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Garbanzos con rabia, ¿es posible vacunarlos?

Vendedor de garbanzos verdes en la India. Jorge Royan / Wikimedia Commons, CC BY

Al igual que los animales, las plantas también son afectadas por enfermedades provocadas por microorganismos (virus, bacterias, hongos, etc.). Existen patógenos especializados en “hacer daño” a los tejidos vegetales, al mismo tiempo que son inocuos para los humanos.

Un ejemplo, aunque parezca difícil de imaginar, es la rabia que afecta a las plantas de garbanzo, que nada tiene que ver con la enfermedad vírica que afecta a los animales.

El garbanzo, con nombre científico Cicer arietinum, es la segunda leguminosa más producida del mundo (> 18 millones de toneladas), por detrás de las judías o alubias.

A nivel nutricional, es una importante fuente de proteínas asimilables (23-28 % de su peso) y fibra (18-22 % de su peso), además de ácidos grasos beneficiosos (oleicos y linoleicos), minerales (calcio, magnesio, fósforo y potasio) y vitaminas (A y Bs). Por lo tanto, representa un cultivo muy importante en todo el mundo, tanto a nivel económico como para la dieta de muchas poblaciones.


Detalle de una planta de garbanzos con sus primeros frutos.
H. Zell / Wikimedia Commons, CC BY

Dentro de la gran variedad de garbanzos disponibles en el mercado, las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGPs) destacan por su excepcional calidad. Como ejemplo de ellas, podemos encontrar la IGP Garbanzo de Fuentesaúco, producida al sureste de la provincia de Zamora (Castilla y León, España).

Aunque no es una leguminosa muy productiva, tiene una extraordinaria calidad culinaria, reconocida mundialmente por su gran tamaño, textura y sabor.


Garbanzo con Indicación Geográfica Protegida de Fuentesáuco.
Valdavia / Wikimedia Commons, CC BY

Legumbres rabiosas

Una vez presentada “la víctima”, hablemos de su “asesino”. Si hablamos de la rabia, todo el mundo pensaría que nos estamos refiriendo a esa terrible enfermedad vírica que ataca al cerebro de los animales, provoca comportamientos violentos (como morder) y finaliza con la muerte del afectado.

Sin embargo, el virus del animal no ataca a las plantas, por lo que nos referimos a otra enfermedad muy distinta. Ascochyta rabiei (o Didymella rabiei) es el nombre científico con el que se conoce al hongo que provoca la rabia de los garbanzos, una enfermedad muy agresiva y que está ampliamente distribuida por todo el mundo.

Las esporas de este hongo son transportadas por el viento o la lluvia hasta que se depositan en la superficie de la planta. Allí germinan y el hongo penetra los tejidos del hospedador, provocando lesiones negras circulares necróticas (de tejido muerto), principalmente en hojas y tallos.


Planta de garbanzo afectada por la rabia.
Wikimedia Commons, CC BY

Cuando la lesión es muy agresiva, se produce la defoliación (caída de las hojas) de la planta y su muerte por estrangulamiento. Además, si la planta llega a formar semillas, el hongo patógeno las coloniza, pasando la enfermedad a la próxima generación.

Actualmente, el control de esta infección es muy difícil, debido a la inexistencia de garbanzos resistentes y la ineficacia de los fungicidas químicos. Por ello, las estrategias de control biológico pueden representar una solución al problema.

Hongos para mantener a raya al invasor

Uno de los agentes de control biológico que se están utilizando de forma exitosa contra diferentes enfermedades agrícolas es Trichoderma, género de hongos filamentosos muy beneficiosos.

Estos colonizan las raíces de las plantas y las ayudan a combatir a los patógenos, por ejemplo, “comiéndoselos” directamente, produciendo compuestos antimicrobianos (antibióticos y antifúngicos) o compitiendo por el espacio y los nutrientes presentes en el suelo.

Además, al colonizar las raíces de las plantas, Trichoderma es reconocido por su “casera”, lo que provoca la activación de las defensas vegetales en todos sus tejidos. Por lo tanto, actúa como una “vacuna vegetal”.

Conociendo la enfermedad que afecta a este cultivo, junto con las posibilidades que presenta Trichoderma, el grupo de investigación de la Universidad de Valladolid Agrobiotech, junto con investigadores de la Misión Biológica de Galicia (CSIC), han desarrollado un trabajo en el que se han “vacunado” plantas de garbanzo de Fuentesaúco (IGP).

En esta investigación, que acaba de ser publicada en la revista científica Biological Control, se utilizaron diferentes especies de Trichoderma para determinar cuál era capaz de activar las defensas de las plantas de garbanzo e inhibir el crecimiento del patógeno.

Tras diversos experimentos, se identificó la especie Trichoderma harzianum como la más eficaz. Posteriormente, semillas de garbanzo fueron bañadas con esporas de este hongo beneficioso, mediante un recubrimiento con goma arábiga.

Las semillas fueron sembradas en macetas con suelo recogido en campos de cultivo de Fuentesaúco, donde se conocía de la presencia del patógeno. Una vez crecidas las plantas, se infectaron artificialmente con el patógeno.

Así, se pudo demostrar cómo Trichoderma harzianum actúa como una “vacuna” contra la rabia del garbanzo. Finalmente, gracias a técnicas de hormonómica y metabolómica, se identificó cómo funciona este nuevo aliado a la hora de proteger a las plantas de la infección.


El hongo Trichoderma harzianum en un plato de cultivo.
Jorge Poveda

En la fase actual, se están realizando ensayos de campo junto con los agricultores de la IGP Garbanzo de Fuentesaúco, para determinar la verdadera efectividad de esta herramienta biotecnológica en condiciones reales del cultivo.

Controlar de forma eficaz la enfermedad supondrá una mejora importante para esta actividad agrícola, aplicable a los cultivos de garbanzo de todo el mundo.

Jorge Poveda Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Inteligencia artificial en la universidad: los estudiantes piden nuevas formas de evaluación

l i g h t p o e t / Shutterstock

¿Cuántos estudiantes universitarios utilizan ChatGPT y otros softwares similares para generar contenido de trabajos académicos? Ante el reto que supone detectar si un escrito ha sido o no elaborado con inteligencia artificial, y de poder garantizar una evaluación equitativa, hemos realizado un estudio entre nuestro alumnado (del grado de Publicidad y Relaciones Públicas) para averiguar cuántos y por qué hacen uso de estas herramientas.

En la parte cuantitativa del estudio realizamos una encuesta en la que participaron un total de 300 estudiantes; lo combinamos con entrevistas cualitativas realizadas con la herramienta de IA AskMore. Esta herramienta de IA genera entrevistas personalizadas teniendo en cuenta las preguntas del propio investigador, marcadas en un inicio, y las respuestas que va suministrando el entrevistado durante el proceso de la conversación.

Muchos la usan a menudo

Los resultados de este estudio han puesto de manifiesto el alto porcentaje de uso de las aplicaciones de IA: cuatro de cada cinco alumnos afirman haber utilizado este tipo de herramientas, y solo uno de cada cuatro afirma que su consumo es ocasional.

Quienes las usan manifiestan que las herramientas son útiles y la dificultad de su empleo es baja, por lo que tienen un nivel de satisfacción medio alto con su manejo. Se observa que, en general, cuando aumentan los valores positivos como la utilidad y satisfacción generada por el uso de la herramienta, disminuye la dificultad que manifiestan por su utilización.

Por lo general, los alumnos utilizan estas herramientas para buscar información y documentarse, y creen que en el campo docente se va a aumentar su empleo, pero consideran que su uso se debe controlar desde la institución, ampliando la perspectiva de estudios anteriores, en los que se propone la creación de un Observatorio Ético para el Uso de la Inteligencia Artificial en la Educación.



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Escribir en la universidad en la era de la inteligencia artificial

Fácil y rápido

Respecto a las motivaciones que llevan al alumnado al empleo de estas herramientas, encontramos el acceso rápido y fácil a la información. Una de sus principales ventajas es acelerar los procesos de recopilación de datos y la obtención de respuestas concretas.

En cuanto a los inconvenientes, y teniendo en cuenta que hay alumnos que no observan desventajas en el uso de estas herramientas, los entrevistados afirman –consolidando la tendencia ya mostrada en otros estudios–, que la incertidumbre del origen de los datos y la información anticuada son algunos de los motivos por los que no emplean con mayor regularidad estas herramientas.

Por último, respecto a la aplicación de estos softwares en la universidad, los alumnos creen que estas herramientas pueden ser complementarias al resto de contenidos tanto para los docentes como para los alumnos. Estudios previos han encontrado resultados positivos en el proceso de enseñanza-aprendizaje con el empleo de heramientas de IA.

Los encuestados opinan, sin embargo, que se debería modificar la forma de evaluar las competencias hacia una valoración más práctica que evitara el uso de estas aplicaciones. No consideran que se deba prohibir su uso, sino que se debe encontrar una evaluación más justa del trabajo que realiza el alumno independientemente de las aplicaciones que emplee en su desarrollo.



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Talleres prácticos para enseñar a usar la inteligencia artificial a los universitarios

Este trabajo nos permite observar hasta qué punto estas herramientas han penetrado en el alumnado de educación superior y la opinión de estos sobre su utilización dentro del contexto universitario.

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Qué dice la filosofía sobre la hospitalidad (y cómo lo cuenta la literatura)

Voluntarias en el cruce fronterizo entre Polonia y Ucrania, en marzo de 2022. Konrad Kmiec / Shutterstock

Todos hemos visto en las noticias las caravanas de migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. También hemos visto las pateras que cruzan el Mediterráneo con la esperanza de llegar a costas europeas. Hemos sido testigos del modo en que los ucranianos tuvieron que abandonar su país con motivo de la guerra. En algunos casos, nos vienen a la memoria recuerdos de los campos de refugiados instalados en Turquía o en Grecia, consecuencia de la guerra civil siria.

Hay dos hechos incontestables: todos somos iguales jurídicamente y tenemos los mismos derechos. Si a esto unimos la imparable globalización de las sociedades, es fácil darnos cuenta de que necesitamos una mirada cosmopolita cuyo primer derecho sea la hospitalidad, como bien ha señalado la filósofa española Adela Cortina.

Ser hospitalarios ¿con o sin condiciones?

El prusiano Immanuel Kant (1724-1804) fue uno de los primeros filósofos que mostró un interés sincero en definir la hospitalidad. En su obra La paz perpetua afirma que el extranjero tiene derecho a no ser tratado con hostilidad cuando llega a un lugar que no es el suyo. A cambio, añade, ha de comportarse de manera pacífica.

La imposición de límites muy estrictos a las personas que llegan al país es una de las mayores insuficiencias de esta aproximación. Aun así, fue un paso importante en el desarrollo del tema, pues Kant pensó la sociedad del futuro como una institución cosmopolita donde arraigo y extranjería debían convivir gracias a unos derechos universales.

En el siglo XX, como consecuencia de los grandes movimientos totalitarios (fascismo, comunismo e imperialismo), la reflexión sobre la hospitalidad adquirió una mayor urgencia. Emmanuel Lévinas (1906-1995), filósofo judío confinado en un campo de concentración, elaboró una idea de la hospitalidad que no podemos separar de lo que vivió. Esto lo emparenta con refugiados, solicitantes de asilo e inmigrantes.

Para Lévinas todos tenemos una obligación hacia los demás, puesto que no somos seres autónomos. Nuestro yo está unido al del resto de la gente. Esto significa que la identidad y la alteridad –la condición de ser otro– están vinculadas de forma indisoluble.

Solo al salir de nosotros mismos y al abrir el espacio interior de nuestro hogar a los demás nos convertimos en seres éticos. Aquí radica, para Lévinas, la hospitalidad. Hacemos de nuestro país un lugar hospitalario en el que vivir la compasión con los demás.

Por último, el francés Jacques Derrida (1930-2004) planteó los desafíos de la hospitalidad de forma más radical. Rechazó la hospitalidad condicionada de Kant para abogar por otra que sea incondicionada: al extranjero no le podemos pedir que deje fuera nada de su bagaje vital. Esto conlleva riesgos para la sociedad que lo acoge, pues en algunos casos puede comprometer su misma existencia.

Consciente de las contradicciones, Derrida creó el término “hostipitalidad” para reflejar la profunda ambivalencia de la hospitalidad, a un tiempo deber para el anfitrión y derecho del huésped.

La hospitalidad en Estados Unidos y la literatura

En nuestra época la hospitalidad está relacionada con el espacio social, como bien han visto los investigadores Ana Manzanas y Jesús Benito. Así, la poética del espacio estudia la relación entre lugar geográfico, social y ciudadanía.

La literatura es un reflejo de la sociedad. En ella encontramos sus ideas dominantes. Cierto es que el autor no tiene por qué reflejarlas en su totalidad ni secundarlas. En las novelas el lector encuentra una representación de la sociedad que no es una imagen idéntica a la realidad. El escritor la ha transformado para adaptarla a sus propósitos narrativos. Esto lo puede hacer porque al mundo literario, que nunca puede ser real, le basta con ser verosímil.


En la librería Shakespeare and Company de París se recibe a los visitantes con una frase inscrita en el marco de la puerta: ‘No seas inhóspito con los extraños, no sea que sean ángeles disfrazados’.
Alexandre Duret-Lutz/Flickr, CC BY-SA

La hospitalidad es un tema central en gran parte de la literatura estadounidense escrita por inmigrantes irlandeses, latinos o asiáticos. En ellas el lector encuentra la difícil convivencia social. Ve cómo se pone en tela de juicio la idea generalizada de que Estados Unidos es una tierra de acogida. Asimismo los autores señalan los problemas y prejuicios contra los que los emigrantes tienen que batallar día a día.

Entre las muchas novelas podemos citar La mujer guerrera (1976) de la estadounidense de origen chino Maxine Hong Kingston y La casa en Mango Street (1984) de la escritora chicana Sandra Cisneros.

Otro ejemplo son las memorias de los negroamericanos descendientes de esclavos. En ellas narran cómo se dieron de bruces contra la sociedad americana cuando salieron de sus barrios para relacionarse con la sociedad blanca. Relatan cómo se encontraban fuera de lugar social y geográficamente.

Entre los muchísimos libros publicados, merece la pena citar Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (1969) de Maya Angelou y Notes of a Native Son (en español, “Apuntes de un hijo de esta tierra”) (1955) de James Baldwin.

La literatura como lugar de acogida

Si en la literatura encontramos el reflejo de la hospitalidad, propongo la noción de la literatura como lugar hospitalario. Las traducciones de autores, los préstamos literarios, las aperturas hacia sonoridades rítmicas propias de otras literaturas son, entre otras posibilidades, una bienvenida a otras maneras de ver el mundo.

Que en una literatura nacional un autor extranjero sea traducido y publicado con frecuencia es señal de la acogida hospitalaria que se le dispensa. Sin embargo, la hospitalidad no queda circunscrita a él. El modo en que ve el mundo y los valores que preconiza también forman parte de lo acogido.

La recepción de la literatura extranjera es, en definitiva, un modo de ampliar nuestro horizonte cultural más allá de la literatura pero con su indispensable concurso.

Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan recibe fondos de Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (project FFI2015-64137-P), Unión Europea (project 2017-1-ES01-KA203-038181), Junta de Castilla y León (project SA342U1) para llevar a cabo la investigación dentro del marco de los proyectos de investigación de la Universidad de Valladolid.

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Paula Molinero González gana la séptima edición del concurso divulgativo Three Minute Thesis (3MT)

Paula Molinero gana la séptima edición del concurso divulgativo Three Minute Thesis (3MT)

La final se celebró en el Teatro Zorrilla ante unos 250 espectadores

La estudiante del Programa de Doctorado de Investigación Transdisciplinar en Educación Paula Molinero González ha obtenido el primer premio del concurso Three Minute Thesis (3MT), organizado por la Escuela de Doctorado y la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Valladolid, con la presentación Lo esencial es invisible a los ojos. Lo hizo el pasado 30 de abril de 2024 ante unos a doscientos cincuenta asistentes que acudieron al Teatro Zorrilla para vivir la final del certamen.

Sara López Vázquez, investigadora del Programa de Doctorado en Investigación Biomédica, ha logrado el segundo premio con Aló, ¿calcio? Combatiremos el Alzheimer. El tercer puesto se repartió ex aequo entre Clara Pérez González y su presentación Muu-cho más que sensores, del Programa de Doctorado en Física; y Teresa Sigüenza Andrés, de Ciencia e Ingeniería Agroalimentaria y de Biosistemas, con Una historia con mucha miga. Por su parte, Elena Caldero Escudero, del Programa de Doctorado en Investigación Biomédica, fue reconocida con el premio del público gracias a su presentación Alzheimer, calcio y fuegos artificiales.

Un total de 33 investigadores en formación de todas las áreas de conocimiento de la UVa han participado en este concurso divulgativo y puesto a prueba sus habilidades de oratoria y retórica para explicar su investigación en tan solo tres minutos con el único apoyo de una diapositiva. Del 15 al 17 de abril, se celebraron las eliminatorias en tres institutos de Educación Secundaria de la ciudad de Valladolid, donde los participantes acercaron sus resultados a su alumnado. A la final accedieron los trece clasificados en estas tres eliminatorias previas (cuatro en las dos primeras, cinco en la tercera a causa de un empate).

El jurado de la final estuvo compuesto por Yolanda Burgoa, diputada delegada del Servicio de Educación y Cultura; Cristina Carro, periodista; Esperanza Ortega, escritora; Tamara Martínez, de Renault Group; y Jesús Esteban Morcillo, representante del Consejo Social.

El evento contó con la colaboración de la Diputación de Valladolid y el Consejo Social de la Universidad de Valladolid.

Finalistas del concurso Three Minute Thesis (3MT), curso 2023-24

Finalistas del concurso Three Minute Thesis (3MT), curso 2023-24