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Científicosde la UVa demuestran el papel del CO₂en la mejora de las propiedades mecánicas de los polímeros nanocelulares
Un estudio internacional liderado por el Laboratorio CellMat de la Universidad de Valladolid, y en el que participan Félix Lizalde-Arroyo, Alberto Tena y Judith Martín-de León, publicado en la revista científica Advanced Materials, cuestiona la explicación tradicional sobre el comportamiento de estos materiales y abre nuevas posibilidades para desarrollar polímeros más dúctiles y resistentes a los impactos, con potencial aplicación en sectores como la automoción y la aeronáutica.
El doctorando Félix Lizalde junto a sus tres codirectores de tesis. Gabinete de Comunicación UVa.
La investigación, publicada recientemente en la revista científica Advanced Materials, representa un cambio de paradigma en la ciencia de los materiales. El trabajo revela que el proceso de saturación con dióxido de carbono (CO2), paso clave para crear estas espumas, modifica de forma duradera el estado termodinámico de la matriz del polímero. En otras palabras: el polímero investigado, la polieterimida (PEI), cambia su comportamiento, independientemente de los poros, cuando se somete a saturación con CO₂ bajo determinadas condiciones de presión y temperatura.
Durante décadas, la ciencia de los materiales ha sostenido que las propiedades mecánicas de las espumas nanocelulares dependían principalmente de los millones de poros microscópicos que albergan en su interior. Sin embargo, una investigación del laboratorio CellMat de la Universidad de Valladolid, en colaboración con el grupo SMAP, dirigido por el investigador de la UVa Alberto Tena, y con investigadores de las universidades de Helsinki y Eindhoven, aporta evidencias que cuestionan esta explicación al demostrar que el gas utilizado para fabricar esas burbujas, CO₂, modifica de forma duradera el comportamiento mecánico del material, incluso después de que el gas haya desaparecido completamente y en ausencia de poros.
“Toda la literatura científica, hasta ahora, sostenía que cuando el tamaño de las burbujas que hay en la espuma baja a la escala nanométrica, las propiedades mecánicas del material cambian. Lo único que se tenía en cuenta para las propiedades finales mecánicas eran los poros. Sin embargo, nuestro estudio desmiente eso, demostrando que no solo los nanoporos tienen importancia, sino que el estado del polímero es muy importante. Y que ese estado del polímero lo estamos cambiando cuando hacemos el proceso para generar la espuma», contextualiza Judith Martín de León, investigadora de la UVa y coautora del estudio.
Para llegar a esta conclusión, el equipo investigador se propuso aislar el efecto del gas, ya que, como explica Félix Lizalde, primer autor del artículo, “hasta ahora, nadie se había parado a estudiar el efecto del gas durante el proceso de fabricación porque pasaba desapercibido y se camuflaba con el resto de las propiedades de la espuma. Ahí nosotros nos dimos cuenta de que el proceso también influye y tiene un papel muy importante”.
El experimento planteado por el equipo investigador en el marco de la tesis doctoral de Lizalde consistió en someter muestras de polieterimida sólida a diferentes cantidades de CO2, pero sin realizar posteriormente el proceso de espumado que genera los poros. Después dejaron que el gas se eliminara completamente del material y comprobaron que, tras 24 horas a temperatura ambiente, el CO2 había desaparecido, el material no había desarrollado nanoporos y su comportamiento mecánico había cambiado. Estos resultados indican que el CO2 no actúa únicamente como un elemento temporal necesario para fabricar los nanoporos, sino que, durante el proceso, también modifica el estado interno de la matriz polimérica.
Así, la polieterimida saturada con CO2, incluso cuando libera todo el gas, muestra un menor límite elástico y un incremento en la ductilidad, así como una mejor respuesta al impacto. El efecto comienza a hacerse especialmente evidente cuando la cantidad de CO2 absorbida supera aproximadamente el 10 % en peso. En esas condiciones, la tensión necesaria para que el material comience a deformarse disminuye, mientras aumenta su capacidad de deformación antes de la rotura.
“Para que lo entendamos: el polímero sin tratar es frágil. Tú le das un golpe y se rompe en mil pedazos. Mientras que el tratado con CO2 es dúctil, lo que significa que le das un golpe, se deforma absorbiendo el impacto, y no se rompe en mil pedazos», explica Martín de León. Esta capacidad de absorber grandes cantidades de energía antes de la fractura es una característica altamente codiciada por industrias como la automovilística o la aeronáutica para fabricar componentes estructurales y de seguridad.
Tras este hallazgo que supone un cambio de paradigma en la ciencia de los materiales, los investigadores ya exploran cómo afecta este tratamiento basado en gas a otros polímeros amorfos mucho más comunes, como el polimetilmetacrilato (PMMA). “Actualmente estamos buscando confirmar que los resultados obtenidos en esta investigación son extrapolables a otros materiales como el PMMA y, los primeros resultados indican que efectivamente lo son, que esto es algo que no se ha tenido en cuenta hasta ahora y se debería tener en cuenta. Además, es importante considerar que esto no sirve solo para las espumas. Hemos descubierto que con el CO₂ somos capaces de modificar los entresijos o las tripas del polímero”, adelanta Lizalde.
Referencia
Lizalde-Arroyo, F., Van Loock, F., Bernardo, V., Peltola, T., Bes, R., Tena, A., Rodríguez-Pérez, M. Á. y Martín-de León, J. (2026). Beyond Nanoporosity: A CO₂-Conditioned Glassy Matrix Contributes to the Brittle-to-Ductile Transition of Nanocellular Polyetherimide. Advanced Materials, e74680. https://doi.org/10.1002/adma.74680
Melitón Manzanas. Archivo General del Ministerio del Interior (AGMI). Dirección General de la Policía, Expediente Melitón Manzanas González, nº 6098.
Inspector jefe de la Brigada de Investigación Social (BIS) en San Sebastián, Melitón Manzanas (1909-1968) fue un victimario-víctima: un torturador reconocido y la primera víctima mortal premeditada de ETA. Décadas antes de que la organización terrorista lo asesinara en la puerta de su casa en agosto de 1968 estuvo relacionado con agentes y colaboracionistas del Tercer Reich.
Manzanas fue un agente que en su carrera profesional utilizó la tortura en sus interrogatorios, que practicó trato vejatorio a sus detenidos y que empleó métodos violentos para obtener confesiones.
En 1939 entró en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia (CIV) –que desde 1941 pasó a llamarse Cuerpo General de Policía (CGP)–. A partir de entonces, su trabajo se concentró en vigilar la frontera en Irún, evitar el contrabando, obstaculizar y perseguir al maquis comunista y frenar cualquier tipo de actividad de oposición a la dictadura.
En los años finales de su vida encabezó una importante campaña de detenciones y represión contra miembros de Comisiones Obreras, Euzko Gaztedi –las juventudes del PNV– y ETA, la organización terrorista. Esta última lo asesinó el 2 de agosto de 1968.
La semilla del monstruo
Para justificar su asesinato, las entonces cabeceras del nacionalismo vasco radical, entre ellas Gudari y Zutik, recogieron testimonios sobre sus acciones vejatorias, incidiendo en su perversión, sentimiento antinacionalista vasco y vínculos con la Alemania nazi. De ese modo, su leyenda negra aumentó.
Durante el proceso de Burgos de 1970, donde se juzgó a los responsables de su muerte, la abogada Gisèle Halimi trabajó en dar a conocer el juicio en la esfera pública y editó un libro titulado Le Procès de Burgos (1971), con prefacio de Jean-Paul Sartre. Asesorados por el miembro de ETA José Antonio Etxebarrieta, introdujeron detalles escabrosos al currículum de Manzanas y aseguraron que durante la Segunda Guerra Mundial había colaborado con la Gestapo en “operaciones de caza” a republicanos españoles en el sur de Francia.
De súbito, estas aseveraciones sobre su vinculación con la policía política alemana pasaron al imaginario colectivo, al punto de que diferentes autores las han ido reproduciendo acríticamente sin aportar una sola prueba, equiparándolo incluso a Pedro Urraca Rendueles, apodado “el cazador de rojos”.
Veamos, pues, qué hay detrás de todo ello.
El informador Manzanas
Uno de sus primeros destinos como policía fue la comisaría de Irún, un lugar estratégico durante la guerra mundial. Allí, desde 1939, siendo agente de bajo rango (tercera clase) se dedicó a labores de información en la frontera, controlando la aduana y persiguiendo el contrabando.
En la década de 1940, el agente Juan García Herrero (alias T-12), del Servicio de Inteligencia del Gobierno Republicano en el exilio (SIGR), señaló que colaboraba con la Segunda Bis (la inteligencia militar franquista), informando sobre movimientos de mercancías y personas, incluso facilitando entradas y salidas de individuos.
Entre contrabando y represión
Durante la década de 1940, Manzanas se dedicó, como decíamos, a impedir el estraperlo (de mercancías, propaganda, personas…) que introducían passeurs como Timoteo Plaza y Florentino Goikoetxea, colaboradores a su vez de distintas redes de evasión y organizaciones de información republicanas.
La Segunda Bis conoció estos movimientos, y por eso organizó grupos de colaboradores para tareas de vigilancia en distintos puntos de la frontera hispanofrancesa. Esos grupos estuvieron integrados en gabinetes de información de diferentes comisarías de la zona; entre ellas, Irún, donde precisamente Melitón Manzanas realizó redadas.
Una de ellas se produjo el 19 de abril de 1942, que condujo a la captura del contrabandista Manuel Iturrioz, colaborador de la Red Comète, la organización de evasión franco-belga que evacuó a combatientes aliados perseguidos por los nazis. Según las fuentes consultadas, el policía José Bazán y Manzanas lo interrogaron y torturaron durante tres días.
En julio de ese año ascendió a agente de segunda clase. A partir de entonces, se consolidó su perfil de policía que hacía uso de métodos execrables para obtener información. El SIGR así lo reflejó en un dosier de abril de 1946: Manzanas era “uno de los funcionarios que más se han destacado por su crueldad y persecuciones. Es hoy el hombre de confianza de Julio Ortega Tercero y el jefe visible del Segundo Bis”.
Ese perfil coincidió con las valoraciones que de él hizo el Servicio Vasco de Información (SVI), la organización de espionaje del Gobierno vasco en el exilio. Gracias a la desclasificación de documentos que, periódicamente, realiza el Departamento de Estado en los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA) se han obtenido informes que vinculan a Manzanas con la Gestapo y miembros del Tercer Reich.
Se trata de una serie de dosieres que realizó el SVI para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), la agencia de inteligencia estadounidense previa a la CIA, en el marco de Safehaven (1944-1948), la operación que pusieron en marcha los aliados para seguir los bienes y personas vinculadas con el Tercer Reich.
En uno de ellos se indica que Manzanas y los agentes Máximo Palenciano, José Bazán y Juan Marcos trabajaron “con especial fervor a favor de los alemanes, cumpliendo órdenes de la Gestapo” y prestaron “grandes servicios” durante la ocupación de Francia.
La información, aunque escueta, es sugerente, pues está vinculada a los mecanismos que utilizó la Alemania nazi para soslayar la guerra económica de la que, por otro lado, participaban –por conveniencia, sintonía ideológica u obligación– funcionarios, empresarios y, en general, buena parte del régimen franquista.
Hay más referencias. En otro de los documentos se profundiza en el papel de Manzanas, al que se señala como “hombre de confianza” del agente Heinrich Bauer. Este era el alias del colaboracionista belga Georges-Henri Delfanne, conocido popularmente como Masuy, dedicado al expolio de bienes robados a judíos en la Europa ocupada.
La prueba documental
Estas aportaciones documentales, que forman parte de un trabajo más amplio titulado Melitón Manzanas González. Trayectoria de un victimario del franquismo y víctima de ETA (1909-1968), permiten acercarnos al papel que pudo desempeñar Manzanas en la Segunda Guerra Mundial desde las fuentes de archivo. Según estas, participó en las acciones de la policía política alemana –aunque no sabemos exactamente cómo– y colaboró en redes de expolio de bienes y obras de arte de miembros del Tercer Reich, sin tampoco saber exactamente de qué modo participó de ella.
Por eso, que solo dispongamos de estas fuentes, y que además las pesquisas realizadas en los archivos alemanes no hayan dado resultados, impide afirmar con contundencia que el contenido vertido por la prensa del exilio nacionalista vasco radical, al que aludíamos al inicio, fuera completamente fiable.
Porque las evidencias se basan en datos obtenidos por el SVI, una red que pudo señalarle por múltiples motivos. Por el momento, con arreglo a las fuentes, solo podemos asegurar que el SVI fue la organización que, en primera instancia, señaló a Manzanas como colaborador de la Gestapo y que, asimismo, fueron miembros de esa red los que filtraron esa información a la prensa nacionalista vasca radical que, años más tarde, con su muerte, hizo hincapié en su papel de colaborador nazi.
David Mota Zurdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Investigadores de la UVa y el CSIC identifican una señal climática que permite anticipar el riesgo de brotes de topillosenCastilla y León
El catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid, Juan José Luque-Larena, participa en un estudio que ha identificado una señal climática capaz de anticipar con aproximadamente un año de antelación el crecimiento de las poblaciones de Microtus arvalis en las zonas agrícolas de Palencia, Valladolid y Zamora. Publicado en la revista científica Pest Management Science, abre la puerta al desarrollo de herramientas de alerta temprana que permitan mejorar el seguimiento y la gestión preventiva de las explosiones poblacionales de esta especie.
Fuente: Gabinete de Comunicación-UVa
Científicos de la Universidad de Valladolid (UVa) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han identificado una señal climática que permite anticipar el crecimiento de las poblaciones de topillo campesino (Microtus arvalis). En concreto, la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior está relacionada con el crecimiento posterior de las colonias de estos animales, lo que permite disponer de una señal de alerta con aproximadamente un año de antelación. El trabajo está liderado por el investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM-JCCM), François Mougeot, y el catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid, Juan José Luque-Larena, y se ha desarrollado en el marco del proyecto RATALERT, financiado por la Agencia Estatal de Investigación y ejecutado por la UVa. Sus resultados, publicados recientemente en la revista científica internacional Pest Management Science, abren la puerta al desarrollo de herramientas de alerta temprana para mejorar el seguimiento y la gestión preventiva de las poblaciones de esta especie.
En concreto, el estudio analiza 16 años de datos (2009-2025) procedentes del seguimiento de poblaciones de topillo campesino en seis localidades de Tierra de Campos, en Castilla y León. Con estos datos, los investigadores han comprobado que la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior está relacionada con el crecimiento posterior de las poblaciones. Esta señal, combinada con la fase del ciclo poblacional, permite explicar el 43,2 % de la variación observada en el crecimiento de las poblaciones y, especialmente, proporciona información con suficiente antelación para intensificar el seguimiento antes de la siguiente campaña agrícola.
“Lo importante es disponer de información con suficiente antelación para poder tomar decisiones”, ha señalado Luque-Larena, investigador principal de RATALERT. “El objetivo es avanzar desde una gestión fundamentalmente reactiva hacia una gestión preventiva, identificando con tiempo dónde debemos intensificar el seguimiento”. Por su parte, para François Mougeot, investigador principal junto a Luque del proyecto, “la combinación de información climática y dinámica poblacional puede proporcionar un sistema de alerta mucho más útil para la gestión que esperar a que las poblaciones hayan alcanzado ya niveles elevados”.
Los autores destacan que se trata de una señal temprana de riesgo, no de una predicción infalible de una explosión poblacional. Los resultados deberán validarse y perfeccionarse incorporando nuevos años de seguimiento y otros factores ambientales y agrícolas. Este trabajo refuerza la línea de investigación desarrollada desde la Universidad de Valladolid sobre la ecología y dinámica poblacional del topillo campesino en Castilla y León y pone de manifiesto el valor de las series de seguimiento a largo plazo para desarrollar herramientas predictivas. Además, mantiene una conexión directa con la transferencia al sector agrario a través de la colaboración del Catedrático de Zoología Luque-Larena con ITAGRA.CT, contribuyendo a acercar el conocimiento científico generado en la UVa a las necesidades de la agricultura.
El objetivo de RATALERT (PID2022-136850NB-I00) es avanzar hacia herramientas que permitan anticipar el riesgo, optimizar el seguimiento y facilitar la toma de decisiones preventivas, contribuyendo así a una gestión más eficaz y sostenible de las poblaciones de topillo campesino.
Referencia
Mougeot, F., Lambin, X., Arroyo, B. and Luque-Larena, J.-J. (2026), Early warning signals of common vole population growth in continental Mediterranean farmlands recurrently affected by outbreaks. Pest Manag Sci. https://doi.org/10.1002/ps.71244
Los reflejos son una manifestación física con muchas posibilidades de metáfora.Dusty frames/Shutterstock
¿Qué relación puede haber entre el espejo y Dios? La pregunta parece excesiva para un objeto tan cotidiano. Y, sin embargo, es un objeto que da que pensar.
Si ponemos un espejo frente a otro, la imagen que devuelven parece abrirse hacia el infinito. Si nos miramos a los ojos en el cristal, las pupilas revelan otro espejo diminuto en el que nos vemos viéndonos. Y si no nos reflejamos en uno, no somos capaces de vernos el rostro. Al final, hay ciertas… cosas que contienen un misterio que desborda su simple utilidad.
Por eso no es extraño encontrarlas en un texto espiritual. Uno de los libros más controvertidos de la mística medieval se titula El espejo de las almas simples y fue escrito por una mujer: Marguerite Porete.
¿Quién fue Marguerite Porete?
El 1 de junio de 1310, Porete, una mujer del condado de Hanao (actual Bélgica), ardió en la hoguera en la Place de Grève de París junto con su libro.
Su caso se sitúa en el horizonte de la renovación espiritual que venía gestándose en Occidente desde los siglos XI y XII. En ese contexto aparecen nuevas formas de vida religiosa, entre ellas las beguinas, mujeres que no profesaban los votos monásticos y que vivían solas o en pequeñas comunidades, entregadas a una vida austera de contemplación, cuidados y enseñanza espiritual. Esta forma de vida, de la que Porete participaba, despertó tanta admiración como sospecha.
De hecho, varias proposiciones de El espejo fueron utilizadas en el Concilio de Vienne, poco después de la ejecución de su autora, para condenar las agrupaciones beguinales y la Hermandad del libre espíritu. La acusación por herejía, en el marco inquisitorial, no se explica por una sola causa: confluyeron tensiones políticas, disputas teológicas y un clima de vigilancia doctrinal.
Sin embargo, también hubo lecturas favorables y, durante siglos, circulación manuscrita de su obra.
El espejo interior
La obra se organiza como diálogo alegórico entre Amor, Razón y el Alma. Describe un camino de siete estados hacia el país de la libertad, expresión con la que el texto nombra la condición del alma liberada.
El alma se traslada desde la Razón al Amor, donde la relación con la voluntad divina no se vive como ley exterior, temor o cálculo de méritos, sino como conformidad plena con ella. Porete no rechazaba a la Iglesia; más bien llevó hasta sus últimas consecuencias la interiorización de la experiencia espiritual. Decía que, cuando el alma ama, su relación con lo sagrado se vuelve directa, y que la vía de conocimiento es el amor. Las implicaciones prácticas que tenían estas afirmaciones fueron, probablemente, parte de la razón de su condena. Pero, como señalábamos, no las únicas.
Portada de la edición en español de El espejo de las almas simples, de Margarita Porete. Siruela
El libro está escrito en lengua materna. Como ha señalado Blanca Garí, traductora al español del manuscrito, el uso de las lenguas vernáculas –frente al latín escolástico– participa de la transformación de la escritura espiritual femenina. La experiencia religiosa busca ahí un registro más íntimo, en primera persona y con menos mediación clerical.
De hecho, el speculum o mirouer –literalmente ‘espejo’ en francés antiguo– era un género de escritura que ofrecía modelos de orientación moral y espiritual. El de Porete construye, además, un itinerario del alma hacia Dios.
En el prólogo, la autora recurre a un relato breve que recuerda al amor cortés, según el cual una doncella enamorada de un rey lejano manda hacer un retrato para aliviar la distancia. De modo semejante, el libro intenta imaginar cómo es el amor divino y dar testimonio de una presencia tan íntima como inalcanzable. De ahí el nombre de Lejoscerca con el que ella expresa esa paradoja, que encuentra ecos en los versos de la canción de Rosalía “La Yugular”:
“Tú que estás lejos
y a la vez más cerca
que mi propia vena yugular”.
No ser nadie para serlo todo
No es el único reflejo que podemos encontrar de la mística de Porete en el último álbum de la cantante catalana. La fórmula que pronuncia en el tema “Porcelana”, “Ego sum nihil, ego sum lux mundi” –inspirada en el Evangelio de Juan y que se traduce como “Yo no soy nada, yo soy la luz del mundo”–, hace resonar, desde una sensibilidad contemporánea, uno de los grandes conceptos de El espejo: el anonadamiento.
Con él se nombra una desposesión radical. Según Porete, el alma se vuelve transparente cuando “no se ve, ni ve a Dios”, porque “Dios se ve en ella”. Este giro implica dejar atrás el apego al nombre propio, el deseo de grandeza, la ilusión de controlar la propia voluntad e incluso la pretensión de poseer la verdad.
Marguerite Porete se sitúa, además, en la tradición apofática, la teología negativa. Según esta, Dios no puede ser contenido en un concepto, porque excede todo nombre, toda imagen, todo atributo. La vía hacia lo divino no consistiría en saber más sobre Dios, sino en despojar al alma de aquello que la retiene en sí misma. Se llama a vaciar el alma para que Dios pueda mirarse en ella.
Afortunadamente, su voz no se apagó en la hoguera. El espejo circuló durante siglos de forma anónima, fue leído por Marguerite de Navarre y llegó, en el siglo XX, hasta Simone Weil. Solo en 1946 la investigadora Romana Guarnieri identificó a su autora con el nombre de Marguerite Porete. ¿No es simbólico, también, ese anonimato?
En una época obsesionada con las imágenes, Porete propone otra forma de libertad: retirarse para que la luz pueda atravesarnos. Ante el espejo, ¿yo miro al reflejo o el reflejo me mira a mí? Tal vez ahí resida toda la fuerza incómoda de su pensamiento, en recordar que la imagen más verdadera no siempre nos devuelve un rostro. A veces nos enseña a desaparecer.
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Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.
La búsqueda de culpables ante el drama de catástrofes naturales y pandemias es probablemente tan antigua como la humanidad. Ya Nerón en la antigua Roma acusaba a los primeros cristianos de haber incendiado la ciudad.
La construcción de estigmas sociales no es ajena a los incendios forestales y varía con el paso del tiempo. Desde las teorías que buscan una explicación basada en tramas de recalificación urbanística, mafias madereras y de energías renovables y terrorismo incendiario, hasta la culpabilización de ciertas especies autóctonas como los pinos (especialmente si son repoblaciones), ocultan la compleja realidad asociada a los terribles incendios forestales que estamos viviendo en España.
En relación a la necesidad de gestión, es común, también este verano, el bulo de que “los montes se queman porque no nos dejan limpiar”. Sin aclarar a quién se le impide limpiar y quién no deja actuar.
Existe consenso social en que como estrategia básica de prevención de incendios es necesario gestionar la estructura y configuración de la vegetación de nuestros montes: la selvicultura de prevención. Pero el debate sobre quién debe realizar esta gestión arde en conversaciones, tertulias y redes sociales.
¿Qué dicen las leyes sobre la gestión de la vegetación?
La ley básica de referencia en España es la Ley de Montes de 2003 y sus respectivas trasposiciones a la normativas autonómicas. En ningún punto de la citada ley se prohíben las actuaciones propias de la selvicultura de prevención de incendios (desbroces, clareos, podas, mantenimiento de áreas cortafuegos, silvopastoralismo,…), tanto en terrenos públicos como particulares.
Por el contrario, la ley obliga a las comunidades autónomas a elaborar planes anuales y estrategias activas de prevención de incendios. Al igual que con la caza o la pesca, se establecen regulaciones ligadas a las épocas de actuación relacionadas con alertas metereológicas, periodos críticos para fauna protegida, etc.
En la mayoría de comunidades autónomas, las autorizaciones de tratamientos de prevención de incendios en montes particulares se reducen a simples declaraciones responsables o trámites electrónicos a través de las oficinas forestales y agrarias comarcales o ayuntamientos.
Para la redacción del presente artículo se ha consultado a las jefaturas de medio ambiente de varias provincias de Castilla y León afectadas gravemente por incendios en 2025 sobre el número de solicitudes de particulares de desbroce rechazadas en el último año. La respuesta fue categórica: cero.
Por tanto, desbrozar, podar y recoger leñas y piñas son actividades permitidas. Quizás el impedimento es otro: el coste de las actuaciones de prevención de incendios.
Cómo tratar la vegetación para prevenir incendios
Desde un punto de vista académico de ingeniería forestal, las mal llamadas actuaciones de “limpia” (desbroces, poda, clareos…) se encuadran dentro del ámbito de la selvicultura de prevención de incendios. Su objetivo es reducir la posibilidad de inicio del incendio y asegurar que, en caso de producirse, afecte a la menor extensión posible, con facilidad para la extinción y con mejor oportunidad de regeneración posterior.
Los tratamientos característicos de la selvicultura de prevención de incendios se tipifican mayoritariamente como no autofinanciados (no generan beneficios para pagar la intervención). Buscan reducir la continuidad de combustible en zonas estratégicas de gestión y cuestan dinero, ¡mucho!, sobre todo si se consideran las extensísimas dimensiones de monte de las que estamos hablando y su situación actual.
Ejemplo de tratamientos de prevención de incendios en un robledal cantábrico. Se trata de un área cortafuegos de 70 metros paralelo a una carretera (lado izquierdo con tratamiento, lado derecho pendiente de tratamiento). Se ha aclarado comercialmente el robledal (aprovechamiento) y desbrozado el sotobosque interrumpiendo de esta forma la continuidad de combustible . El mantenimiento funcional de estas áreas requiere controlar la invasión de matorral mediante costosos desbroces repetidos cada 3/5 años. La inclusión de las áreas cortafuegos en los planes de gestión silvopastoral, fomentando en ellas el pastoreo, ayuda a controlar la recolonización del matorral, optimiza los costes y contribuye al desarrollo rural. José Arturo Reque Kilchenmann
Desde un punto de vista únicamente de incendios forestales, el ideal sería que todo el monte presentara una estructura sin continuidad de combustible: árboles bien aclarados y podados, sin matorral, sin hierbas secas. En definitiva, un monte “ajardinado”. Pero ambientalmente esto es totalmente rechazable (en el monte hay mucho más que modelos de combustible). Y desde un punto de vista económico es inviable pensar que hay recursos para “ajardinar” todos los montes.
El verdadero drama de los incendios forestales no ha hecho más que comenzar. Por eso es imperioso definir una cuidadosa y planificada estrategia de dónde y cómo plantear los tratamientos selvícolas de prevención de incendios.
Se repite el mantra de que es infinitamente más barato invertir en prevención que en extinción, pero no podemos olvidar que la selvicultura de prevención de incendios es mayoritariamente muy costosa. La extensión de los montes en España, su ubicación, su actual estructura y usos y las previsiones climáticas nos fuerzan a aceptar muy fuertes inversiones públicas, planificadas técnicamente a medio y largo plazo con consenso, fuera de la confrontación política y del bulo.
Es también necesario asumir que el propietario particular de montes no tiene los medios para abordar la selvicultura de prevención. Por eso, la sociedad, en su conjunto, deberá contribuir en la financiación y apoyo de estos tratamientos.
José A. Reque Kilchenmann no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Una investigadora de la UVa participa en el descubrimiento de la primera molécula de azúcar detectada en el espacio interestelar que arroja nueva luz sobre el origen de la vida
La profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid, Elena R. Alonso, integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM), participa como coautora en una investigación liderada por el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) que ha detectado por primera vez azúcar en una región interestelar cercana al centro de la Vía Láctea. El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación en astrobiología y refuerza la búsqueda de otras moléculas que pudieron desempeñar un papel clave en el origen de la vida.
Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios. Ashley Barnes / Izaskun Jiménez-Serra / Juan García de la Concepción
Los resultados de este estudio, recogidos en la revista Nature Astronomy, respaldan la hipótesis de que los azúcares pudieron alcanzar la Tierra primitiva hace aproximadamente 4.000 millones de años transportados desde el espacio. Una vez en nuestro planeta, estos compuestos podrían haber contribuido a la formación de los primeros ácidos nucleicos, desempeñando un papel relevante en el origen de las primeras formas de vida. El hallazgo corresponde a la primera detección de una molécula de azúcar en el medio interestelar, la región del espacio situada entre las estrellas de una galaxia. En concreto, se trata de la eritrulosa, un azúcar que está presente de forma natural en frambuesas y otros frutos rojos y que también se utiliza como ingrediente en algunos autobronceadores.
El descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional liderado por la investigadora Izaskun Jiménez-Serra del Centro de Astrobiología (CAB), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en el que participa Elena R. Alonso, profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid e integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM). En el marco de esta investigación, Alonso ha contribuido en la caracterización espectroscópica de la eritrulosa, un paso imprescindible para identificar este compuesto en las observaciones astronómicas.
“Para poder identificar una molécula en el espacio es imprescindible conocer previamente su espectro rotacional, una especie de huella dactilar de la molécula que se obtiene en el laboratorio. Mi aportación ha consistido en caracterizar la eritrulosa y obtener esa huella espectroscópica, imprescindible para poder identificar posteriormente la molécula en las observaciones astronómicas”, ha detallado la investigadora.
La detección de eritrulosa en la nube molecular G+0.693-0.027, situada en las proximidades del centro de la Vía Láctea, constituye un hallazgo de especial relevancia, ya que demuestra que los azúcares pueden formarse de manera natural en el espacio interestelar. El estudio aporta evidencias, además, que la eritrulosa puede originarse en los hielos interestelares a partir de alcoholes y aldehídos, compuestos orgánicos sencillos con solo dos átomos de carbono.
Los azúcares son biomoléculas esenciales para la vida, ya que constituyen parte de la estructura del ADN y el ARN y participan en procesos metabólicos indispensables. Su presencia debió de ser determinante en las primeras etapas de la evolución de la vida en la Tierra y, posiblemente, también en otros mundos. Sin embargo, el origen de estos compuestos sigue siendo una de las grandes incógnitas de la química prebiótica.
Así, a partir de la cantidad de eritrulosa detectada en dicha nube molecular, los investigadores estiman que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron llegar a la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío, un periodo comprendido entre hace 4.100 y 3.800 millones de años, caracterizado por el intenso impacto de meteoritos y cometas sobre la Tierra. Esta estimación refuerza la hipótesis de que los azúcares formados en el espacio interestelar pudieron enriquecer el inventario de azúcares disponible en la Tierra primitiva y contribuir a los primeros procesos metabólicos y de replicación relacionados con el origen de la vida.
El hallazgo abre nuevas perspectivas para la astrobiología al plantear la posibilidad de detectar en el medio interestelar azúcares más complejos, como la ribosa (componente esencial del ARN), así como otras moléculas prebióticas que podrían haber desempeñado un papel clave en el origen de la vida.
Referencia
Jiménez-Serra, I., García de la Concepción, J., Cuppen, H.M. et al. Detection of a four-carbon sugar in interstellar space. Nat Astron (2026). https://doi.org/10.1038/s41550-026-02905-7
Más de 40 veces: ese es el aumento de la demanda global de litio anual que prevé la Agencia Internacional de la Energía entre 2020 y 2040 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento del planeta. Es una de las dificultades claves de la transición energética: las tecnologías de bajas emisiones requieren muchos más materiales (tanto a nivel de diversidad como de cantidades) que los sistemas energéticos a base de combustibles fósiles.
Algunos ejemplos incluyen níquel y cromo para el acero inoxidable de los aerogeneradores; cobalto, litio y níquel para las baterías de los vehículos eléctricos y el cobre para reforzar la red eléctrica y conectar plantas de generación renovables. Por lo tanto, la descarbonización de la economía supondrá en cierta medida un aumento de la demanda de algunos materiales críticos, pero también de materiales de construcción como arena y grava.
La Comisión Europea adoptó en 2023 la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales, que plantea diversificar proveedores de materias primas, incrementar la demanda de materiales cubierta por reciclado y aumentar la extracción y transformación de materiales en suelo europeo. Tal incremento de la demanda y extracción de materiales tendrá impactos ambientales y sociales en las zonas de extracción, hoy en día mayoritariamente deslocalizadas.
Si nos centramos en España, ¿se puede realizar una transición energética compatible con los objetivos climáticos y a su vez reducir la demanda de materiales? Esa es la pregunta que investigamos en un reciente estudio publicado en Progress in Energy.
El caso de España
España es un país relativamente avanzado en el despliegue de tecnologías de bajas emisiones en el sector eléctrico, con un 55 % de la generación eléctrica cubierta por fuentes de energía renovable en 2025. Sin embargo, el consumo de combustibles fósiles en otros sectores (por ejemplo, gas en los sectores residencial e industrial, diésel y gasolina en el transporte y en la industria) aún sigue siendo muy elevado.
Sin embargo, creciente evidencia científica indica que el crecimiento económico constante, especialmente en países de alta renta per cápita, podría ser precisamente parte del problema. En otras palabras, además de cómo, el qué, el cuánto y el para qué se produce y consume son parte central del problema.
En nuestra investigación, cuantificamos y analizamos, mediante un modelo de simulación, los requerimientos materiales de la EDLP así como de un escenario alternativo de “suficiencia” en el que se aplican políticas de gestión de la demanda. En este último supuesto, la demanda de bienes y servicios se reduce, aunque manteniendo un nivel de consumo compatible con altos niveles de bienestar.
La necesidad de una política industrial a largo plazo
Mejorar las tasas de reciclado será clave para reducir la extracción de materiales. En particular, las tecnologías de bajas emisiones (como baterías, aerogeneradores o paneles solares) en final de su vida útil generarán un yacimiento de materiales creciente. Por ejemplo, en el caso del níquel, el reciclado de tecnologías de bajas emisiones podría satisfacer hasta un 60 % de la demanda en 2050 (con tasas de reciclado ideales).
Sin embargo, desplegar capacidades de reciclado para tecnologías tan complejas no es trivial. Requerirá una política industrial a largo plazo que apoye el desarrollo de la reutilización y el reciclado, y que fomente normas de ecodiseño y estandarización que faciliten estos procesos.
La importancia de apostar por estrategias de suficiencia
La gráfica que sigue a este párrafo muestra un aumento muy significativo de los requerimientos de materiales en la EDLP hasta 2050 (la línea discontinua muestra los requerimientos en 2025), sobre todo para aquellos materiales cuya demanda domina el despliegue de tecnologías de bajas emisiones.
Entre 2025 y 2050, la demanda de cobalto se multiplicaría por 14, la de grafito por 11, la de litio por 6 y la de níquel por 2. Para otros materiales, como el aluminio o el cobre, la demanda aumenta, aunque las tecnologías de bajas emisiones representen una parte minoritaria de la demanda total.
El escenario de suficiencia reduce significativamente la demanda de materiales comparado con la EDLP. Esa tendencia se explica por una menor demanda de materiales y energía para la producción de bienes y servicios, y por lo tanto un menor despliegue de tecnologías de bajas emisiones.
La siguiente gráfica muestra la evolución de la huella de materiales, que representa el volumen total de materiales extraídos del medio ambiente, y es un indicador del impacto de la extracción de recursos naturales. En el escenario de suficiencia, se logra reducir en un 55 % la huella de materiales de la economía española respecto a 2025, mientras que aumenta en un 51 % en la EDLP.
Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.). Los autores | Adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY-SA
Así pues, nuestro trabajo sugiere que reducir el consumo de bienes y servicios menos esenciales permitiría conciliar un despliegue de tecnologías de bajas emisiones consistente con los objetivos climáticos y reducir la huella de materiales de la economía española, manteniendo a la vez altos niveles de bienestar.
Emmanuel Aramendia ha recibido financiación de la fundación Leverhulme Trust (RPG-2024-357), y del Research and Innovation Programme de la Unión European a través del proyecto LOCOMOTION (Grant Agreement No. 691287).
Iñigo Capellán-Pérez ha recibido financiación de una ayuda Juan de la Cierva-Incorporación del Ministerio de Economía y Competitividad de España (n.º IJC2020046215-I).
Jaime Nieto Vega ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R).
Óscar Carpintero ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R)
Alumnos del Grado de Periodismo de la Universidad de Valladolid durante una visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, en abril de 2026.Maria Rosa Masegosa (proyecto Memoria en Construcción para futuros Periodistas).
Los periodistas informan a menudo sobre hechos que no han vivido. Cubren guerras que empezaron antes de que nacieran, juicios sobre crímenes cometidos décadas atrás, conflictos políticos heredados, dictaduras, transiciones, atentados o crisis sociales cuyas consecuencias siguen presentes.
Esa distancia no es un problema en sí misma. De hecho, forma parte del oficio periodístico. Informar sobre un hecho no vivido obliga a investigar, consultar documentos, reconstruir contextos, entrevistar a testigos, escuchar a las víctimas, contrastar versiones y distinguir entre datos, opiniones e interpretaciones. En tiempos de titulares rápidos, redes sociales y debates polarizados, esta tarea resulta todavía más necesaria.
Mirar hacia atrás para informar del presente
La formación periodística, por tanto, no puede limitarse a enseñar a producir contenidos o reproducir declaraciones y datos. También debe enseñar a mirar hacia atrás. A entender que muchas noticias no empiezan el día en que se publican, sino años o décadas antes. Y a comprender que algunos acontecimientos del pasado reciente siguen condicionando el presente.
Uno de esos casos es el terrorismo de ETA. Los estudiantes que hoy llegan a la universidad no vivieron sus años más duros. Para muchos de ellos, aquel tiempo no está asociado al miedo cotidiano, a los escoltas, a los funerales, a las amenazas o a los silencios. Les llega a través de noticias sobre excarcelaciones, debates políticos, series, redes sociales, conversaciones familiares o referencias escolares a menudo fragmentarias.
ETA y la memoria compartida
Pero ETA no es un tema histórico cualquiera. Es parte de la historia reciente de España. Tiene víctimas directas, consecuencias políticas, presencia en el debate público y una memoria todavía en disputa. Por eso, cuando un futuro periodista informa sobre una decisión judicial o penitenciaria, sobre un homenaje, sobre una víctima o sobre un antiguo miembro de ETA, no puede hacerlo solo desde la actualidad inmediata. Necesita contexto.
La pregunta, entonces, no es solo cuánto saben los jóvenes sobre ETA. La pregunta es más amplia: ¿cómo se forma a los periodistas para contar acontecimientos que no vivieron, pero que siguen afectando a la sociedad en la que informan?
El problema, por tanto, no consiste solo en que los jóvenes “sepan poco o mucho” sobre ETA. El verdadero riesgo es que conozcan los hechos de forma desordenada, parcial o sin contexto. En un mundo de noticias rápidas, redes sociales y debates polarizados, una información sobre un antiguo terrorista puede llegar antes que la historia de sus víctimas. Y una decisión judicial o penitenciaria puede entenderse mal si no se conoce el daño humano, político y social que la precede.
La idea de fondo es sencilla. Para informar sobre terrorismo no basta con tener una opinión ni recordar algunos nombres o fechas. Hay que saber documentarse, contextualizar, verificar, distinguir conceptos y comprender el lugar que ocupan las víctimas en el relato público.
¿Qué saben de ETA las nuevas generaciones?
Como punto de partida, la iniciativa partió de un cuestionario diagnóstico entre 65 estudiantes de primer curso de Periodismo de la Universidad de Valladolid. La muestra no permite extraer conclusiones generales sobre la juventud universitaria española, pero sí ofrece pistas valiosas. Los resultados, en línea con otros estudios recientes más amplios, muestran una falta de formación previa. El 49,2 % afirmó saber poco sobre ETA y el 7,7 % dijo no saber nada. Solo el 12,3 % alcanzó el nivel máximo en una prueba sencilla de conocimientos básicos.
El dato más llamativo, sin embargo, no es el desconocimiento, sino el interés. El 90,8 % consideró importante conocer qué ocurrió con ETA y el mismo porcentaje valoró ese conocimiento como relevante para su futura labor periodística.
El cuestionario también muestra que la universidad tiene margen para intervenir. La escuela o el instituto y la familia aparecen como las principales fuentes de conocimiento sobre ETA, ambas con un 55,4 %. Les siguen los medios de comunicación, con un 50,8 %. La universidad, en cambio, queda en un segundo plano, con un 23,1 %. Además, algunas respuestas revelan confusiones entre terrorismo, nacionalismo democrático, entorno abertzale y debates políticos actuales. Esa confusión es especialmente relevante para futuros periodistas porque afecta al rigor, a la verificación y a la forma en que se cuentan las noticias.
Metodologías activas
A partir de ese diagnóstico, nuestro proyecto apuesta por aprender haciendo. Conectamos varias asignaturas del Grado de Periodismo, desde comunicación organizacional, ciberperiodismo y documentación informativa hasta televisión informativa. La iniciativa incorpora también actividades fuera del aula, como la visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria-Gasteiz, la asistencia a las III Jornadas Autonómicas sobre Terrorismo en Castilla y León y la cobertura de actividades relacionadas con terrorismo, víctimas y memoria presentes en la agenda informativa.
Así, el aprendizaje no queda encerrado en una clase ni en una evaluación académica, sino que se convierte en una experiencia de formación profesional y ciudadana.
Además de llevar la memoria del terrorismo al centro de la formación periodística, el objetivo del proyecto es recordar que el periodismo se enfrenta constantemente a hechos no vividos en primera persona, pero que se deben contar con justicia y fundamento. No tener memoria propia obliga, precisamente, a investigar mejor.
Por eso, formar periodistas hoy no consiste solo en enseñarles a escribir una noticia, grabar un pódcast o manejar una red social. Consiste también en enseñarles a detenerse, preguntar, comprobar, escuchar y contextualizar.
En una época en la que la actualidad se consume deprisa, el periodismo necesita profesionales capaces de explicar de dónde vienen los hechos. Porque algunas noticias no empiezan cuando llegan a una pantalla. Empiezan mucho antes, en historias que otros vivieron y que alguien tiene la responsabilidad de contar bien.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
En ninguna maleta debería faltar un libro, en las infantiles y adolescentes tampoco. Aquí algunas recomendaciones de ocho expertos, para todas las edades y gustos, para llevarse de viaje o evadirse del calor.
Ofrece recursos simbólicos para nombrar y comprender una emoción que, a los 5, 6 años, resulta especialmente difícil de gestionar: la ira. El libro recurre a la metáfora del volcán que entra en erupción para representar de forma visual y muy intuitiva lo que sucede en el cuerpo y en la mente cuando el enfado crece sin control, lo que permite a los niños identificar esa sensación interna –el calor, la presión, el deseo de explotar– con una imagen concreta y fácil de recordar. Contar con metáforas claras ayuda a poner nombre a los sentimientos y, con ello, a la regulación emocional. Entendemos que sentir rabia o enfado es normal y legítimo, pero que existen formas de gestionar esa energía sin que termine dañando la relación con los demás.
Andy Griffiths y Terry Denton. Traducción de Rita da Costa García. Penguin Radom House
Ideal como puente entre la lectura autónoma y la lectura compartida en familia. Se trata del primer volumen de una serie de trece títulos, estructurada en capítulos breves que se corresponden con cada uno de los pisos de la casa-árbol protagonista. Esta arquitectura narrativa, sencilla pero ingeniosa, permite que el lector vaya avanzando “piso a piso”, lo que ofrece pequeñas metas de lectura muy adecuadas para niños que empiezan a ganar confianza con los textos extensos.
Aunque algunas guías de lectura sitúan la edad recomendada a partir de los 10 años, la experiencia indica que puede introducirse ya a los 7 u 8 años si se acompaña desde el entorno familiar, lo que convierte al libro en una herramienta idónea para la lectura compartida entre adultos y niños.
Estimula de forma muy directa la curiosidad, la imaginación y la creatividad. Situaciones disparatadas y humorísticas invitan al niño a interpretar, anticipar y dar sentido a lo que ocurre, favoreciendo así la comprensión lectora. Los propios autores son personajes dentro de la historia lo que genera un efecto de cercanía y complicidad.
Aunque su extensión y su densidad textual puedan suponer un reto mayor que el de otros álbumes ilustrados más breves, precisamente ese desafío es parte de su valor pedagógico: enseña a los niños a sostener la atención durante relatos más largos, a tolerar cierta incertidumbre narrativa y a disfrutar del proceso de “subir” de capítulo en capítulo, ganando autonomía lectora progresivamente. Leer juntos estas páginas permite conversar sobre el humor, las situaciones absurdas y los pequeños conflictos que surgen entre los personajes, convirtiendo la lectura en un espacio de vínculo afectivo además de un ejercicio de desarrollo lingüístico y cognitivo.
Un conjunto de relatos que ayudan a partir de los 7 años a construir una imagen sana y segura de sí mismos en una etapa en la que empiezan a compararse con los demás y a ser más sensibles a la mirada externa. El libro aborda de manera directa y accesible los temas de la autoestima y la identidad, cuestiones que a esta edad cobran especial relevancia porque coinciden con el momento en que los niños comienzan a definirse fuera del núcleo familiar, en la escuela y en el grupo de iguales, y en el que las primeras inseguridades sobre el propio cuerpo, las capacidades o la forma de ser pueden empezar a aparecer.
A los 7-9 años, los niños están desarrollando su capacidad de pensamiento crítico y de autorreflexión, por lo que una historia que pone el foco en “ir con uno mismo” –es decir, en sostenerse desde la propia identidad y no desde la validación externa– les proporciona un marco de referencia valioso para enfrentar situaciones cotidianas como la presión de grupo, la comparación o el miedo al rechazo.
Julia Donaldson. Ilustrador/a Axel Scheffler. Traductor Roberto Vivero Rodríguez. Bruño
Pensados para el pequeño lector acompañado desde los 3 o 4 años y para la lectura autónoma a partir de los 6 o 7, los libros del tándem Julia Donaldson y Axel Scheffler, autores del afamado libro El Gruffalo, son indispensables en cualquier lista de obras de literatura infantil. En el caso de El Hombre Palo, nos encontramos con un personaje (un pequeño palo humanizado) que se pierde en el bosque e inicia un viaje en el que animales, niños y adultos lo encuentran y lo utilizan en sus juegos o quehaceres diarios, mientras que él defiende una y otra vez que él es el Hombre Palo y solo desea volver a su hogar.
Mediante la identificación con el pequeño hombre palo, los más pequeños aprenden modelos de actuación y contexto que les permiten entender temas tan complejos como el miedo a la separación y la soledad, la construcción de una identidad propia, el abuso de autoridad y, sobre todo, la familia como el lugar en el que se puede ser uno mismo.
Como puede apreciarse, la obra, al igual que la mayoría de las realizadas por esta pareja de escritora e ilustrador, desafía el prejuicio de que la literatura infantil no aborda temáticas complejas. Por otro lado, la riqueza visual del libro y la muy pensada relación complementaria entre imagen y palabra al construir la historia refuerzan los procesos de inmersión lectora y de construcción del mundo ficcional del texto, lo que estimula el aprendizaje y los procesos cognitivos en este nivel inicial.
Recomendado por Sara Molpeceres Arnaiz, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada
“Todo el mundo sabe que, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, tras un sueño de cien años, se casó con ella en la capilla del castillo y, llevando consigo a la mayor parte de sus sirvientes, la condujo, montada a la grupa de su caballo, hacia su reino. Pero, ignoro por qué razón, casi nadie sabe lo que sucedió después. Pues bien, éste es el verdadero final de aquella historia”.
Así comienza El verdadero final de La Bella Durmiente, obra en la que Ana María Matute, escritora de cuya muerte el pasado 25 de junio se cumplieron doce años, narra qué sucedió con el personaje de la Bella Durmiente, y con su príncipe salvador, después de su matrimonio. No es, sin embargo, una continuación ficticia, sino una recreación de una segunda parte verdaderamente existente de la historia, que se encuentra en las versiones de Giambattista Basile y Charles Perrault, pero que los hermanos Grimm, así como luego Disney en su versión cinematográfica de 1959, eliminaron, condenándola en cierto modo al olvido.
Es una obra valiosísima para lectores jóvenes, no solo por su evidente calidad literaria, sino también porque desplaza la atención hacia lo que suele quedar oculto, aquella otra historia que acontece después del supuesto final feliz. Esta decisión hace que el texto siga siendo hoy actual, porque conecta con una idea muy contemporánea, y es que detrás de las apariencias hay contradicciones, “zonas oscuras” que también forman parte de crecer.
Matute muestra que releer no es repetir, sino mirar de nuevo y, por ello, este cuento sigue siendo una muy buena puerta de entrada a la literatura, para disfrutarla y también para reflexionar y aprender con ella.
Recomendado por Claudio Moyano, Didáctica de la Lengua y la Literatura
Astrid Lindgren. Ilustraciones de Katsuya Kondo. Traducción de Ulla Ljungström y Esther Rubio. Editorial Kókinos
Astrid Lindgren fue una escritora valiente y extremadamente respetuosa con la infancia, se tomaba muy en serio a los niños y niñas que leerían sus obras y les hablaba con honestidad y sin ñoñerías injustificadas ni moralinas. Uno de sus personajes más conocidos, Pippi Långstrump, ha hecho las delicias de varias generaciones, ya sea en formato libro o en formato audiovisual.
Toda la obra de Lindgren es un disfrute asegurado. Pero en este caso, por ampliar la mirada más allá de Pippi, recomiendo dos obras recientemente reeditadas por Kókinos: Ronia. La hija del bandolero y Los hermanos Corazón de León. Ambas están protagonizadas por niños que tienen vidas muy fuera de lo común, llenas de aventuras y fantasía, en las que deben afrontar dificultades y peligros que no son ya tan comunes entre las páginas que ofrecemos al público infantil. En estas obras hay espacio para el miedo y el desengaño, pero también para el amor, la ternura y el cuidado.
Astrid Lindgren. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Traducción de Kókinos. Editorial Kókinos
Ronia ofrece una ventana a una naturaleza cargada de magia, al despertar adolescente con todos sus miedos y dudas, al descubrimiento autónomo de los propios límites y la propia identidad. Los hermanos Corazón de León nos brindan una bellísima representación del amor fraternal, del cuidado entre amigos y vecinos, de la fuerza que tiene la comunidad en tiempos oscuros y de los límites que somos capaces de superar cuando nuestras inseguridades no nos dejan inmóviles.
El mundo de Astrid Lindgren es un excelente destino para estos días de verano si el lector busca aventura, emoción y disfrute, aderezados con un toque de optimismo.
Roald Dahl. Traducción de Pedro Barbadillo Gómez. Ilustraciones de Quentin Blake. Alfaguara
Matilda, de Roald Dahl, cumplirá pronto 40 años. Pero está aún lejos de quedar marginada en el rincón de los “clásicos”. No acabará como lectura que se aprende de memoria sin abrir sus páginas; no se lo merece. Matilda es mucho más que un libro “de paso” por la infancia, o un recuerdo nostálgico de la generación milenial. Ahí continúa, leyéndose en colegios e institutos de todo el mundo. Muchos la recomendarán, y con razón, por su corazón “metaliterario”: un libro que trata sobre libros, sobre los clásicos que definen nuestra cultura, y una defensa firme de la lectura como súperpoder.
Pero, como toda buena literatura que no se queda en su argumento, Matilda guarda mucho más. Conecta a adultos, adolescentes y niños en torno a una pequeña cría que nos demuestra que la literatura consiste, sobre todo, en la aventura de vivir. Matilda lee (mucho), y luego piensa, y razona, y opina. Construye su experiencia de la realidad, y por tanto su identidad, sobre lo que los libros le enseñan. Y esa es una fuente infinita de relecturas. Más allá de sus trepidantes y sorprendentes aventuras contra adultos tiranos, nos enseña que la literatura no es comprender un texto, sino imaginar qué hacer con él. Y en sus páginas, abiertas a todo el mundo, seguiremos leyendo, pensando, opinando y descubriendo, con Matilda, que los libros pueden transformar nuestra realidad.
Si fuese adolescente y nunca hubiera leído poesía desearía que los primeros versos que llegasen a mí fueran los de Paula: sencillos, perspicaces, comestibles. En una pulsión por subvertir el canon curricular y sus constricciones, el presente parece un buen punto de partida. No obstante, el presente no nace del vacío, sino que emana de una tradición a la que debería ser accesible aproximarse. En este caso, la autora lo consigue regalándonos destellos de ideas de místicas como Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús, o conceptos tan valiosos como los claros del bosque de María Zambrano. Quizá sea esta una manera más amable de ofrecer a las personas jóvenes el trabajo de pensadoras como ellas, con las que tenemos una deuda cultural inmensa.
A través de la historia de la juglarilla, en una especie de poemario de formación, se despliegan ante nuestros ojos las potencias de lo natural: el río, las bellotas, las piedras o los animales que habitan el paisaje.
La voz poética cristaliza una ternura fractal, interdependiente hacia todos ellos. Aprende la soledad sin su cervatillo, señala la importancia de nombrar las cosas, experimenta las alegrías de la amistad, se pregunta por la escritura y por el impacto que tiene aquello que creamos. Reflexiona con franqueza y miedo sobre las expectativas, la vergüenza, la frustración y la autoexigencia. Aun así, más allá del desasosiego, un puñado de palabras luminosas, un consuelo, casi un antídoto. El alivio de los amores que nos permiten descansar de nosotras mismas: “Me senté con mis criaturas silenciosas en el patio de la casa. Las únicas que nunca me pidieron nada. Ninguna canción, ningún parlamento brillante … Ellas nunca me exigieron ningún deslumbramiento. Me permitían estar callada. Callada y quieta en el patio de la casa”.
El Premio Gran Angular 2026 es una historia dura y oscura. Se centra en un tema que preocupa a los adolescentes o que forma parte de algunas de sus conversaciones: el dinero fácil, la necesidad de copiar las “vidas” de las redes sociales, la falsa confianza del yo puedo con eso…
La forma de narrarlo, la manera de dar protagonismo a cada una de las voces o de diferenciar los puntos de vista de personajes tan diferentes, nos lleva a subrayar diferentes frases que muestran maneras de ver el mundo.
Es un libro para leer conjuntamente, en familia o en un club de lectura de la biblioteca escolar o pública. Porque es un libro valiente y sin complejos que merece unas hora de nuestro tiempo y de nuestras conversaciones.
La saga La guerra de las brujas está formada por tres libros: El clan de la Loba, El desierto de hielo y La Maldición de Odi, a los que en 2023 se sumó la precuela La loba gris. La historia de Deméter.
Carranza ha construido un mundo mágico más allá de la ficción que crea la industria del entretenimiento. Un universo de calidad que, a lo largo de cuatro libros, narra la historia de mujeres con poderes, ligadas a la cultura mediterránea y atlántica. Un mundo propio que ha llegado a más de 30 lenguas y ha merecido diferentes premios.
La loba gris cuenta los inicios de los clanes de las brujas Omar, que han vivido ocultas de las brujas Odish, y se centra en la historia de Deméter, la abuela de Anaíd. El siguiente libro de la saga, El clan de la Loba, ya se centra en la elegida, Anaíd, que ha pasado su infancia resguardada en un pueblo del Pirineo, ignorando los secretos de las mujeres de su familia pero que deberá asumir su destino para salvar a su clan.
Más allá de los mundos mágicos de las sagas más globales, La Guerra de las brujas construye un mundo fantástico desde nuestras raíces, actualizando la figura de las brujas, rompiendo moldes y ofreciendo una aventura que demuestra como desde lo local se llega a todos los públicos.
Recomendados por Gemma Lluch, catedrática de Literatura Catalana
Esta novela gráfica nos transporta al mundo rural de la España del último siglo, desde los años treinta hasta una actualidad marcada por la despoblación y el abandono progresivo de muchos pueblos. A través de la vida de Emilio, el libro recorre una forma de habitar la tierra que ha ido cambiando con el tiempo, entre la dureza del campo, la memoria familiar, la emigración hacia la ciudad y la desaparición lenta de una comunidad.
Emilio, el último habitante de un pequeño pueblo turolense, vive casi al margen de todo. A su alrededor, las casas empiezan a desaparecer y solo él parece advertirlo. Esa premisa, cercana por momentos a lo fantástico, permite vislumbrar el concepto de la España vaciada sin necesidad de convertir la historia en un documental. Al final, llega a transmitir una sensación de pérdida ligada a los lugares, a las rutinas y a la relación con el mundo.
Su formato de cómic permite que esa desaparición del lugar en el tiempo pueda vivenciarse no solamente en el texto, sino principalmente en la imagen. Los espacios vacíos, los interiores de las casas, los caminos y los silencios tienen tanto peso como lo que se dice. Barbecho abre una conversación sobre qué significa marcharse, qué significa quedarse y qué ocurre cuando un territorio deja de estar habitado, pero no del todo recordado.
Publicado originalmente en 1983, fue durante años una obra menos accesible dentro de la trayectoria del creador de Studio Ghibli. Es un relato ilustrado que puede leerse como una pieza muy especial dentro de su universo creativo. Quien haya disfrutado con El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o cualquiera de sus grandes relatos cinematográficos reconocerá aquí algunas de sus preocupaciones habituales, como la aventura, la naturaleza, la supervivencia y la relación entre el individuo y la comunidad.
Shuna es el joven heredero de una tierra pobre, donde la cosecha apenas permite sobrevivir. Cuando oye hablar de unas semillas doradas que podrían devolver la abundancia a su pueblo, emprende un viaje hacia un lugar del que nadie regresa. A partir de ahí, el libro despliega un mundo duro y hermoso, con pueblos sometidos, comercio de esclavos, criaturas extrañas y paisajes que parecen venir de una mitología propia. Con Miyazaki, lo importante no es solo llegar al final del viaje sino todo lo que ocurre durante el camino, porque ahí se ponen a prueba el miedo, el cuidado, la responsabilidad y la manera de mirar el mundo.
Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella. Ilustraciones de Andrea Antinori. Wonder Ponder
La muerte sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, especialmente cuando hablamos de edades tempranas y de jóvenes. Se evita, se intenta delegar en otras personas o se suaviza tanto que a veces acaba siendo más difícil preguntar por ella. ¿Así es la muerte? parte de 38 preguntas reales formuladas por niños y niñas de entre 5 y 15 años. Su estructura, cercana a una conversación abierta, permite encontrar cuestiones como “¿Yo me moriré?”, “¿Adónde vamos cuando morimos?”, “Si se muere alguien a quien quieres, ¿cuánto tiempo estás triste?” o “¿Por qué se dice descanse en paz, y no descanse divertido?”.
Gracias a estas cuestiones, el libro permite acercarse a la muerte desde la curiosidad, la lógica cotidiana, el humor y la observación de lo que ocurre alrededor. En sus páginas aparecen asuntos muy concretos, como el cuerpo, el pensamiento, las creencias, el duelo, el recuerdo o el cuidado de quienes se quedan. También aparece la muerte como finitud, como conciencia de que la vida tiene un límite y de que los vínculos, los recuerdos y el tiempo compartido importan precisamente por eso. Las ilustraciones de Andrea Antinori no rebajan el tema, pero sí lo vuelven más accesible y permiten tratarlo con respeto, distancia y naturalidad.
Recomendados por Kevin Baldrich, Didáctica de la Lengua y la Literatura
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
As libélulas têm asas com uma complexa rede de veias que lhe confere um voo poderoso: as libélulas atuais — muito menores que as da pré-história — conservam quase intacto um desenho morfológico e comportamental que transformou suas ancestrais em máquinas de caça perfeitas.Patricia Casanueva Gómez.
Sobre os imensos pântanos do Carbonífero, há mais de 300 milhões de anos, libélulas gigantescas, do tamanho de uma gaivota, patrulhavam os céus primitivos. Algumas chegavam a ter mais de setenta centímetros de envergadura. Eram os primeiros odonatos — a ordem que hoje agrupa as libélulas —, os grandes predadores voadores de um planeta exuberante, mas ainda estranho, anteriores às flores e aos pássaros. O mais surpreendente é que aquelas criaturas não desapareceram completamente.
As libélulas atuais, muito menores, mais leves e discretas, continuam a conservar quase intacto um desenho morfológico e comportamental que transformou seus ancestrais em máquinas de caça perfeitas. Poucos animais vivos podem se orgulhar de uma história evolutiva tão antiga e bem-sucedida. Enquanto continentes inteiros mudavam de forma e inúmeras espécies surgiam e se extinguiam, elas continuaram sobrevoando rios e lagoas com uma eficácia quase inalterável.
Algumas delas foram capazes de sobreviver a erupções vulcânicas, glaciações e meteoritos. Mas hoje sua existência está ameaçada por perigos que vêm de nós mesmos, os humanos.
Um predador quase perfeito
Observar uma libélula de perto é contemplar uma obra-prima da evolução. Seus enormes olhos ocupam grande parte da cabeça e proporcionam uma visão quase total de tudo o que acontece ao seu redor: há apenas um pequeno ponto cego atrás dela.
Cada olho é formado por milhares de minúsculas lentes independentes, chamadas omatídios, capazes de detectar até luz ultravioleta e polarizada, algo invisível para o ser humano. Com essa capacidade visual tão extraordinária, algumas espécies atingem taxas de sucesso na caça próximas a 95%, uma eficácia superior à de muitos grandes predadores vertebrados.
Cabeça da libélula-tigre com seus enormes olhos verdes que lhe proporcionam uma visão de quase 360º. Na parte inferior, em preto e amarelo, podem-se observar as mandíbulas robustas. Francisco Campos Sánchez-Bordona.
As asas também abrigam uma engenharia mecânica prodigiosa. Ao contrário da maioria dos insetos, as libélulas podem mover independentemente os pares de asas dianteiras e traseiras. Graças a isso, são capazes de permanecer imóveis no ar, voar para trás ou mudar de direção instantaneamente, como pequenos helicópteros biológicos.
Para esse voo prodigioso, contribui também a presença de numerosas veias que se estendem em todas as direções, com desenhos específicos que lembram vitrais trabalhados.
As asas das libélulas são percorridas por veias que lhes conferem esse aspecto de ‘vitral’. Luís Fernando Sánchez-Sastre.
Uma vida dividida entre a água e o ar
A maior parte da vida de uma libélula transcorre longe da nossa vista. Enquanto o adulto, voador e colorido, vive apenas algumas semanas ou meses, sua fase anterior larval habita o fundo de rios e lagoas durante meses ou anos, dependendo de fatores como a temperatura.
Lá, escondidas entre o lodo ou a vegetação aquática, as larvas também são predadoras ferozes. Elas têm uma estrutura única chamada “máscara”: um braço articulado escondido sob a cabeça que disparam para a frente em alta velocidade para capturar presas, como se fosse um arpão retrátil.
Quando chega o momento da transformação, a larva sai da água durante a noite e escala uma pedra, um caule ou um galho. Então ocorre um dos processos mais delicados do mundo dos insetos: o adulto emerge lentamente do exoesqueleto larval ou exúvia, desdobra suas asas e espera imóvel até que seu novo corpo endureça. Durante essas horas, ele fica completamente vulnerável, mas, pouco depois, o que antes era um predador aquático passa a dominar os céus.
Libélula-tigre emergindo de sua exúvia presa a uma rocha junto a um riacho. O exoesqueleto já vazio permanece fixo no substrato enquanto o inseto completa sua metamorfose, endurecendo o corpo e as asas ao secar ao Sol. Francisco Campos Sánchez-Bordona.
Agentes de controle de pragas
Embora costumemos associar as libélulas à fragilidade, elas são caçadoras implacáveis: mosquitos, moscas e borboletas podem acabar presos em suas patas, transformadas em uma espécie de cesta espinhosa que se fecha em pleno voo. Suas larvas aquáticas são capazes de capturar girinos e até pequenos peixes.
Longe de serem uma ameaça para nós — elas não picam, não mordem nem produzem veneno algum —, as libélulas são, na verdade, grandes aliadas: uma meta-análise publicada no Journal of Animal Ecology estima que uma única larva de libélula pode eliminar, em média, 40 larvas de mosquito por dia, o que as torna um dos agentes de controle biológico mais eficazes que existem. Além disso, pesquisadores da Universidade de Turku estimaram que as populações de predadores em um único lago podem capturar cerca de 700 mil mosquitos e quironomídeos em um único verão.
Com um design delicado, elas parecem frágeis, mas as libélulas se destacam por sua extraordinária resistência evolutiva. Suas asas leves e sua visão precisa as tornam verdadeiras sobreviventes dos ecossistemas aquáticos. Luís Fernando Sánchez-Sastre.
Fascinados por sua delicada beleza
A fascinação que as libélulas provocam não é nova nem exclusiva do Ocidente. No Japão, elas são veneradas desde tempos imemoriais: o país chegou a ser chamado de Akitsushima — “Ilha das Libélulas” —, e o próprio livro de história mais antigo do Japão, o Kojiki (século VIII), registra essa denominação . Para os samurais, elas representavam a coragem e a vitória — a ponto de serem chamadas de kachimushi, o “inseto invencível” — e sua imagem era gravada em capacetes, punhos de espadas e armaduras.
Hoje, continuam sendo um tema recorrente na poesia japonesa do gênero haiku, em objetos lacados, na cerâmica e nos jardins tradicionais — um universo estético onde a fugacidade de seu voo evoca a passagem das estações.
Sentinelas dos nossos rios
É preciso levar em conta outro aspecto desses insetos: sua extraordinária sensibilidade à qualidade da água. Onde eles desaparecem, quase sempre há um ecossistema deteriorado.
A poluição, a canalização de rios, a destruição da vegetação ribeirinha, os pesticidas ou a superexploração de aquíferos são as principais causas da destruição dos locais onde esses insetos habitam. As larvas de libélula estão entre as primeiras a serem prejudicadas, pois precisam de águas limpas e oxigenadas para sobreviver.
Por isso, os cientistas consideram os odonatos excelentes bioindicadores: sua presença revela a qualidade ambiental de um rio muito antes que a deterioração se torne evidente para nós. Não é por acaso que, em algumas regiões de Castela, na Espanha, a sabedoria popular lhes deu o nome de enclaraguas.
Mas é justamente essa sensibilidade que torna as libélulas hoje vítimas silenciosas da transformação que estamos provocando na nossa paisagem.
Rios limpos e bem conservados como este, na província de Ávila, Espanha, são essenciais para a sobrevivência das libélulas durante sua fase larval. A qualidade da água e a riqueza vegetal determinam o sucesso de um dos grupos animais mais antigos do planeta. Luís Fernando Sánchez-Sastre.
Um futuro possível para uma linhagem ancestral
É paradoxal que as libélulas tenham sobrevivido a extinções em massa, mudanças climáticas naturais e transformações planetárias ao longo de centenas de milhões de anos, mas que, em apenas algumas décadas, muitas espécies tenham começado a desaparecer de locais onde foram abundantes durante séculos.
Algumas, como a espetacular Macromia splendens, sobrevivem em populações pequenas e fragmentadas, escondidas em alguns poucos rios bem preservados. Outras recuam lentamente à medida que a água perde qualidade ou desaparece.
Macromia splendens, incluída no Catálogo Espanhol de Espécies Ameaçadas, na categoria ‘Em risco de extinção’. Wikimedia Commons., CC BY
Enquanto isso, espécies mais termófilas avançam para o norte, favorecidas pelo aumento global das temperaturas, redesenhando o mapa da biodiversidade europeia. As mudanças climáticas criam vencedores e vencidos entre esses sobreviventes do passado.
Preservar as libélulas significa conservar algo mais do que apenas insetos bonitos. Significa proteger os rios e as zonas úmidas dos quais depende grande parte da vida. Significa preservar uma linhagem que já voava sobre a Terra muito antes do surgimento do ser humano.
Cada libélula que ainda patrulha um riacho é, de certa forma, um fragmento vivo da pré-história que chegou até nós desafiando o tempo. Hoje, além de resistir, os odonatos continuam cuidando em silêncio de nossos rios, zonas úmidas e ecossistemas aquáticos. Eles estavam aqui muito antes de nós chegarmos. O mínimo que podemos fazer é garantir que esses guardiões silenciosos possam continuar fazendo isso.
Os autores não prestam consultoria, trabalham, possuem ações ou recebem financiamento de qualquer empresa ou organização que se beneficiaria deste artigo e não revelaram qualquer vínculo relevante além de seus cargos acadêmicos.