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Horror a las plantas: entre la ciencia vegetal y los terrores victorianos

Lámina litográfica en color de la obra ‘Kunstformen der Natur’ de Ernst Haeckel, de 1899, que muestra una representación artística de distintas variedades de orquídeas: Wikimedia Commons

Las plantas son innegablemente diferentes a nosotros. Esto les ha permitido hacerse un hueco en la imaginación popular como seres aterradores. A veces han sido adoradas como deidades, otras han sido vistas como monstruos por su imposibilidad de ser liberadas por sus raíces y su –en ocasiones– crecimiento descontrolado.

Por eso muchas veces han sido representadas como una amenaza para los seres humanos en la literatura, el cine, la televisión, los cómics, los videojuegos y otros medios.

Esto sucedió en la época victoriana. A lo largo del siglo XIX las plantas exóticas eran comunes, generalmente descritas como peligrosas. Pero el final de siglo fue testigo de una explosión de interés, tanto científico como literario, en el que las plantas letales pasaron de ser potenciales envenenadores a seres que abiertamente mataban al ser humano.

Por eso ocuparon una posición destacada en la ficción, bastante cercanas a la fantasía, añadiendo elementos detectivescos, de aventuras y científicos.

H. G. Wells

Herbert George Wells (1866-1946) fue un creativo escritor inglés, hijo de un jardinero. Gracias a este parentesco desarrolló interés y conocimiento en botánica. Hoy en día, la figura de Wells es central al hablar de la evolución de las novelas científicas en la ficción moderna. Se le considera un maestro en temas como viajes en el tiempo, invasión extraterrestre, mutación biológica, ciudades futuras y distopías, gracias a obras como La máquina del tiempo (1895), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898).

En la literatura finisecular la vida botánica actualizó el género gótico, lleno de degeneración. Teniendo en cuenta esta realidad, es fácil documentar la fascinación victoriana por las plantas carnívoras. Wells, como autor de la época, también se sumó al carro.

Su relato “La floración de la extraña orquídea” se publicó por primera vez el 2 de agosto de 1894, en The Pall Mall Budget, reapareciendo más tarde en The Stolen Bacillus and Other Incidents, una colección publicada en 1895 que contiene quince cuentos fantásticos.

“La floración de la extraña orquídea” combinaba la botánica amateur con la ciencia ficción. En el relato, Wells describe la relación entre Winter-Wedderburn, un inglés coleccionista de orquídeas, y su espécimen recién comprado. Wells presenta una planta que muestra agresividad y malas intenciones. La historia detalla la aterradora (y ficticia) capacidad de la vida vegetal para tragar, engullir, invadir y matar humanos.

El escritor ofrece una visión de un espécimen del mundo vegetal como una verdadera amenaza, convirtiendo su producción en un texto pleno de terror, que al final refleja angustias profundas y arraigadas dentro de la cultura existente.

El Imperio en peligro

“La floración de la extraña orquídea” muestra el vínculo entre la noción de imperio y la amenaza de un ser extraño, sediento de sangre humana, que hace que peligre su existencia. Al igual que el conde protagonista de Drácula –novela publicada en 1897, solamente tres años después–, la orquídea acecha Inglaterra. Ambas narraciones comparten el tratar la temática del parásito –una planta y un vampiro, respectivamente– que proviene de otro país y pretende invadir el imperio inglés.

Además, en el caso que nos ocupa, la orquídea, que ya proviene de un lugar inferior –por venir de fuera del Imperio– es feminizada –debemos tener en cuenta que a comienzos del siglo diecinueve la botánica se consideraba una tarea femenina–. Es decir, la planta era violenta pero de “menor categoría” que sus víctimas.

El relato también hace hincapié en los peligros de interferir con la naturaleza y sus consecuencias. Dice claramente que los humanos no siempre pueden domesticar el mundo natural y que, a pesar de su inmensa belleza, este es a menudo peligroso, incluso letal.

H. G. Wells, valiéndose de la literatura, trata el concepto de la evolución. Hace que el lector se cuestione el estatus supuestamente privilegiado del ser humano.

Las orquídeas como seres de otro mundo

El gran conocimiento que Wells tenía de las ciencias de las plantas se refleja en su pluma. No solo describe y juega con mecanismos fisiológicos de varios tipos de plantas, sino que se adelanta a su tiempo, considerando las orquídeas carnívoras o parásitas.


La polilla esfinge fertiliza una orquídea en los bosques de Madagascar. Ilustración de Thomas William Wood.
Wikimedia Commons

El propio Charles Darwin afirmó que las orquídeas eran universalmente reconocidas como unas de las formas más singulares del reino vegetal. Estas plantas estaban claramente dotadas de rasgos extraños, ejerciendo una especie de influencia mágica en la mente de los victorianos. Wells aborda la visión popular de las orquídeas como más que simples seres vegetales, casi humanos, capaces de un comportamiento inexplicablemente siniestro.

El relato también es uno de los primeros ejemplos literarios donde no son los animales e insectos quienes se alimentan de sangre, sino los integrantes del reino vegetal. Al hacerlo, Wells creó una de las producciones literarias más siniestras, presentando una planta que absorbe la energía vital de sus víctimas, alimentándose de presas humanas.

Las orquídeas asesinas estaban entre las muchas plantas que depredaban la imaginación de sus cultivadores a finales del siglo XIX. Este fue sin duda un género popular (y exitoso). Uno puede preguntarse por qué las orquídeas se volvieron tan asesinas en la imaginación victoriana.

Pero, gracias al detalle que Wells emplea para describir todos los temas que quiere aglutinar con mucha precisión, lo que no puede negarse es que esta es una de las narraciones más efectivas del escritor.

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Podríamos evitar la corrupción en los contratos públicos con inteligencia artificial

Parte de los daños en las edificaciones, durante el terremoto del pasado febrero en Turquía, se debieron a las irregulares licitaciones que se habían realizado. Shutterstock

El aumento de los niveles de corrupción es una preocupación creciente en muchos países, lo que ha llevado a investigadores de diversas disciplinas a buscar nuevas formas de detectarla y combatirla.

Por nuestra parte, hemos querido identificar los factores que aumentan el riesgo de corrupción en los procesos de contratación pública.

Corrupción no casa con crecimiento

La corrupción, especialmente en el sector público, afecta a países de todo el mundo y puede tener graves consecuencias económicas, políticas y sociales de las que tenemos ejemplos muy recientes.

Tras el terremoto que en febrero de 2023 asoló zonas de Turquía y de Siria se ha visto que parte de los daños en las edificaciones se debieron a las irregulares licitaciones que se habían realizado, y a que algunos edificios que no cumplían con las normas mínimas de seguridad habían superado correctamente los controles de las autoridades.

En el ámbito económico, las prácticas corruptas pueden disuadir a los agentes extranjeros y nacionales de invertir en un país, ralentizando su crecimiento.

Además, pueden limitar la competencia en los mercados, erosionar la confianza en las instituciones –y en los políticos–, exacerbar la desigualdad y limitar el acceso a servicios públicos básicos como la educación y la salud.

Favoritismo inconsciente

Basándonos en los criterios de selección incluidos en los anuncios de contratación pública, hemos buscado cuantificar el riesgo de corrupción en dichos procesos de licitación.

La idea subyacente es que algunos de los criterios exigidos a los participantes en los concursos públicos pueden ser subjetivos o estar elaborados de tal forma que, inadvertidamente, pueden inducir al favoritismo en la concesión de los contratos, limitando la competencia y, en esencia, causando un perjuicio al conjunto de la sociedad.

En nuestro trabajo hemos analizado una muestra de más de 70 000 licitaciones públicas de 33 países europeos en los años 2016, 2017 y 2018. Para ello, utilizamos algoritmos de modelado del lenguaje y redes neuronales, concretamente las técnicas LDA (asignación latente de Dirichlet) y SOM (mapas autoorganizados).

El modelo analiza los anuncios de contratación pública e identifica grupos de riesgo en función de la posibilidad de que un contrato presente irregularidades susceptibles de limitar la libre competencia.

Criterios fallidos

En esencia, el riesgo de corrupción se cuantifica a través del número de ofertas recibidas en cada subasta: un número bajo de ofertas es señal de una potencial falta de competencia.

Entre los elementos que pueden facilitar la corrupción en la asignación de contratos están:

La duración (a partir del cuarto año se incrementa el riesgo de corrupción).

El importe total del contrato.

Nuestros resultados sugieren que los contratos públicos basados principalmente en criterios de precio son los que más riesgo de corrupción presentan.

Aunque pueda parecer que asignar contratos de acuerdo con el precio más bajo es un criterio transparente y objetivo, está muy ligado a algunas prácticas corruptas: un suministrador podría ofrecer un precio bajo en la licitación y renegociarlo una vez celebrado el contrato o, tras haber eliminado a sus competidores, incurrir en sobrecostes.

De hecho, la normativa europea sobre contratos públicos desaconseja el uso exclusivo de este criterio en las licitaciones públicas.

La mejor relación calidad-precio

También parece que haya diferencias entre otros criterios de evaluación empleados en los contratos públicos analizados.

Nuestros resultados muestran que los concursos que evalúan la calidad técnica y la oferta económica de las propuestas fomentan la participación y favorecen la competencia entre empresas. Además, son menos propensos a recibir un bajo número de ofertas.

En ese sentido, nuestra investigación confirma la conveniencia de utilizar el criterio MEAT, que busca la mejor relación calidad-precio y no únicamente el precio de salida más bajo. Además, considera cuestiones como innovación, garantías, fechas de entrega o impacto medioambiental y social.

Supervisión y eficacia

Poder identificar los contratos públicos que requieren una especial atención y vigilancia orienta a las autoridades públicas y a los organismos anticorrupción a la hora de fijar prioridades y asignar recursos, que siempre son escasos pues no se pueden analizar con detalle todos los contratos.

Nuestro trabajo apunta a una serie de nuevas líneas de investigación, pues las formas de fraude evolucionan rápidamente. Por ejemplo, tras la pandemia de covid-19, los países han incrementado el volumen de fondos públicos para incentivar la recuperación económica, como los fondos Next Generation de la UE. Su correcta asignación y empleo son clave para garantizar su eficacia, lo que hace necesarios mecanismos de supervisión semejantes al propuesto en nuestro trabajo.

Iván Pastor Sanz, experto en revisión y control de riesgos crediticios en BNP Paribas, es coautor de este artículo.

Félix J. López Iturriaga recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (España).