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La importancia de ir más allá del presente en la enseñanza del periodismo: el caso de ETA

Alumnos del Grado de Periodismo de la Universidad de Valladolid durante una visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, en abril de 2026. Maria Rosa Masegosa (proyecto Memoria en Construcción para futuros Periodistas).

Los periodistas informan a menudo sobre hechos que no han vivido. Cubren guerras que empezaron antes de que nacieran, juicios sobre crímenes cometidos décadas atrás, conflictos políticos heredados, dictaduras, transiciones, atentados o crisis sociales cuyas consecuencias siguen presentes.

Esa distancia no es un problema en sí misma. De hecho, forma parte del oficio periodístico. Informar sobre un hecho no vivido obliga a investigar, consultar documentos, reconstruir contextos, entrevistar a testigos, escuchar a las víctimas, contrastar versiones y distinguir entre datos, opiniones e interpretaciones. En tiempos de titulares rápidos, redes sociales y debates polarizados, esta tarea resulta todavía más necesaria.

Mirar hacia atrás para informar del presente

La formación periodística, por tanto, no puede limitarse a enseñar a producir contenidos o reproducir declaraciones y datos. También debe enseñar a mirar hacia atrás. A entender que muchas noticias no empiezan el día en que se publican, sino años o décadas antes. Y a comprender que algunos acontecimientos del pasado reciente siguen condicionando el presente.

Uno de esos casos es el terrorismo de ETA. Los estudiantes que hoy llegan a la universidad no vivieron sus años más duros. Para muchos de ellos, aquel tiempo no está asociado al miedo cotidiano, a los escoltas, a los funerales, a las amenazas o a los silencios. Les llega a través de noticias sobre excarcelaciones, debates políticos, series, redes sociales, conversaciones familiares o referencias escolares a menudo fragmentarias.

ETA y la memoria compartida

Pero ETA no es un tema histórico cualquiera. Es parte de la historia reciente de España. Tiene víctimas directas, consecuencias políticas, presencia en el debate público y una memoria todavía en disputa. Por eso, cuando un futuro periodista informa sobre una decisión judicial o penitenciaria, sobre un homenaje, sobre una víctima o sobre un antiguo miembro de ETA, no puede hacerlo solo desde la actualidad inmediata. Necesita contexto.

La pregunta, entonces, no es solo cuánto saben los jóvenes sobre ETA. La pregunta es más amplia: ¿cómo se forma a los periodistas para contar acontecimientos que no vivieron, pero que siguen afectando a la sociedad en la que informan?

En el caso de ETA y España resulta especialmente importante que la formación tanto en la escuela como en la universidad incorpore esta cuestión no solo para cumplir con las demandas de memoria, verdad, dignidad y justicia de las víctimas, sino también por su aparición constante en la discusión política y mediática.




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Cómo enseñar sobre ETA y el terrorismo en secundaria


Más allá de conocer los hechos

El problema, por tanto, no consiste solo en que los jóvenes “sepan poco o mucho” sobre ETA. El verdadero riesgo es que conozcan los hechos de forma desordenada, parcial o sin contexto. En un mundo de noticias rápidas, redes sociales y debates polarizados, una información sobre un antiguo terrorista puede llegar antes que la historia de sus víctimas. Y una decisión judicial o penitenciaria puede entenderse mal si no se conoce el daño humano, político y social que la precede.

Ahí, y en línea con otras iniciativas en este sentido, se sitúa nuestro proyecto Memoria en Construcción para futuros Periodistas en el que los estudiantes investigan, preguntan, consultan documentos, contrastan fuentes y producen contenidos periodísticos sobre terrorismo, memoria y víctimas.

La idea de fondo es sencilla. Para informar sobre terrorismo no basta con tener una opinión ni recordar algunos nombres o fechas. Hay que saber documentarse, contextualizar, verificar, distinguir conceptos y comprender el lugar que ocupan las víctimas en el relato público.

¿Qué saben de ETA las nuevas generaciones?

Como punto de partida, la iniciativa partió de un cuestionario diagnóstico entre 65 estudiantes de primer curso de Periodismo de la Universidad de Valladolid. La muestra no permite extraer conclusiones generales sobre la juventud universitaria española, pero sí ofrece pistas valiosas. Los resultados, en línea con otros estudios recientes más amplios, muestran una falta de formación previa. El 49,2 % afirmó saber poco sobre ETA y el 7,7 % dijo no saber nada. Solo el 12,3 % alcanzó el nivel máximo en una prueba sencilla de conocimientos básicos.

El dato más llamativo, sin embargo, no es el desconocimiento, sino el interés. El 90,8 % consideró importante conocer qué ocurrió con ETA y el mismo porcentaje valoró ese conocimiento como relevante para su futura labor periodística.




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El cuestionario también muestra que la universidad tiene margen para intervenir. La escuela o el instituto y la familia aparecen como las principales fuentes de conocimiento sobre ETA, ambas con un 55,4 %. Les siguen los medios de comunicación, con un 50,8 %. La universidad, en cambio, queda en un segundo plano, con un 23,1 %. Además, algunas respuestas revelan confusiones entre terrorismo, nacionalismo democrático, entorno abertzale y debates políticos actuales. Esa confusión es especialmente relevante para futuros periodistas porque afecta al rigor, a la verificación y a la forma en que se cuentan las noticias.

Metodologías activas

A partir de ese diagnóstico, nuestro proyecto apuesta por aprender haciendo. Conectamos varias asignaturas del Grado de Periodismo, desde comunicación organizacional, ciberperiodismo y documentación informativa hasta televisión informativa. La iniciativa incorpora también actividades fuera del aula, como la visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria-Gasteiz, la asistencia a las III Jornadas Autonómicas sobre Terrorismo en Castilla y León y la cobertura de actividades relacionadas con terrorismo, víctimas y memoria presentes en la agenda informativa.

Así, el aprendizaje no queda encerrado en una clase ni en una evaluación académica, sino que se convierte en una experiencia de formación profesional y ciudadana.




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Mucho más allá de ETA

Además de llevar la memoria del terrorismo al centro de la formación periodística, el objetivo del proyecto es recordar que el periodismo se enfrenta constantemente a hechos no vividos en primera persona, pero que se deben contar con justicia y fundamento. No tener memoria propia obliga, precisamente, a investigar mejor.

Por eso, formar periodistas hoy no consiste solo en enseñarles a escribir una noticia, grabar un pódcast o manejar una red social. Consiste también en enseñarles a detenerse, preguntar, comprobar, escuchar y contextualizar.

En una época en la que la actualidad se consume deprisa, el periodismo necesita profesionales capaces de explicar de dónde vienen los hechos. Porque algunas noticias no empiezan cuando llegan a una pantalla. Empiezan mucho antes, en historias que otros vivieron y que alguien tiene la responsabilidad de contar bien.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Qué leer este verano: recomendaciones para niños y adolescentes

NadyaEugene/Shutterstock

En ninguna maleta debería faltar un libro, en las infantiles y adolescentes tampoco. Aquí algunas recomendaciones de ocho expertos, para todas las edades y gustos, para llevarse de viaje o evadirse del calor.


Tengo un volcán, Miriam Tirado y Joan Turu

Miriam Tirado y Joan Turu.
Carambuco Ediciones

Ofrece recursos simbólicos para nombrar y comprender una emoción que, a los 5, 6 años, resulta especialmente difícil de gestionar: la ira. El libro recurre a la metáfora del volcán que entra en erupción para representar de forma visual y muy intuitiva lo que sucede en el cuerpo y en la mente cuando el enfado crece sin control, lo que permite a los niños identificar esa sensación interna –el calor, la presión, el deseo de explotar– con una imagen concreta y fácil de recordar. Contar con metáforas claras ayuda a poner nombre a los sentimientos y, con ello, a la regulación emocional. Entendemos que sentir rabia o enfado es normal y legítimo, pero que existen formas de gestionar esa energía sin que termine dañando la relación con los demás.


Andy Griffiths y Terry Denton. Traducción de Rita da Costa García.
Penguin Radom House

La casa en el árbol de 13 pisos, Andy Griffiths y Terry Denton

Ideal como puente entre la lectura autónoma y la lectura compartida en familia. Se trata del primer volumen de una serie de trece títulos, estructurada en capítulos breves que se corresponden con cada uno de los pisos de la casa-árbol protagonista. Esta arquitectura narrativa, sencilla pero ingeniosa, permite que el lector vaya avanzando “piso a piso”, lo que ofrece pequeñas metas de lectura muy adecuadas para niños que empiezan a ganar confianza con los textos extensos.

Aunque algunas guías de lectura sitúan la edad recomendada a partir de los 10 años, la experiencia indica que puede introducirse ya a los 7 u 8 años si se acompaña desde el entorno familiar, lo que convierte al libro en una herramienta idónea para la lectura compartida entre adultos y niños.

Estimula de forma muy directa la curiosidad, la imaginación y la creatividad. Situaciones disparatadas y humorísticas invitan al niño a interpretar, anticipar y dar sentido a lo que ocurre, favoreciendo así la comprensión lectora. Los propios autores son personajes dentro de la historia lo que genera un efecto de cercanía y complicidad.

Aunque su extensión y su densidad textual puedan suponer un reto mayor que el de otros álbumes ilustrados más breves, precisamente ese desafío es parte de su valor pedagógico: enseña a los niños a sostener la atención durante relatos más largos, a tolerar cierta incertidumbre narrativa y a disfrutar del proceso de “subir” de capítulo en capítulo, ganando autonomía lectora progresivamente. Leer juntos estas páginas permite conversar sobre el humor, las situaciones absurdas y los pequeños conflictos que surgen entre los personajes, convirtiendo la lectura en un espacio de vínculo afectivo además de un ejercicio de desarrollo lingüístico y cognitivo.


Raquel Díaz Reguera.
NubeOcho

Yo voy conmigo, Raquel Díaz Reguera

Un conjunto de relatos que ayudan a partir de los 7 años a construir una imagen sana y segura de sí mismos en una etapa en la que empiezan a compararse con los demás y a ser más sensibles a la mirada externa. El libro aborda de manera directa y accesible los temas de la autoestima y la identidad, cuestiones que a esta edad cobran especial relevancia porque coinciden con el momento en que los niños comienzan a definirse fuera del núcleo familiar, en la escuela y en el grupo de iguales, y en el que las primeras inseguridades sobre el propio cuerpo, las capacidades o la forma de ser pueden empezar a aparecer.

A los 7-9 años, los niños están desarrollando su capacidad de pensamiento crítico y de autorreflexión, por lo que una historia que pone el foco en “ir con uno mismo” –es decir, en sostenerse desde la propia identidad y no desde la validación externa– les proporciona un marco de referencia valioso para enfrentar situaciones cotidianas como la presión de grupo, la comparación o el miedo al rechazo.

Recomendados por Claudia Maria Costa Dias, profesora grado Educación Infantil y Psicopedagogía


El hombre palo, Julia Donaldson

Julia Donaldson. Ilustrador/a Axel Scheffler. Traductor Roberto Vivero Rodríguez.
Bruño

Pensados para el pequeño lector acompañado desde los 3 o 4 años y para la lectura autónoma a partir de los 6 o 7, los libros del tándem Julia Donaldson y Axel Scheffler, autores del afamado libro El Gruffalo, son indispensables en cualquier lista de obras de literatura infantil. En el caso de El Hombre Palo, nos encontramos con un personaje (un pequeño palo humanizado) que se pierde en el bosque e inicia un viaje en el que animales, niños y adultos lo encuentran y lo utilizan en sus juegos o quehaceres diarios, mientras que él defiende una y otra vez que él es el Hombre Palo y solo desea volver a su hogar.

Mediante la identificación con el pequeño hombre palo, los más pequeños aprenden modelos de actuación y contexto que les permiten entender temas tan complejos como el miedo a la separación y la soledad, la construcción de una identidad propia, el abuso de autoridad y, sobre todo, la familia como el lugar en el que se puede ser uno mismo.

Como puede apreciarse, la obra, al igual que la mayoría de las realizadas por esta pareja de escritora e ilustrador, desafía el prejuicio de que la literatura infantil no aborda temáticas complejas. Por otro lado, la riqueza visual del libro y la muy pensada relación complementaria entre imagen y palabra al construir la historia refuerzan los procesos de inmersión lectora y de construcción del mundo ficcional del texto, lo que estimula el aprendizaje y los procesos cognitivos en este nivel inicial.

Recomendado por Sara Molpeceres Arnaiz, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada


El verdadero final de La Bella Durmiente, Ana María Matute

Ana María Matute.
Planeta de Libros

“Todo el mundo sabe que, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, tras un sueño de cien años, se casó con ella en la capilla del castillo y, llevando consigo a la mayor parte de sus sirvientes, la condujo, montada a la grupa de su caballo, hacia su reino. Pero, ignoro por qué razón, casi nadie sabe lo que sucedió después. Pues bien, éste es el verdadero final de aquella historia”.

Así comienza El verdadero final de La Bella Durmiente, obra en la que Ana María Matute, escritora de cuya muerte el pasado 25 de junio se cumplieron doce años, narra qué sucedió con el personaje de la Bella Durmiente, y con su príncipe salvador, después de su matrimonio. No es, sin embargo, una continuación ficticia, sino una recreación de una segunda parte verdaderamente existente de la historia, que se encuentra en las versiones de Giambattista Basile y Charles Perrault, pero que los hermanos Grimm, así como luego Disney en su versión cinematográfica de 1959, eliminaron, condenándola en cierto modo al olvido.

Es una obra valiosísima para lectores jóvenes, no solo por su evidente calidad literaria, sino también porque desplaza la atención hacia lo que suele quedar oculto, aquella otra historia que acontece después del supuesto final feliz. Esta decisión hace que el texto siga siendo hoy actual, porque conecta con una idea muy contemporánea, y es que detrás de las apariencias hay contradicciones, “zonas oscuras” que también forman parte de crecer.

Matute muestra que releer no es repetir, sino mirar de nuevo y, por ello, este cuento sigue siendo una muy buena puerta de entrada a la literatura, para disfrutarla y también para reflexionar y aprender con ella.

Recomendado por Claudio Moyano, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Ronia. La hija del bandolero, Astrid Lindgren

Astrid Lindgren. Ilustraciones de Katsuya Kondo. Traducción de Ulla Ljungström y Esther Rubio.
Editorial Kókinos

Astrid Lindgren fue una escritora valiente y extremadamente respetuosa con la infancia, se tomaba muy en serio a los niños y niñas que leerían sus obras y les hablaba con honestidad y sin ñoñerías injustificadas ni moralinas. Uno de sus personajes más conocidos, Pippi Långstrump, ha hecho las delicias de varias generaciones, ya sea en formato libro o en formato audiovisual.

Toda la obra de Lindgren es un disfrute asegurado. Pero en este caso, por ampliar la mirada más allá de Pippi, recomiendo dos obras recientemente reeditadas por Kókinos: Ronia. La hija del bandolero y Los hermanos Corazón de León. Ambas están protagonizadas por niños que tienen vidas muy fuera de lo común, llenas de aventuras y fantasía, en las que deben afrontar dificultades y peligros que no son ya tan comunes entre las páginas que ofrecemos al público infantil. En estas obras hay espacio para el miedo y el desengaño, pero también para el amor, la ternura y el cuidado.


Astrid Lindgren. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Traducción de Kókinos.
Editorial Kókinos

Los hermanos Corazón de León, Astrid Lindgren

Ronia ofrece una ventana a una naturaleza cargada de magia, al despertar adolescente con todos sus miedos y dudas, al descubrimiento autónomo de los propios límites y la propia identidad. Los hermanos Corazón de León nos brindan una bellísima representación del amor fraternal, del cuidado entre amigos y vecinos, de la fuerza que tiene la comunidad en tiempos oscuros y de los límites que somos capaces de superar cuando nuestras inseguridades no nos dejan inmóviles.

El mundo de Astrid Lindgren es un excelente destino para estos días de verano si el lector busca aventura, emoción y disfrute, aderezados con un toque de optimismo.

Recomendados por Marta Larragueta Arribas, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Matilda, Roald Dahl

Roald Dahl. Traducción de Pedro Barbadillo Gómez. Ilustraciones de Quentin Blake.
Alfaguara

Matilda, de Roald Dahl, cumplirá pronto 40 años. Pero está aún lejos de quedar marginada en el rincón de los “clásicos”. No acabará como lectura que se aprende de memoria sin abrir sus páginas; no se lo merece. Matilda es mucho más que un libro “de paso” por la infancia, o un recuerdo nostálgico de la generación milenial. Ahí continúa, leyéndose en colegios e institutos de todo el mundo. Muchos la recomendarán, y con razón, por su corazón “metaliterario”: un libro que trata sobre libros, sobre los clásicos que definen nuestra cultura, y una defensa firme de la lectura como súperpoder.

Pero, como toda buena literatura que no se queda en su argumento, Matilda guarda mucho más. Conecta a adultos, adolescentes y niños en torno a una pequeña cría que nos demuestra que la literatura consiste, sobre todo, en la aventura de vivir. Matilda lee (mucho), y luego piensa, y razona, y opina. Construye su experiencia de la realidad, y por tanto su identidad, sobre lo que los libros le enseñan. Y esa es una fuente infinita de relecturas. Más allá de sus trepidantes y sorprendentes aventuras contra adultos tiranos, nos enseña que la literatura no es comprender un texto, sino imaginar qué hacer con él. Y en sus páginas, abiertas a todo el mundo, seguiremos leyendo, pensando, opinando y descubriendo, con Matilda, que los libros pueden transformar nuestra realidad.

Recomendado por Alberto Escalante Varona, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Un conjuro, Paula Melchor

Paula Melchor.
Letraversal

Si fuese adolescente y nunca hubiera leído poesía desearía que los primeros versos que llegasen a mí fueran los de Paula: sencillos, perspicaces, comestibles. En una pulsión por subvertir el canon curricular y sus constricciones, el presente parece un buen punto de partida. No obstante, el presente no nace del vacío, sino que emana de una tradición a la que debería ser accesible aproximarse. En este caso, la autora lo consigue regalándonos destellos de ideas de místicas como Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús, o conceptos tan valiosos como los claros del bosque de María Zambrano. Quizá sea esta una manera más amable de ofrecer a las personas jóvenes el trabajo de pensadoras como ellas, con las que tenemos una deuda cultural inmensa.

A través de la historia de la juglarilla, en una especie de poemario de formación, se despliegan ante nuestros ojos las potencias de lo natural: el río, las bellotas, las piedras o los animales que habitan el paisaje.

La voz poética cristaliza una ternura fractal, interdependiente hacia todos ellos. Aprende la soledad sin su cervatillo, señala la importancia de nombrar las cosas, experimenta las alegrías de la amistad, se pregunta por la escritura y por el impacto que tiene aquello que creamos. Reflexiona con franqueza y miedo sobre las expectativas, la vergüenza, la frustración y la autoexigencia. Aun así, más allá del desasosiego, un puñado de palabras luminosas, un consuelo, casi un antídoto. El alivio de los amores que nos permiten descansar de nosotras mismas: “Me senté con mis criaturas silenciosas en el patio de la casa. Las únicas que nunca me pidieron nada. Ninguna canción, ningún parlamento brillante … Ellas nunca me exigieron ningún deslumbramiento. Me permitían estar callada. Callada y quieta en el patio de la casa”.

Recomendado por Celia Torrejón Tobío, Narrativa Contemporánea Femenina


La cuarta vida de Blanca Cuervo, Alba Quintas Garciandia

Alba Quintás Garciandia.
SM

El Premio Gran Angular 2026 es una historia dura y oscura. Se centra en un tema que preocupa a los adolescentes o que forma parte de algunas de sus conversaciones: el dinero fácil, la necesidad de copiar las “vidas” de las redes sociales, la falsa confianza del yo puedo con eso…

La forma de narrarlo, la manera de dar protagonismo a cada una de las voces o de diferenciar los puntos de vista de personajes tan diferentes, nos lleva a subrayar diferentes frases que muestran maneras de ver el mundo.

Es un libro para leer conjuntamente, en familia o en un club de lectura de la biblioteca escolar o pública. Porque es un libro valiente y sin complejos que merece unas hora de nuestro tiempo y de nuestras conversaciones.


Maite Carranza.
Edebé

La guerra de las brujas, Maite Carranza

La saga La guerra de las brujas está formada por tres libros: El clan de la Loba, El desierto de hielo y La Maldición de Odi, a los que en 2023 se sumó la precuela La loba gris. La historia de Deméter.

Carranza ha construido un mundo mágico más allá de la ficción que crea la industria del entretenimiento. Un universo de calidad que, a lo largo de cuatro libros, narra la historia de mujeres con poderes, ligadas a la cultura mediterránea y atlántica. Un mundo propio que ha llegado a más de 30 lenguas y ha merecido diferentes premios.

La loba gris cuenta los inicios de los clanes de las brujas Omar, que han vivido ocultas de las brujas Odish, y se centra en la historia de Deméter, la abuela de Anaíd. El siguiente libro de la saga, El clan de la Loba, ya se centra en la elegida, Anaíd, que ha pasado su infancia resguardada en un pueblo del Pirineo, ignorando los secretos de las mujeres de su familia pero que deberá asumir su destino para salvar a su clan.

Más allá de los mundos mágicos de las sagas más globales, La Guerra de las brujas construye un mundo fantástico desde nuestras raíces, actualizando la figura de las brujas, rompiendo moldes y ofreciendo una aventura que demuestra como desde lo local se llega a todos los públicos.

Recomendados por Gemma Lluch, catedrática de Literatura Catalana


Barbecho, David Sancho

David Sancho.
Salamandra

Esta novela gráfica nos transporta al mundo rural de la España del último siglo, desde los años treinta hasta una actualidad marcada por la despoblación y el abandono progresivo de muchos pueblos. A través de la vida de Emilio, el libro recorre una forma de habitar la tierra que ha ido cambiando con el tiempo, entre la dureza del campo, la memoria familiar, la emigración hacia la ciudad y la desaparición lenta de una comunidad.

Emilio, el último habitante de un pequeño pueblo turolense, vive casi al margen de todo. A su alrededor, las casas empiezan a desaparecer y solo él parece advertirlo. Esa premisa, cercana por momentos a lo fantástico, permite vislumbrar el concepto de la España vaciada sin necesidad de convertir la historia en un documental. Al final, llega a transmitir una sensación de pérdida ligada a los lugares, a las rutinas y a la relación con el mundo.

Su formato de cómic permite que esa desaparición del lugar en el tiempo pueda vivenciarse no solamente en el texto, sino principalmente en la imagen. Los espacios vacíos, los interiores de las casas, los caminos y los silencios tienen tanto peso como lo que se dice. Barbecho abre una conversación sobre qué significa marcharse, qué significa quedarse y qué ocurre cuando un territorio deja de estar habitado, pero no del todo recordado.


Hayao Miyazaki.
Salamandra

El viaje de Shuna, Hayao Miyazaki

Publicado originalmente en 1983, fue durante años una obra menos accesible dentro de la trayectoria del creador de Studio Ghibli. Es un relato ilustrado que puede leerse como una pieza muy especial dentro de su universo creativo. Quien haya disfrutado con El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o cualquiera de sus grandes relatos cinematográficos reconocerá aquí algunas de sus preocupaciones habituales, como la aventura, la naturaleza, la supervivencia y la relación entre el individuo y la comunidad.

Shuna es el joven heredero de una tierra pobre, donde la cosecha apenas permite sobrevivir. Cuando oye hablar de unas semillas doradas que podrían devolver la abundancia a su pueblo, emprende un viaje hacia un lugar del que nadie regresa. A partir de ahí, el libro despliega un mundo duro y hermoso, con pueblos sometidos, comercio de esclavos, criaturas extrañas y paisajes que parecen venir de una mitología propia. Con Miyazaki, lo importante no es solo llegar al final del viaje sino todo lo que ocurre durante el camino, porque ahí se ponen a prueba el miedo, el cuidado, la responsabilidad y la manera de mirar el mundo.


Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella. Ilustraciones de Andrea Antinori.
Wonder Ponder

¿Así es la muerte?, Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella

La muerte sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, especialmente cuando hablamos de edades tempranas y de jóvenes. Se evita, se intenta delegar en otras personas o se suaviza tanto que a veces acaba siendo más difícil preguntar por ella. ¿Así es la muerte? parte de 38 preguntas reales formuladas por niños y niñas de entre 5 y 15 años. Su estructura, cercana a una conversación abierta, permite encontrar cuestiones como “¿Yo me moriré?”, “¿Adónde vamos cuando morimos?”, “Si se muere alguien a quien quieres, ¿cuánto tiempo estás triste?” o “¿Por qué se dice descanse en paz, y no descanse divertido?”.

Gracias a estas cuestiones, el libro permite acercarse a la muerte desde la curiosidad, la lógica cotidiana, el humor y la observación de lo que ocurre alrededor. En sus páginas aparecen asuntos muy concretos, como el cuerpo, el pensamiento, las creencias, el duelo, el recuerdo o el cuidado de quienes se quedan. También aparece la muerte como finitud, como conciencia de que la vida tiene un límite y de que los vínculos, los recuerdos y el tiempo compartido importan precisamente por eso. Las ilustraciones de Andrea Antinori no rebajan el tema, pero sí lo vuelven más accesible y permiten tratarlo con respeto, distancia y naturalidad.

Recomendados por Kevin Baldrich, Didáctica de la Lengua y la Literatura

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Libélulas, joias vivas da pré-história ameaçadas pelo ser humano

As libélulas têm asas com uma complexa rede de veias que lhe confere um voo poderoso: as libélulas atuais — muito menores que as da pré-história — conservam quase intacto um desenho morfológico e comportamental que transformou suas ancestrais em máquinas de caça perfeitas. Patricia Casanueva Gómez.

Sobre os imensos pântanos do Carbonífero, há mais de 300 milhões de anos, libélulas gigantescas, do tamanho de uma gaivota, patrulhavam os céus primitivos. Algumas chegavam a ter mais de setenta centímetros de envergadura. Eram os primeiros odonatos — a ordem que hoje agrupa as libélulas —, os grandes predadores voadores de um planeta exuberante, mas ainda estranho, anteriores às flores e aos pássaros. O mais surpreendente é que aquelas criaturas não desapareceram completamente.

As libélulas atuais, muito menores, mais leves e discretas, continuam a conservar quase intacto um desenho morfológico e comportamental que transformou seus ancestrais em máquinas de caça perfeitas. Poucos animais vivos podem se orgulhar de uma história evolutiva tão antiga e bem-sucedida. Enquanto continentes inteiros mudavam de forma e inúmeras espécies surgiam e se extinguiam, elas continuaram sobrevoando rios e lagoas com uma eficácia quase inalterável.

Algumas delas foram capazes de sobreviver a erupções vulcânicas, glaciações e meteoritos. Mas hoje sua existência está ameaçada por perigos que vêm de nós mesmos, os humanos.

Um predador quase perfeito

Observar uma libélula de perto é contemplar uma obra-prima da evolução. Seus enormes olhos ocupam grande parte da cabeça e proporcionam uma visão quase total de tudo o que acontece ao seu redor: há apenas um pequeno ponto cego atrás dela.

Cada olho é formado por milhares de minúsculas lentes independentes, chamadas omatídios, capazes de detectar até luz ultravioleta e polarizada, algo invisível para o ser humano. Com essa capacidade visual tão extraordinária, algumas espécies atingem taxas de sucesso na caça próximas a 95%, uma eficácia superior à de muitos grandes predadores vertebrados.

Cabeça da libélula-tigre com seus enormes olhos verdes que lhe proporcionam uma visão de quase 360º. Na parte inferior, em preto e amarelo, podem-se observar as mandíbulas robustas.
Francisco Campos Sánchez-Bordona.

As asas também abrigam uma engenharia mecânica prodigiosa. Ao contrário da maioria dos insetos, as libélulas podem mover independentemente os pares de asas dianteiras e traseiras. Graças a isso, são capazes de permanecer imóveis no ar, voar para trás ou mudar de direção instantaneamente, como pequenos helicópteros biológicos.

Para esse voo prodigioso, contribui também a presença de numerosas veias que se estendem em todas as direções, com desenhos específicos que lembram vitrais trabalhados.

As asas das libélulas são percorridas por veias que lhes conferem esse aspecto de ‘vitral’.
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Uma vida dividida entre a água e o ar

A maior parte da vida de uma libélula transcorre longe da nossa vista. Enquanto o adulto, voador e colorido, vive apenas algumas semanas ou meses, sua fase anterior larval habita o fundo de rios e lagoas durante meses ou anos, dependendo de fatores como a temperatura.

Lá, escondidas entre o lodo ou a vegetação aquática, as larvas também são predadoras ferozes. Elas têm uma estrutura única chamada “máscara”: um braço articulado escondido sob a cabeça que disparam para a frente em alta velocidade para capturar presas, como se fosse um arpão retrátil.

Quando chega o momento da transformação, a larva sai da água durante a noite e escala uma pedra, um caule ou um galho. Então ocorre um dos processos mais delicados do mundo dos insetos: o adulto emerge lentamente do exoesqueleto larval ou exúvia, desdobra suas asas e espera imóvel até que seu novo corpo endureça. Durante essas horas, ele fica completamente vulnerável, mas, pouco depois, o que antes era um predador aquático passa a dominar os céus.

Libélula-tigre emergindo de sua exúvia presa a uma rocha junto a um riacho. O exoesqueleto já vazio permanece fixo no substrato enquanto o inseto completa sua metamorfose, endurecendo o corpo e as asas ao secar ao Sol.
Francisco Campos Sánchez-Bordona.

Agentes de controle de pragas

Embora costumemos associar as libélulas à fragilidade, elas são caçadoras implacáveis: mosquitos, moscas e borboletas podem acabar presos em suas patas, transformadas em uma espécie de cesta espinhosa que se fecha em pleno voo. Suas larvas aquáticas são capazes de capturar girinos e até pequenos peixes.

Longe de serem uma ameaça para nós — elas não picam, não mordem nem produzem veneno algum —, as libélulas são, na verdade, grandes aliadas: uma meta-análise publicada no Journal of Animal Ecology estima que uma única larva de libélula pode eliminar, em média, 40 larvas de mosquito por dia, o que as torna um dos agentes de controle biológico mais eficazes que existem. Além disso, pesquisadores da Universidade de Turku estimaram que as populações de predadores em um único lago podem capturar cerca de 700 mil mosquitos e quironomídeos em um único verão.

Com um design delicado, elas parecem frágeis, mas as libélulas se destacam por sua extraordinária resistência evolutiva. Suas asas leves e sua visão precisa as tornam verdadeiras sobreviventes dos ecossistemas aquáticos.
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Fascinados por sua delicada beleza

A fascinação que as libélulas provocam não é nova nem exclusiva do Ocidente. No Japão, elas são veneradas desde tempos imemoriais: o país chegou a ser chamado de Akitsushima — “Ilha das Libélulas” —, e o próprio livro de história mais antigo do Japão, o Kojiki (século VIII), registra essa denominação . Para os samurais, elas representavam a coragem e a vitória — a ponto de serem chamadas de kachimushi, o “inseto invencível” — e sua imagem era gravada em capacetes, punhos de espadas e armaduras.

Hoje, continuam sendo um tema recorrente na poesia japonesa do gênero haiku, em objetos lacados, na cerâmica e nos jardins tradicionais — um universo estético onde a fugacidade de seu voo evoca a passagem das estações.

Sentinelas dos nossos rios

É preciso levar em conta outro aspecto desses insetos: sua extraordinária sensibilidade à qualidade da água. Onde eles desaparecem, quase sempre há um ecossistema deteriorado.

A poluição, a canalização de rios, a destruição da vegetação ribeirinha, os pesticidas ou a superexploração de aquíferos são as principais causas da destruição dos locais onde esses insetos habitam. As larvas de libélula estão entre as primeiras a serem prejudicadas, pois precisam de águas limpas e oxigenadas para sobreviver.

Por isso, os cientistas consideram os odonatos excelentes bioindicadores: sua presença revela a qualidade ambiental de um rio muito antes que a deterioração se torne evidente para nós. Não é por acaso que, em algumas regiões de Castela, na Espanha, a sabedoria popular lhes deu o nome de enclaraguas.

Mas é justamente essa sensibilidade que torna as libélulas hoje vítimas silenciosas da transformação que estamos provocando na nossa paisagem.

Rios limpos e bem conservados como este, na província de Ávila, Espanha, são essenciais para a sobrevivência das libélulas durante sua fase larval. A qualidade da água e a riqueza vegetal determinam o sucesso de um dos grupos animais mais antigos do planeta.
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Um futuro possível para uma linhagem ancestral

É paradoxal que as libélulas tenham sobrevivido a extinções em massa, mudanças climáticas naturais e transformações planetárias ao longo de centenas de milhões de anos, mas que, em apenas algumas décadas, muitas espécies tenham começado a desaparecer de locais onde foram abundantes durante séculos.

Algumas, como a espetacular Macromia splendens, sobrevivem em populações pequenas e fragmentadas, escondidas em alguns poucos rios bem preservados. Outras recuam lentamente à medida que a água perde qualidade ou desaparece.

Macromia splendens, incluída no Catálogo Espanhol de Espécies Ameaçadas, na categoria ‘Em risco de extinção’.
Wikimedia Commons., CC BY

Enquanto isso, espécies mais termófilas avançam para o norte, favorecidas pelo aumento global das temperaturas, redesenhando o mapa da biodiversidade europeia. As mudanças climáticas criam vencedores e vencidos entre esses sobreviventes do passado.

Preservar as libélulas significa conservar algo mais do que apenas insetos bonitos. Significa proteger os rios e as zonas úmidas dos quais depende grande parte da vida. Significa preservar uma linhagem que já voava sobre a Terra muito antes do surgimento do ser humano.

Esse patrimônio é defendido hoje por meio da ampliação do conhecimento sobre a biologia e a situação desses insetos fascinantes e de seus ecossistemas, graças ao trabalho conjunto de entusiastas e cientistas. E isso também ocorre na Espanha, onde, nos últimos anos, têm sido desenvolvidas iniciativas em diferentes escalas: desde trabalhos de divulgação de alcance regional voltados para o grande público até projetos de pesquisa em escala nacional que estudam sua resposta às mudanças climáticas nos Parques Nacionais espanhóis.

Cada libélula que ainda patrulha um riacho é, de certa forma, um fragmento vivo da pré-história que chegou até nós desafiando o tempo. Hoje, além de resistir, os odonatos continuam cuidando em silêncio de nossos rios, zonas úmidas e ecossistemas aquáticos. Eles estavam aqui muito antes de nós chegarmos. O mínimo que podemos fazer é garantir que esses guardiões silenciosos possam continuar fazendo isso.

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Os autores não prestam consultoria, trabalham, possuem ações ou recebem financiamento de qualquer empresa ou organização que se beneficiaria deste artigo e não revelaram qualquer vínculo relevante além de seus cargos acadêmicos.

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Libélulas, joyas vivas de la prehistoria amenazadas por el ser humano

La libélula de cuatro manchas posee unas alas coloridas y con un complejo entramado de venas que le aporta un poderoso vuelo. Patricia Casanueva Gómez.

Sobre los inmensos pantanos del Carbonífero, hace más de 300 millones de años, gigantescas libélulas del tamaño de una gaviota patrullaban los cielos primitivos. Algunas superaban los setenta centímetros de envergadura. Eran los primeros odonatos –el orden que hoy agrupa a las libélulas y los caballitos de agua–, los grandes depredadores voladores de un planeta exuberante pero todavía extraño, anteriores a las flores y a los pájaros. Lo más asombroso es que aquellas criaturas no desaparecieron del todo.

Las libélulas actuales, mucho más pequeñas, ligeras y discretas, siguen conservando casi intacto un diseño morfológico y de comportamiento que convirtió a sus antepasados en máquinas de caza perfectas. Pocos animales vivos pueden presumir de una historia evolutiva tan antigua y exitosa. Mientras continentes enteros cambiaban de forma e innumerables especies surgían y se extinguían, ellas continuaron sobrevolando ríos y lagunas con una eficacia casi inalterable.

Algunas de ellas fueron capaces de sobrevivir a volcanes, glaciaciones y meteoritos. Sin embargo, hoy su existencia se tambalea por amenazas procedentes de nosotros mismos, los humanos.

Un depredador casi perfecto

Observar una libélula de cerca es contemplar una obra maestra de la evolución. Sus enormes ojos ocupan gran parte de la cabeza y le proporcionan una visión casi total de cuanto sucede a su alrededor: apenas existe un pequeño punto ciego detrás de ella.

Cada ojo está formado por miles de diminutas lentes independientes, llamadas omatidios, capaces de detectar incluso luz ultravioleta y polarizada, algo invisible para el hombre. Con esta capacidad visual tan extraordinaria, algunas especies alcanzan tasas de éxito en la caza cercanas al 95 %, una eficacia superior a la de muchos grandes depredadores vertebrados.

Cabeza de la libélula tigre con sus enormes ojos verdes que le proporcionan una visión de casi 360º. En la parte inferior, en negro y amarillo se aprecian las rotundas mandíbulas.
Francisco Campos Sánchez-Bordona.

Las alas también esconden una prodigiosa ingeniería mecánica. A diferencia de la mayoría de los insectos, las libélulas pueden mover de forma independiente los pares de alas delanteras y traseras. Gracias a ello, son capaces de permanecer inmóviles en el aire, volar hacia atrás o cambiar de dirección de forma instantánea, como pequeños helicópteros biológicos. A este prodigioso vuelo, también ayuda la presencia de numerosas venas que atraviesan en todas direcciones, con dibujos específicos que simulan trabajadas vidrieras.

Las alas de las libélulas están recorridas por venas que les dan ese aspecto de
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Una vida repartida entre el agua y el aire

La mayor parte de la vida de una libélula transcurre lejos de nuestra vista. Mientras el adulto, volador y colorido, apenas vive unas semanas o meses, su previa fase larvaria habita en el fondo de ríos y lagunas durante meses o años, dependiendo de factores como la temperatura.

Allí, ocultas entre el barro o la vegetación acuática, las larvas son también depredadoras feroces. Poseen una estructura única llamada “máscara”: un brazo articulado oculto bajo la cabeza que disparan hacia delante a gran velocidad para capturar presas como si fuese un arpón retráctil.

Cuando llega el momento de la transformación, la larva abandona el agua durante la noche y trepa por una piedra, un tallo o una rama. Entonces ocurre uno de los procesos más delicados del mundo de los insectos: el adulto emerge lentamente del exoesqueleto larvario o exuvia, despliega sus alas y espera inmóvil a que su nuevo cuerpo se endurezca. Durante esas horas es completamente vulnerable pero, poco después, el que fuera depredador acuático se adueña del aire.

Libélula tigre emergiendo de su exuvia adherida a una roca junto a un arroyo. El exoesqueleto ya vacío permanece fijo en el sustrato mientras el insecto completa su metamorfosis endureciendo su cuerpo y alas al secase al sol.
Francisco Campos Sánchez-Bordona.

Agentes de control de plagas

Aunque solemos asociarlas a la fragilidad, son cazadoras implacables: mosquitos, moscas y mariposas pueden acabar atrapados por sus patas, convertidas en una especie de cesta espinosa que se cierra en pleno vuelo. Sus larvas acuáticas son capaces de capturar renacuajos e, incluso, pequeños peces.

Lejos de ser una amenaza para nosotros –ni pican, ni muerden, ni producen veneno alguno–, las libélulas son en realidad grandes aliadas: un metaanálisis publicado en Journal of Animal Ecology calcula que una sola larva de libélula puede eliminar una media de 40 larvas de mosquito al día, lo que las convierte en uno de los agentes de control biológico más eficaces que existen. Además, investigadores de la Universidad de Turku han estimado que las poblaciones de cazadores en un solo estanque pueden capturar cerca de 700 000 mosquitos y quíronomos en un único verano.

Con un delicado diseño, parecen frágiles, sin embargo las libélulas destacan por su extraordinaria resistencia evolutiva. Sus alas ligeras y su visión precisa las convierten en auténticas supervivientes de los ecosistemas acuáticos.
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Fascinados por su delicada belleza

La fascinación que provocan no es nueva ni exclusiva de Occidente. En Japón, las libélulas han sido veneradas desde tiempos inmemoriales: el país llegó a llamarse Akitsushima –“Isla de las libélulas”–, y el propio libro de historia más antiguo de Japón, el Kojiki (siglo VIII), recoge esa denominación. Para los samuráis, representaban el valor y la victoria –hasta el punto de que las llamaban kachimushi, el “insecto invencible”– y su imagen se grababa en cascos, empuñaduras y armaduras.

Hoy siguen siendo un motivo recurrente en la poesía japonesa del género haiku, en los lacados, en la cerámica y en los jardines tradicionales, un universo estético donde la fugacidad de su vuelo evoca el paso de las estaciones.

Los centinelas de nuestros ríos

Hay que tener en cuenta otro aspecto de estos insectos y es su extraordinaria sensibilidad a la salud del agua. Allí donde desaparecen, casi siempre hay un ecosistema deteriorado.

La contaminación, la canalización de ríos, la destrucción de vegetación ribereña, los pesticidas o la sobreexplotación de acuíferos son las principales causas de la destrucción de los lugares donde habitan estos insectos. Las larvas de libélula están entre las primeras perjudicadas, pues necesitan aguas limpias y oxigenadas para sobrevivir.

Por eso, los científicos consideran a los odonatos excelentes bioindicadores: su presencia revela la calidad ambiental de un río mucho antes de que el deterioro resulte evidente para nosotros. No es casual que en algunos lugares de Castilla la intuición popular las bautizara con el nombre de enclaraguas.

Precisamente, esa sensibilidad las convierte hoy en víctimas silenciosas de nuestra transformación del paisaje.

Ríos limpios y bien conservados como este en la provincia de Ávila, son esenciales para la supervivencia de las libélulas durante su fase larvaria. La calidad del agua y la riqueza vegetal determinan el éxito de uno de los grupos animales más antiguos del planeta.
Luís Fernando Sánchez-Sastre.

Un futuro posible para un linaje ancestral

Resulta paradójico que las libélulas sobrevivieran a extinciones masivas, cambios climáticos naturales y transformaciones planetarias durante cientos de millones de años, pero que, en apenas unas décadas, muchas especies hayan comenzado a desaparecer de lugares donde fueron abundantes durante siglos.

Algunas, como la espectacular Macromia splendens, sobreviven en poblaciones pequeñas y fragmentadas, ocultas en unos pocos ríos bien conservados. Otras retroceden lentamente a medida que el agua pierde calidad o desaparece.

Macromia splendens, incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, en la categoría ‘En peligro de Extinción’.
Wikimedia Commons., CC BY

Mientras tanto, especies más termófilas avanzan hacia el norte favorecidas por el aumento global de las temperaturas, redibujando el mapa de la biodiversidad europea. El cambio climático crea vencedores y vencidos entre estos supervivientes del pasado.

Conservar las libélulas significa conservar algo más que unos insectos hermosos. Significa proteger los ríos y humedales de los que depende buena parte de la vida. Significa preservar un linaje que ya volaba sobre la Tierra mucho antes de la aparición del ser humano.

Ese patrimonio se defiende hoy ampliando el conocimiento de la biología y situación de estos fascinantes insectos y sus ecosistemas, gracias a la labor conjunta de aficionados y científicos. Y así ocurre también en España, donde en los últimos años se desarrollan iniciativas a distintas escalas: desde trabajos de divulgación de alcance regional dedicados al gran público hasta proyectos de investigación de escala nacional que estudian su respuesta al cambio climático en los Parques Nacionales españoles.

Cada libélula que todavía patrulla un arroyo es, en cierto modo, un fragmento vivo de la prehistoria que ha llegado hasta nosotros desafiando el tiempo. Hoy, además de resistir, los odonatos siguen cuidando en silencio de nuestros ríos, humedales y ecosistemas acuáticos. Estaban aquí mucho antes de que nosotros llegáramos. Lo mínimo es asegurarnos de que estos guardianes silenciosos puedan seguir haciéndolo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano?

Fotograma de _Backrooms_. A24

Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. ¿Hay alguien ahí? No hay amenaza visible, tan solo espacios huecos y silenciosos. Ante ese vacío surge una pregunta: ¿ha llegado el Apocalipsis? ¿Dónde están los humanos?

Es como volver a la casa de la infancia y encontrar solo ruinas. Como conservar una fotografía de nuestros seres queridos cuando ya no están vivos: ¿por qué siguen apareciendo en la imagen? Lo cotidiano se experimenta como extraño. Esa extrañeza tiene un nombre cada vez más frecuente en la cultura digital: liminalidad.

El éxito de los backrooms (“trastiendas”), nacidos en internet y convertidos ahora en película, ha dado forma narrativa a una sensibilidad que Valentina Tanni analiza en Estéticas liminales, publicado originalmente como Exit Reality, y traducido recientemente al español.

Tráiler de Backrooms.

No se trata solo de una moda visual de internet hecha de paredes amarillo nicotina, moquetas viejas y luces fluorescentes zumbando sin descanso en un laberinto infinito y onírico de habitaciones vacías. Está en juego una pregunta mucho más radical: qué le está pasando a la idea misma de lugar.

¿Dónde está nuestro hogar?

Una habitación se vuelve lugar cuando alguien puede orientarse en ella, recordarla y sedimentar allí su existencia. El lugar exige tiempo, repetición y vínculo. Por eso una casa no es solo arquitectura, es donde habitamos. El filósofo Gaston Bachelard señaló que el espacio vivido no es simplemente un espacio geométrico delimitado, ya que la casa, el rincón o la habitación nos importan porque organizan imaginariamente nuestra relación con el mundo. En esa intimidad resuena todavía una memoria arcaica de refugio, casi de cueva o incluso útero. Lo que convierte un espacio en hogar es la huella de nuestros gestos y de nuestra pertenencia.

Una casa llena de arena.
Hasta que llega a ser hogar una casa es todavía solo un espacio.
Edoardo Tommasini / Pexels

El sujeto necesita arraigo, pero no permanece inmóvil. Crece, se desplaza, reconfigura roles, atraviesa duelos, nacimientos, separaciones y pérdidas. Los ritos de paso dan reconocimiento comunitario a esos tránsitos. El antropólogo Arnold van Gennep distinguió tres momentos en todo cambio de estado: separación, margen y agregación.

El sujeto se desprende de su posición anterior, atraviesa una fase intermedia y se reincorpora a la comunidad bajo una nueva condición. Victor Turner, estudioso de símbolos y ritos, describió el estado de transición cultural y antropológico como un limbo: un “entre”, un estado ambiguo, por ejemplo, entre la infancia y la adultez, la soltería y el matrimonio, la vigilia y el sueño. Liminalidad proviene, precisamente, del latín limen, umbral.

Ahí aparece la diferencia con nuestra experiencia contemporánea. En el rito, la liminalidad tenía dirección y se atravesaba para transformar el vínculo entre individuo y comunidad. Hoy, en cambio, se multiplican las plataformas, los perfiles, las contraseñas, los videojuegos, los foros e incluso las comunidades digitales, aunque ese tejido social aparece muchas veces mediado por una relación solitaria con la pantalla. En la contemporaneidad postdigital, lo liminal ya no es una fase, se ha convertido en una atmósfera de suspensión desarraigada.

La realidad hecha imagen: ¿vivimos en la pantalla?

Marc Augé llamó no-lugares a los espacios de circulación donde pasamos sin arraigar: los aeropuertos, hoteles de cadena, hospitales, centros comerciales o autopistas. Si bien están llenos de gente, rara vez producen pertenencia. Internet radicaliza esa intuición. Antes de llegar a un restaurante, ya conocemos su decoración. Antes de visitar una ciudad, ya hemos visto sus calles. Antes de conocer a nuestra pareja, ya la hemos seleccionado con un like. Antes de vivir una experiencia, intuimos cómo podría ser publicada.

Unas mesas de diner americano ante unas ventanas, en un espacio vacío sin gente.
Un no-lugar en un aeropuerto.
Dennis Schmidt / Unsplash

La vida queda al servicio de la representación. De ahí que muchos espacios contemporáneos parezcan diseñados para ser fotografiados antes que habitados. Byung-Chul Han ha descrito este desplazamiento como el paso de las cosas a las no-cosas. Las cosas tienen peso, imperfección, duración, resistencia, tacto. Las no-cosas pertenecen al orden de la información, la disponibilidad y la circulación del dato. Cuando el mundo se vuelve imagen, es accesible e intocable al mismo tiempo.

Según Valentina Tanni, estéticas de internet como los backrooms, el vaporwave o el weirdcore no son solo intentos de escapar hacia dimensiones virtuales, sino que también buscan una nueva forma de relacionarnos con el concepto de realidad. La pantalla sería entonces un umbral, un portal. Pero esta zona-umbral tiene una sombra: “la tecnología nos ha puesto en un lugar muy extraño en el que nunca estamos completamente presentes”.

Quizá de ahí proceda la nostalgia que caracteriza a la estética liminal, poblada de imágenes de lugares reconocibles, como un parque infantil de noche, un colegio abandonado, una casa en venta o una piscina fuera de temporada, que conservan la huella espectral de lo humano. Estos lugares extrañamente familiares existen en una dimensión virtual y descorporeizada. Su atmósfera inquietante, o espeluznante, se acrecienta por la ausencia de seres humanos o por el aspecto sintético de la imagen. No sabemos dónde se tomaron esas fotografías, quién las tomó ni cuándo. Esa falta de información parece conceder a la imagen vida propia, casi sobrenatural.

El miedo a la desmaterialización del mundo: Backrooms

Una frase recogida por Tanni condensa la potencia de este imaginario: “Los backrooms son seres informes producto del caos, toman la forma de nuestro inconsciente colectivo”, e inquietan porque parecen los restos degradados de nuestra propia realidad.

Fotografía de una serie de espacios de oficina vacíos, con luz intermitente, moqueta y papel en las paredes.
Imagen original del popular meme de internet conocido como ‘The Backrooms’. Se hizo en un edificio ubicado en 811 Oregon St., Oshkosh, Wisconsin, Estados Unidos. La fotografía fue tomada antes de una renovación.
Bill Magritz/Wikimedia Commons

La película Backrooms ilustra esta angustia al convertir esa dimensión imposible en una copia defectuosa del mundo. En un espacio inhabitable, también la identidad se desintegra. Los alter egos monstruosos atrapados en ese laberinto sin tiempo pueden leerse más como restos deformados de identidad que como criaturas de terror. Son miedos, recuerdos e imágenes separadas del cuerpo vivo que les daba sentido. Ahí emerge el vértigo contemporáneo ante la posibilidad de que nuestros perfiles, avatares, fotografías y duplicados sobrevivan a nuestra presencia. Paradójicamente, esos no-lugares pueden incluso convertirse en refugio cuando la existencia virtual parece menos dolorosa, menos finita y exigente que nuestra realidad material.

La IA generativa ha intensificado esta sospecha. En internet, una habitación puede parecer real sin haber existido nunca, y un rostro puede parecer humano sin pertenecer a nadie. Como escribe Tanni, “Internet […] como un archivo gigantesco y monstruoso, ha absorbido una masa incalculable de ideas, emociones, sentimientos y miedos”. Los backrooms son la imagen espacial de ese archivo: un mundo convertido en resto de sí mismo.


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Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

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‘Chatbots’ que trabajan para la inclusión de personas con discapacidad

Presentarse a una entrevista de trabajo, iniciar una conversación o responder con seguridad a una pregunta parecen situaciones sencillas. Pero no lo son para todo el mundo. Para muchas personas con discapacidad intelectual, estos momentos implican barreras de comprensión, comunicación, memoria, autonomía o confianza.

La inclusión no depende solo de abrir una puerta: a veces, también exige preparar a la persona para cruzarla con seguridad.

Comunicación más allá de las barreras físicas

La discapacidad intelectual implica dificultades importantes para aprender, razonar y desenvolverse en la vida diaria. Estas afectan a las habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Además, deben entenderse teniendo en cuenta el entorno de la persona, su cultura, su forma de comunicación y los apoyos que recibe.

Por eso, hablar de inclusión no es solo eliminar barreras físicas, sino también las dificultades de relación y de comprensión. Para que sea real, es necesario ofrecer oportunidades, apoyos y entornos accesibles. En este sentido, las habilidades sociales y el empleo son fundamentales para que la persona pueda ser más autónoma.

En una situación social, tener una conversación, expresar una preferencia, pedir ayuda o reconocer cómo comportarse son habilidades básicas que influyen directamente en la autoestima de la persona y en su participación en la comunidad.

También lo hace el acceso al empleo, que puede mejorar la autonomía, las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia.

Pero estas habilidades no siempre se aprenden de forma espontánea. En muchos casos, necesitan entrenamiento, repetición, compresión, acompañamiento y un lenguaje sencillo. Aquí es donde la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que esté diseñada desde las necesidades reales de las personas. No se trata de usar tecnología porque sea novedosa, sino de que sea útil, comprensible y cercana.

El móvil como espacio familiar de aprendizaje

Muchas personas con discapacidad intelectual utilizan teléfonos móviles y aplicaciones para mandar mensajes. Ese uso cotidiano abre una posibilidad interesante, porque la persona está familiarizada con un entorno parecido a WhatsApp. Al usar una herramienta educativa basada en la conversación, el aprendizaje puede resultar más fácil; la persona es capaz de seleccionar las opciones que se presentan en su teléfono y desarrolla habilidades en su uso.

Ejemplo de conversación en el chat de Inclu-si Lab.

En este contexto, un chatbot permite practicar mediante preguntas y respuestas. El usuario recibe indicaciones de forma inmediata y puede repetir una situación tantas veces como sea necesario. Además, si el lenguaje es sencillo, la interfaz es clara y se ofrecen refuerzos positivos. Al mismo tiempo, se reduce la ansiedad y se favorece el aprendizaje.

La clave no está solo en la inteligencia artificial, sino también en el diseño inclusivo: lectura fácil, interacción por voz o texto, mensajes comprensibles y una experiencia parecida a una conversación real, como se indica en la guía de Plena inclusión.

Dos ejemplos: CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB

Uno de nuestros desarrollos en esta línea es CapacitaBOT, una aplicación móvil para entrenar habilidades sociales mediante conversaciones guiadas, lenguaje sencillo y refuerzo positivo. Su objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual para que aprendan a empezar, mantener y terminar conversaciones.

Está diseñada como una aplicación Android sencilla, con interacción por voz, a través de la plataforma IBM Watson y puede considerarse un recurso educativo inclusivo, especialmente útil para practicar situaciones próximas a la vida real.

Capacitabot es una aplicación para dispositivos Android diseñada para reforzar habilidades sociales en personas con discapacidad intelectual.

Otro ejemplo diseñado por nuestro equipo es la aplicación INCLU-SÍ LAB, centrada en la inclusión laboral. Su finalidad es entrenar a personas con discapacidad intelectual para afrontar una entrevista de trabajo y, de esta manera, mejorar sus habilidades comunicativas y su autonomía. El sistema permite practicar preguntas habituales de una entrevista, organizar información personal y recibir apoyo durante el proceso. Puede utilizarse desde el ordenador o el móvil, de forma escrita u oral.

INCLU-SÍ LAB es innovadora desde el punto de vista tecnológico porque incorpora técnicas de inteligencia artificial que facilitan y enriquecen el autoaprendizaje de la propia herramienta, así como de sus usuarios.

Una IA que acompaña, no sustituye

La inteligencia artificial puede ponerse al servicio de las personas y favorecer la inclusión, sin sustituir a los profesionales, los educadores o a las familias.

Como complemento a los apoyos existentes, un chatbot puede ofrecer un espacio seguro para practicar, equivocarse, volver a intentarlo y ganar confianza. Puede ayudar a que una persona esté mejor preparada para mantener una conversación, hacer una entrevista o estrenarse en una situación social nueva.

El reto es seguir investigando y mejorar las aplicaciones existentes, pero hacerlo contando con la participación de las propias personas destinatarias. Además, debemos garantizar que la IA no genere nuevas barreras.

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Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación

David Peinado Romero/Shutterstock

Cuando hablamos de odio solemos pensar en insultos y humillaciones. Sin embargo, el rechazo a los inmigrantes puede camuflarse bajo un envoltorio más “amable”. Los mensajes hostiles hacia ellos en redes sociales tienen el enorme poder de cambiar lo que pensamos. Por eso es importante entender cómo nos afectan.

Uno de cada tres europeos entiende la inmigración como un problema. En ese contexto, las plataformas digitales son terreno abonado para el odio. Así, las redes sociales se han convertido en un altavoz que difunde estereotipos negativos. Y pueden apoyar la exclusión de personas y grupos sociales.

Mensajes tras la tragedia

En junio de 2022, 2 000 inmigrantes africanos intentaron saltar la valla que separa España de Marruecos. Al menos 37 personas murieron y cientos resultaron heridas. La policía de ambos países no se libró de críticas. Este tipo de sucesos, por ejemplo, es muy habitual que desencadene la proliferación de mensajes de odio en redes sociales.

Un experimento reciente investigó los mecanismos psicológicos de los discursos contra los inmigrantes y se indagó cómo afecta a los usuarios de redes el tipo de lenguaje de los mensajes y su viralidad.

El discurso de odio rechaza a las personas por quienes son o por el grupo al que pertenecen: su origen étnico, su situación de diversidad funcional, su orientación sexual o su identidad de género. En el caso de los inmigrantes, el discurso hostil más habitual es que suponen una carga económica para el país, crean inseguridad y amenazan nuestra cultura.

La creciente presencia en el entorno digital de este tipo de mensajes nos obliga a entender cómo se expanden y cómo afectan a nuestras actitudes y creencias.

Para ello, los investigadores crearon versiones diferentes de una historia en primera persona. Un tuitero contaba cómo le afectaba lo ocurrido, variando la forma de expresarse y el número de interacciones. Mientras una versión empleaba vocabulario ofensivo, otra usaba términos más neutros. Además, una versión recibía muchos likes, era compartida y comentada y otra pasaba desapercibida.

Más de trescientos participantes leyeron estos tuits. Se quería conocer si cada versión les produciría un diferente efecto. ¿Sentían conexión con el autor de cada relato? ¿La historia les envolvía? Finalmente, ¿compartirían más una variante que otra? ¿Cambiarían sus actitudes hacia los inmigrantes? ¿Apoyarían políticas más duras?

Lenguaje correcto, actitudes negativas

Los usuarios de redes experimentan mayor “fusión identitaria” con quienes no insultan. Evitar lenguaje tóxico favorece compartir visiones que, en realidad, perjudican a los inmigrantes.

Todos pensamos que hablar con corrección formal ayudaría a superar barreras mentales. Pero esto, curiosamente, puede facilitar también la difusión de mensajes que refuerzan actitudes negativas. De fondo, promueven políticas restrictivas.

Un discurso sin ofensas duras favorece conectar psicológicamente con su autor. Esta investigación propone el Modelo THREAD (siglas de Toxic Hate Responses Emerging After Disruptive Events o Reacciones de odio tóxico que surgen tras sucesos perturbadores). Más allá de expresiones agresivas, una narración transmite su carga de odio mediante historias emocionales que resultan familiares.

La ideología modera el efecto

En ocasiones nos sentimos inmersos en una narración. Experimentamos lo que se denomina “transporte narrativo”, un proceso que nos hace más propensos a cambiar de opinión. Cuando una historia nos engancha bajamos la guardia. La interiorizamos. Y, entonces, nuestras actitudes pueden llegar a modificarse.

Una característica de las personas de ideología más conservadoras es que habitualmente son más críticas con la inmigración. En el caso estudiado, solo los conservadores se sumergían más en estas narrativas cuando los tuits no parecían tóxicos.

Se sabe que las personas interpretamos en función de nuestras creencias. Por ello, un mensaje hostil contado con lenguaje neutral puede sonar aceptable a una persona conservadora. Suavizar el tono aumentaría la receptividad y disminuiría la resistencia.

Vivimos en plena fiebre por conseguir likes. Queremos que nuestros mensajes sean compartidos y comentados. Sin embargo, la repercusión en redes sociales no afectó a las actitudes de los participantes. Aunque deseamos respaldo social, nos importa más cómo nos cuentan las cosas. Y coincidir ideológicamente.

Estrategias que normalizan la exclusión

Así, el odio se expande apartándose del lenguaje tóxico. Evita el rechazo que generan los insultos. Entonces se puede conectar con lo que nos cuentan. E incluso asumir la perspectiva de la persona que lo cuenta.

Los mensajes malsonantes y agresivos no son el problema. Lo realmente grave es que bajo un estilo no agresivo se dibuje a la inmigración como una amenaza. Cuando el discurso de odio se normaliza logra mayor intención de compartirse. Y multiplicaría su difusión.

La conclusión es interesante para las campañas de alfabetización mediática. Se debe desvelar cómo el vocabulario moderado ayuda a perpetuar estereotipos y a moldear creencias y actitudes.

Estos hallazgos destacan que las formas más sutiles de discurso de odio pueden generar fuertes conexiones entre la audiencia y perspectivas hostiles, subrayando la necesidad de que las campañas contra el odio aborden tanto el contenido de odio explícito como el sutil.

La exclusión viste guante de seda. Toca descubrir el puño de acero que esconde debajo.

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Innovar en el campo también es cosa de mujeres, pero ellas lo hacen de otra manera

Zoteva/Shutterstock

El sector agrario atraviesa una profunda transformación impulsada por los ajustes que exige el mercado, el impacto del cambio climático y las crecientes demandas ambientales procedentes de Europa. En este contexto, la innovación ya no es una opción, sino una condición imprescindible para la supervivencia. Quienes no logran adaptarse corren el riesgo de quedar fuera, como ya está ocurriendo con numerosas explotaciones que desaparecen o son absorbidas por otras de mayor tamaño.

En España, menos de tres de cada diez explotaciones agrarias están dirigidas por mujeres y, en promedio, son más pequeñas y menos rentables. Aun así, muchas agricultoras y ganaderas lideran transformaciones clave en el medio rural mediante la innovación, la diversificación y nuevas formas de producir y comercializar, aunque a menudo su papel siga siendo poco visible.

Durante décadas, el trabajo de las mujeres en la agricultura y la ganadería ha quedado diluido en el ámbito familiar, como si fuera una prolongación natural de los cuidados y no una actividad económica con identidad propia. No es que no participaran: es que su contribución rara vez se reconocía como tal. Esa invisibilidad histórica sigue proyectando su sombra en el presente. Persisten esos roles asignados y una falta de autovaloración de su trabajo y de lo que este implica.

Y es ahí donde reside la paradoja: aunque las mujeres siguen siendo minoría en la titularidad de las explotaciones, están protagonizando una parte significativa de los procesos de innovación que están transformando el sector agrario.

Algo está cambiando en el campo

Hoy, muchas agricultoras y ganaderas no solo participan en la actividad agraria, sino que están impulsando formas distintas de innovar. Porque innovar en el campo no consiste únicamente en incorporar maquinaria más avanzada o adoptar nuevas tecnologías –aunque ellas también lo hacen–. Es, cada vez más, repensar el modelo productivo, explorar nuevas formas de comercialización, diversificar actividades o reconstruir vínculos con el territorio.

En este terreno, las mujeres están ampliando los límites de lo que entendemos por innovación. Junto a las mejoras técnicas, es frecuente encontrar iniciativas que combinan producción y transformación. También apuestan por la venta directa o los circuitos cortos, incorporan el agroturismo o generan redes de colaboración entre productoras. Son estrategias que no solo buscan rentabilidad económica, sino también sostenibilidad, arraigo territorial y calidad de vida.

Este enfoque más amplio no es casual. Responde, en muchos casos, a una manera distinta de entender la explotación agraria: no solo como una unidad productiva, sino como un proyecto vital. La innovación, así, deja de ser una decisión puntual para convertirse en un proceso continuo de adaptación, aprendizaje y conexión con el entorno.

En este punto, conviene preguntarse si estamos entendiendo la innovación con mirada adecuada. Muchas iniciativas impulsadas por mujeres no se reconocen porque no encajan en indicadores centrados en la tecnología o la productividad, lo que evidencia la necesidad de ampliar cómo se define y mide la innovación agraria. Además, estas innovaciones suelen basarse en la colaboración, el intercambio de conocimiento y la cooperación entre actores. Reconocerlas y valorarlas resulta esencial para promover un modelo agrario más territorial, cohesionado y sostenible para las comunidades rurales.

El potencial transformador convive con una realidad llena de obstáculos

Las mujeres siguen siendo minoría en la titularidad de las explotaciones, especialmente en las de mayor tamaño y rentabilidad. También tienen menor acceso a las ayudas de la PAC (Política Agraria Común), en parte asociadas con estructuras productivas que históricamente las han excluido. La mayor parte de las ayudas que reciben las explotaciones en Europa están vinculadas a la superficie cultivada, lo cual perpetúa la brecha de género respecto al importe medio recibido.

A ello se suman barreras menos visibles, pero igualmente decisivas. La falta de tiempo derivada de la sobrecarga de cuidados, la escasez de servicios en el medio rural o la ausencia de referentes femeninos en posiciones de liderazgo limitan sus oportunidades de emprender y consolidar proyectos innovadores. En muchos casos, no se trata de falta de capacidad o de iniciativa, sino de un entorno que no está diseñado para ellas.

El territorio tampoco ayuda. En amplias zonas rurales, la despoblación, el envejecimiento y la falta de infraestructuras dificultan el acceso a formación, mercados o redes de apoyo. La conectividad digital, clave para muchos procesos innovadores, sigue siendo insuficiente en algunos espacios. Innovar, en estas condiciones, exige un esfuerzo añadido.

En los últimos años se han incorporado desde la PAC medidas orientadas a favorecer la participación de las mujeres en el sector primario. Pero la mayor parte de estas intervenciones siguen operando bajo una lógica aparentemente neutral que, en la práctica, reproduce desigualdades. No basta con incluir a las mujeres como beneficiarias: es necesario revisar las reglas del juego. De lo contrario, las políticas actúan sobre los síntomas de la desigualdad, pero no sobre las causas que la generan.

Porque la cuestión de fondo no es solo cuántas mujeres hay en el sector, sino en qué condiciones participan, qué capacidad de decisión tienen y si el propio sistema les está permitiendo –o impidiendo– ser verdaderas agentes de transformación.

Ante esta coyuntura, las agricultoras reclaman políticas más adaptadas al territorio, menos burocracia y mayor presencia en los espacios de decisión. También demandan medidas concretas para reducir la incertidumbre en el sector agrario, mejorar el acceso a la tierra y al asesoramiento, facilitar la conciliación, reforzar las infraestructuras rurales y simplificar los marcos normativos.

Ha llegado el momento de cambiar la mirada

No se trata solo de incorporar más mujeres al campo, sino de reconocer su papel clave en la transformación del medio rural. Muchas respuestas a desafíos como la sostenibilidad, la cohesión territorial o el relevo generacional pasan por las formas de innovación que ellas impulsan. El futuro agrario depende también del modelo de desarrollo que se quiera promover. En un modelo vinculado al territorio, las mujeres ya están marcando el camino.

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Un año después del apagón: ¿por qué millones de personas se quedaron también sin agua corriente?

Sergei Gorin/Shutterstock

El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, se produjo el mayor apagón eléctrico en Europa en más de dos décadas, que afectó a más de 58 millones de personas en España, Portugal y Andorra. Además de la ausencia de luz, muchos de estos ciudadanos se encontraron con otro problema que, en principio, podríamos no relacionar con el primero: al abrir el grifo, no salía agua.

Sin electricidad, el agua dejó de llegar a las viviendas. Esto revela una dependencia invisible que rara vez aparece en el debate público: el suministro de agua no puede existir sin electricidad.




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Cada gota consume kilovatios de energía

En España, el consumo energético medio del ciclo integral del agua (captación, potabilización, distribución, alcantarillado y depuración) se sitúa en torno a 1 kilovatio hora (kWh) por metro cúbico de agua. Para una familia de cuatro personas donde cada uno consume 150 litros de agua al día, eso representa un consumo energético mensual de 18 kWh. Esto equivale aproximadamente al consumo eléctrico mensual de un televisor encendido cuatro horas al día o a realizar una carga de lavadora al día durante todo el mes.

Sin generadores de respaldo o sistemas autónomos, un corte eléctrico paraliza todo el sistema urbano del agua en minutos. El apagón puso a prueba esta vulnerabilidad a escala peninsular. Afortunadamente, el sector superó el problema: los principales operadores urbanos activaron planes de contingencia que permitieron mantener el servicio mediante grupos electrógenos y operación manual cuando los sistemas digitales perdieron conectividad. Una lección doble: la resiliencia es posible, pero depende de haberla planificado antes del fallo.

Instalaciones de agua que también generan electricidad

Lejos de ser un problema sin solución, el sector del agua en España acumula experiencias que muestran el camino en el largo plazo. La clave está en transformar las instalaciones del ciclo urbano del agua de simples consumidoras de energía en productoras netas.

Dos líneas de actuación tienen ya evidencia sólida en este sentido:




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  • Digitalización y detección de pérdidas. El PERTE de Digitalización del Ciclo Urbano del Agua, financiado por la Unión Europea, ha movilizado más de 550 millones de euros en subvenciones para la digitalización de redes, implementación de sensores de detección de fugas y monitorización del ciclo del agua en tiempo real.

    Reducir las pérdidas en red no solo ahorra agua, sino también la energía que se consume para bombearla. Y esa energía ahorrada es exactamente la que hace falta cuando la red eléctrica falla.

Un apagón que para otros es cotidiano

El Día Mundial del Agua de este año, celebrado el 22 de marzo bajo el lema “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, puso sobre la mesa una cifra que conviene no perder de vista: 2 100 millones de personas siguen sin acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Para ellas, lo que en la península ibérica duró unas horas es una realidad permanente.




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El apagón ibérico demostró que incluso en países con infraestructura avanzada el agua puede dejar de fluir en minutos cuando falla la energía. Para más de una quinta parte de la humanidad, esa interrupción no es una emergencia puntual: es la norma. España tiene las herramientas y la experiencia para construir un ciclo urbano del agua más resiliente. Aplicarlas no es solo una cuestión de eficiencia técnica. Es una condición para garantizar un derecho humano básico, aquí y en cualquier parte del mundo.

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Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido

Leopoldo Calvo-Sotelo (izquierda) y el secretario general del PSOE, Felipe González, reunidos durante el traspaso de poderes el 3 de noviembre de 1982, tras las elecciones generales del 28 de octubre, en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta. Presidencia del Gobierno de España/Wikimedia Commons, CC BY

Nadie cuestiona que el carisma de Adolfo Suárez fuera determinante para poner en marcha la transición a la democracia en España, del mismo modo que tampoco se plantea la importancia del liderazgo de Felipe González para acometer la modernización del país en los años siguientes.

Sin embargo, la duda surge cuando nos preguntamos por la aportación de Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente casi desconocido que ocupó el Palacio de la Moncloa entre aquellos dos grandes líderes.

Hasta hace poco la historiografía tendía a considerar la etapa de Calvo-Sotelo como un apéndice de los últimos gobiernos centristas o el prólogo de los socialistas que vinieron a continuación, pero últimas investigaciones avalan la idea de que se trata de un momento histórico con perfiles bien definidos e identidad propia.

Un monárquico convencido

Calvo-Sotelo nació hace cien años en Madrid (el 14 de abril de 1926), aunque su infancia transcurrió en Galicia. Ingeniero de caminos y empresario, católico convencido, fue un monárquico seguidor de Juan de Borbón, el abuelo de Felipe VI, que se incorporó al mundo de la política en el primer gobierno de Juan Carlos I en 1975.

Desde entonces ocupó los ministerios de Comercio, de Obras Públicas, de Relaciones con Europa y la vicepresidencia para Asuntos Económicos. Fue también uno de los creadores de Unión de Centro Democrático (UCD), y finalmente presidió el gobierno durante 644 días, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982.

Por biografía, por talante, por convicción y por sus hechos pertenece a la generación que lideró el proceso de transición desde la dictadura franquista a la democracia sobre la base del consenso, la moderación y la reconciliación nacional.

El reto: consolidar la democracia

Calvo-Sotelo llegó al poder seguramente en el peor momento tras la muerte del dictador Francisco Franco. Adolfo Suárez había dimitido, él había sido designado su sucesor por UCD y en medio de la sesión de investidura se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

La entrada del teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero en el Congreso extendió la impresión de que la democracia española estaba en el alambre y condicionó de una u otra manera todo lo que ocurrió después.

Así pues, frente a la magia de Suárez, capaz de remodelar el edificio y que los grifos siguieran funcionando (según definió su labor en un conocido discurso), la misión del ingeniero Calvo-Sotelo sería conseguir que las nuevas estructuras aguantaran la tensión y se mantuvieran en pie, incluyendo la sacudida de un terremoto golpista.

De este modo, consolidar la democracia se convirtió en el eje de su mandato. Para ello tenía que afrontar problemas no resueltos de la etapa anterior y buscar soluciones para los nuevos.

Con este objetivo de fondo se adoptaron numerosas iniciativas políticas, algunas de las cuales pueden ser consideradas esenciales para la configuración de España tal y como hoy la conocemos. Todo ello se afrontó buscando el acuerdo, cuando fue posible, con el PSOE, principal partido de la oposición.

Las medidas: luces y sombras

En aquellos meses se avanzó decisivamente en nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea, cerrando capítulos importantes de la negociación, y se produjo en 1982 la incorporación de España a la OTAN, la organización militar que agrupa a las democracias occidentales, a pesar de la existencia de una fuerte movilización de la izquierda en su contra. De esta manera se acababa con el secular aislamiento de España durante la Edad Contemporánea.

En política interior se aprobó la ley del divorcio, con lo que se avanzó definitivamente en la secularización de la sociedad española. Calvo-Sotelo racionalizó y ordenó el proceso autonómico generalizando el modelo (se aprobaron nada menos que 12 Estatutos de Autonomía) y homogeneizando las competencias y la arquitectura institucional de las distintas comunidades.

España pasaba a ser un Estado fuertemente descentralizado en la que resultó ser la mayor operación de distribución territorial de poder desde la creación de las provincias en el siglo XIX por los liberales.

También se combatió el golpismo y se asentó la preeminencia del poder civil sobre el militar con el recurso al Tribunal Supremo de la sentencia del 23-F, cerrando la intervención de los militares en política tan característica de nuestra historia.

En otros terrenos los logros fueron menos decisivos. Se intentó combatir la crisis económica a través de un acuerdo entre empresarios y sindicatos (ANE) y se pusieron las bases para la reconversión industrial, si bien el paro siguió aumentando y no se consiguió controlar la inflación.

Los constantes atentados de la organización terrorista ETA continuaron siendo la mayor amenaza de desestabilización del nuevo régimen. El Gobierno luchó contra el terrorismo mejorando las dotaciones policiales, facilitando la disolución de ETA político-militar, deslegitimando el discurso nacionalista violento e intentando conseguir la colaboración internacional.

Hubo también proyectos fallidos. Así, por ejemplo, se intentó aprobar una Ley de Autonomía Universitaria (LAU) que modernizara la enseñanza superior pero, por diversas razones, no se consiguió. Tras una ardua negociación con el Reino Unido estuvo a punto de abrirse la verja de Gibraltar, pero el estallido de la guerra de las Malvinas frustró aquella iniciativa.

La derrota de 1982

El final de la presidencia de Calvo-Sotelo vino determinado por la crisis interna de UCD, minada por los personalismos y las deserciones. El fracaso a la hora de crear un partido sólido y coherente había sido ya decisivo en la salida de Adolfo Suárez, y Calvo-Sotelo no consiguió tampoco mejorar la situación.

Tras varias derrotas en elecciones autonómicas y después de conocer que Suárez creaba otro partido,el Centro Democrático y Social, Calvo-Sotelo decidió anticipar las elecciones generales. El resultado fue una histórica mayoría absoluta del PSOE y la práctica desaparición del partido centrista que había liderado la Transición.

En octubre de 1982 la democracia estaba ya lo suficientemente asentada como para que se produjera la alternancia política con plena normalidad. En último término ese sería el mayor legado de los 644 días de Leopoldo Calvo-Sotelo.

The Conversation

Investigador principal del proyecto La presidencia de gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982), Referencia HAR2010-20762 (subprograma HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación desde 1-1-2011 hasta 31-12-2014.

Investigador principal del proyecto Perfiles del centro político : proyectos y realizaciones (1976-1986), Referencia HAR2016-75600-C2-2-P2., financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad desde el 30-12- 2016 hasta 29-12-2019.

Colaborador de la Fundación Transición Española