (UVa) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han identificado una señal climática que permite anticipar el  crecimiento de las poblaciones de topillo campesino (Microtus arvalis). En concreto, la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior está relacionada con el crecimiento posterior de las colonias de estos animales, lo que permite disponer de una señal de alerta con aproximadamente un año de antelación. El trabajo está liderado por el investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM-JCCM), François Mougeot, y el catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid, Juan José Luque-Larena, y se ha desarrollado en el marco del proyecto RATALERT, financiado por la Agencia Estatal de Investigación y ejecutado por la UVa. Sus resultados, publicados recientemente en la revista científica internacional Pest Management Science, abren la puerta al desarrollo de herramientas de alerta temprana para mejorar el seguimiento y la gestión preventiva de las poblaciones de esta especie.

En concreto, el estudio analiza 16 años de datos (2009-2025) procedentes del seguimiento de poblaciones de topillo campesino en seis localidades de Tierra de Campos, en Castilla y León. Con estos datos, los investigadores han comprobado que la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior está relacionada con el crecimiento posterior de las poblaciones. Esta señal, combinada con la fase del ciclo poblacional, permite explicar el 43,2 % de la variación observada en el crecimiento de las poblaciones y, especialmente, proporciona información con suficiente antelación para intensificar el seguimiento antes de la siguiente campaña agrícola.

“Lo importante es disponer de información con suficiente antelación para poder tomar decisiones”, ha señalado Luque-Larena, investigador principal de RATALERT. “El objetivo es avanzar desde una gestión fundamentalmente reactiva hacia una gestión preventiva, identificando con tiempo dónde debemos intensificar el seguimiento”. Por su parte, para François Mougeot, investigador principal junto a Luque del proyecto, “la combinación de información climática y dinámica poblacional puede proporcionar un sistema de alerta mucho más útil para la gestión que esperar a que las poblaciones hayan alcanzado ya niveles elevados”.

Los autores destacan que se trata de una señal temprana de riesgo, no de una predicción infalible de una explosión poblacional. Los resultados deberán validarse y perfeccionarse incorporando nuevos años de seguimiento y otros factores ambientales y agrícolas. Este trabajo refuerza la línea de investigación desarrollada desde la Universidad de Valladolid sobre la ecología y dinámica poblacional del topillo campesino en Castilla y León y pone de manifiesto el valor de las series de seguimiento a largo plazo para desarrollar herramientas predictivas. Además, mantiene una conexión directa con la transferencia al sector agrario a través de la colaboración del Catedrático de Zoología Luque-Larena con ITAGRA.CT, contribuyendo a acercar el conocimiento científico generado en la UVa a las necesidades de la agricultura.

El objetivo de RATALERT (PID2022-136850NB-I00) es avanzar hacia herramientas que permitan anticipar el riesgo, optimizar el seguimiento y facilitar la toma de decisiones preventivas, contribuyendo así a una gestión más eficaz y sostenible de las poblaciones de topillo campesino.

Referencia

Mougeot, F., Lambin, X., Arroyo, B. and Luque-Larena, J.-J. (2026), Early warning signals of common vole population growth in continental Mediterranean farmlands recurrently affected by outbreaks. Pest Manag Sci. https://doi.org/10.1002/ps.71244  

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Una investigadora de la UVa participa en el descubrimiento de la primera molécula de azúcar detectada en el espacio interestelar que arroja nueva luz sobre el origen de la vida

Una investigadora de la UVa participa en el descubrimiento de la primera molécula de azúcar detectada en el espacio interestelar que arroja nueva luz sobre el origen de la vida

La profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid, Elena R. Alonso, integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM), participa como coautora en una investigación liderada por el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) que ha detectado por primera vez azúcar en una región interestelar cercana al centro de la Vía Láctea. El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación en astrobiología y refuerza la búsqueda de otras moléculas que pudieron desempeñar un papel clave en el origen de la vida.

Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios. Ashley Barnes / Izaskun Jiménez-Serra / Juan García de la Concepción

Los resultados de este estudio, recogidos en la revista Nature Astronomy, respaldan la hipótesis de que los azúcares pudieron alcanzar la Tierra primitiva hace aproximadamente 4.000 millones de años transportados desde el espacio. Una vez en nuestro planeta, estos compuestos podrían haber contribuido a la formación de los primeros ácidos nucleicos, desempeñando un papel relevante en el origen de las primeras formas de vida. El hallazgo corresponde a la primera detección de una molécula de azúcar en el medio interestelar, la región del espacio situada entre las estrellas de una galaxia. En concreto, se trata de la eritrulosa, un azúcar que está presente de forma natural en frambuesas y otros frutos rojos y que también se utiliza como ingrediente en algunos autobronceadores.

El descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional liderado por la investigadora Izaskun Jiménez-Serra del Centro de Astrobiología (CAB), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en el que participa Elena R. Alonso, profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid e integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM). En el marco de esta investigación, Alonso ha contribuido en la caracterización espectroscópica de la eritrulosa, un paso imprescindible para identificar este compuesto en las observaciones astronómicas.

“Para poder identificar una molécula en el espacio es imprescindible conocer previamente su espectro rotacional, una especie de huella dactilar de la molécula que se obtiene en el laboratorio. Mi aportación ha consistido en caracterizar la eritrulosa y obtener esa huella espectroscópica, imprescindible para poder identificar posteriormente la molécula en las observaciones astronómicas”, ha detallado la investigadora.

La detección de eritrulosa en la nube molecular G+0.693-0.027, situada en las proximidades del centro de la Vía Láctea, constituye un hallazgo de especial relevancia, ya que demuestra que los azúcares pueden formarse de manera natural en el espacio interestelar. El estudio aporta evidencias, además, que la eritrulosa puede originarse en los hielos interestelares a partir de alcoholes y aldehídos, compuestos orgánicos sencillos con solo dos átomos de carbono.

Los azúcares son biomoléculas esenciales para la vida, ya que constituyen parte de la estructura del ADN y el ARN y participan en procesos metabólicos indispensables. Su presencia debió de ser determinante en las primeras etapas de la evolución de la vida en la Tierra y, posiblemente, también en otros mundos. Sin embargo, el origen de estos compuestos sigue siendo una de las grandes incógnitas de la química prebiótica.

Así, a partir de la cantidad de eritrulosa detectada en dicha nube molecular, los investigadores estiman que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron llegar a la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío, un periodo comprendido entre hace 4.100 y 3.800 millones de años, caracterizado por el intenso impacto de meteoritos y cometas sobre la Tierra. Esta estimación refuerza la hipótesis de que los azúcares formados en el espacio interestelar pudieron enriquecer el inventario de azúcares disponible en la Tierra primitiva y contribuir a los primeros procesos metabólicos y de replicación relacionados con el origen de la vida.

El hallazgo abre nuevas perspectivas para la astrobiología al plantear la posibilidad de detectar en el medio interestelar azúcares más complejos, como la ribosa (componente esencial del ARN), así como otras moléculas prebióticas que podrían haber desempeñado un papel clave en el origen de la vida.

Referencia

Jiménez-Serra, I., García de la Concepción, J., Cuppen, H.M. et al. Detection of a four-carbon sugar in interstellar space. Nat Astron (2026). https://doi.org/10.1038/s41550-026-02905-7