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El huerto escolar: mucho más que aprender a comer sano

Alumnas de cuarto de primaria observan insectos en un huerto escolar. Marcia Eugenio-Gozalbo.

Es cada vez más habitual que los centros educativos dispongan de un espacio para cultivar, como un huerto sobre suelo, bancales elevados de cultivo, mesas de cultivo o huertos verticales. El uso de estos espacios está comúnmente vinculado con la enseñanza de la alimentación saludable, pero son numerosas las cuestiones educativas relevantes que pueden abordarse desde un huerto.

Incluir huertos en los patios escolares es una iniciativa con múltiples beneficios y no resulta cara ni complicada. Las propias administraciones educativas los promueven como parte de los patios verdes.

¿Qué cosechamos de los huertos educativos?

Los huertos proporcionan experiencias de aprendizaje al aire libre sin salir de la escuela, ahorrando a los docentes el tiempo de clase que se invierte en desplazamientos y organización de salidas escolares (que, no obstante, son importantes y deben realizarse).


Estudiantes de 4º curso de primaria del colegio público Numancia (Soria) durante la realización de una actividad sobre insectos en el Huerto EcoDidáctico de la Facultad de Educación de Soria.
Marcia Eugenio-Gozalbo.

La experiencia directa de la naturaleza juega un papel vital, quizás insustituible, en el desarrollo afectivo y cognitivo de las personas, y el contacto habitual con ella tiene un efecto psicoemocional reparador. Así, disponer de espacios verdes en las escuelas y utilizarlos para enseñar repercute positivamente sobre la salud y el bienestar de los estudiantes, mejorando su participación y atención en las clases posteriores.



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Las experiencias regulares de contacto con la naturaleza fomentan el desarrollo de actitudes y conductas de cuidado del entorno, particularmente cuando ocurren desde edades tempranas, porque es en la infancia cuando se establecen vínculos afectivos positivos con ella. Por eso, a nivel internacional, organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza destacan la importancia de naturalizar las escuelas, incorporando elementos naturales, para educar ciudadanos comprometidos con el medio ambiente.

Desde el punto de vista de las ciencias, un huerto es un agroecosistema: un sistema complejo donde se dan los mismos procesos que en la naturaleza, pero gestionado por el ser humano. Cuando disponemos de un huerto, los profesores podemos plantear investigaciones para abordar el estudio de los elementos (plantas, fauna asociada, suelo, etc.) y procesos (ciclos de materia, interacciones entre especies, etc.), de modo que el alumnado aprenda ciencia haciendo ciencia: observando, midiendo, diseñando experimentos, etc.

Una corriente con una larga historia

En realidad, el uso de huertos educativos fue propuesto por eminentes filósofos y pedagogos ya desde el siglo XVIII. Rousseau señaló la necesidad de educar a los infantes en el medio y en base a su propia experiencia; el pedagogo suizo Enrique Pestalozzi iniciaba a los niños en el cuidado del huerto familiar, usando la observación directa para la comprensión de hechos y fenómenos; el alemán Friedrich Fröbel, fundador de los primeros “jardines de infancia”, incluía en estos plantas, animales, materiales de construcción y herramientas sencillas.

Ya hacia el siglo XX, el estadounidense John Dewey señalaba la importancia del aprendizaje que proporcione experiencias valiosas; María Montessori introdujo en las labores de la escuela los ejercicios de la vida práctica, como el cuidado de plantas y animales domésticos; el belga Ovide Decroly promovía introducir el estudio de la vida y la interacción con el ambiente en los programas escolares; y el francés Célestin Freinet defendía una educación científica basada en la observación y la investigación, concibiendo el huerto como un recurso que las facilita.



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Cultivando la transformación social

Disponer de un huerto en la escuela proporciona la oportunidad de educar en la reflexión crítica sobre cómo nos relacionamos con el medio y, más en concreto, sobre cómo producimos nuestros alimentos. En un contexto global de crisis socioambiental y de tránsito hacia sociedades sostenibles, la naturaleza nos proporciona un modelo a seguir.

Por eso, la agricultura que enseñamos en los huertos educativos se basa en la imitación de los ecosistemas naturales. Algunos de sus principios orientadores son: aprovechar al máximo los recursos naturales, reciclar la materia orgánica o favorecer la mayor diversidad posible de organismos. Así se hace, por ejemplo, en la permacultura, la agricultura ecológica o la agricultura regenerativa.

Beneficios en todas las etapas educativas

Los huertos en los centros educativos suponen ventajas en todas las etapas, desde la educación infantil hasta la universitaria. Existen ya propuestas didácticas diseñadas específicamente para cada una de ellas (infantil-primaria, secundaria y universitaria).

Es imprescindible el apoyo de las administraciones públicas para que se puedan superar algunas de las barreras existentes, como su abandono por la falta de recursos para el mantenimiento, o la ausencia de formación específica para los docentes en los planes de estudio de los actuales Grados en Maestro de Educación Infantil y Primaria.

Las autoras han recibido fondos para su investigación de los Proyectos de Innovación Educativa “Huertos EcoDidácticos” de la Universidad de Valladolid y “Fomento del pensamiento STEAM y los ODS”, de la Universitat Jaume I.

Marcia Eugenio-Gozalbo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La UVa emplea cuentos clásicos para acercar la ciencia a todos los públicos

La UVa emplea cuentos clásicos para acercar la ciencia a todos los públicos

‘Lo que no te contaron los cuentos clásicos’ se desarrolla con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología – Ministerio de Ciencia e Innovación, el Ayuntamiento de Valladolid y la delegación territorial de la ONCE

La Universidad de Valladolid, a través de su Unidad de Cultura Científica y de la Innovación | UVadivulga, ha editado un libro con ocho cuentos clásicos ilustrados en los que se reinterpretan algunas de las más conocidas narraciones infantiles populares y se introducen de manera novedosa pequeñas píldoras divulgativas con el fin de acercar la ciencia y la tecnología de un modo ameno a todos los públicos. Esta publicación se produce en el marco del proyecto Lo que no te contaron los cuentos clásicos, con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología – Ministerio de Ciencia e Innovación.

Jack y las habichuelas mágicas, Juan sin miedo, El Mago de Oz, El Flautista de Hamelín, Los tres cerditos, Pinocho, El Sirenito y Pulgarcita han sido los cuentos seleccionados para la adaptación de sus aventuras a un mundo más científico. Por ello, las historias incluyen pequeñas anotaciones sobre cinco áreas de conocimiento (ciencias, ciencias sociales y jurídicas, artes y humanidades, ingenierías y arquitectura y ciencias de la salud). Con ello, los cuentos son los vehículos por los que se explican pequeños conceptos de agronomía, climatología, bioquímica, biología, arquitectura o geografía, entre otros, salpicados en la narración. Todas las historias han contado con revisiones pedagógicas y científicas y técnicas por parte de personal investigador de la UVa.

El libro, editado en papel y que se ofrece además en descarga libre, se complementa con contenido transmedia (ocho vídeos y ocho capítulos de pódcast) con la presencia de científicos y tecnólogos de la UVa en los que se ahonda en algunos contenidos presentes en los cuentos, facilitando de esta forma el acceso a personas ciegas y personas no alfabetizadas a la acción divulgativa, gracias al servicio de Medios Audiovisuales.

Además, se han llevado a cabo a lo largo de junio representaciones de los cuentos en cuatro CEAS (centros de acción social) de la ciudad de Valladolid, gracias a la colaboración de la Concejalía de Servicios Sociales y Mediación Comunitaria. Dado que una de las metas de este proyecto era acercar la ciencia y la tecnología a colectivos que habitualmente quedan excluidos de actividades de divulgación, se seleccionaron los CEAS de Pajarillos, Barrio España, Campillo y Huerta del Rey para estrenar estas representaciones de la mano de sus animadores comunitarios. Han asistido a estas particulares premières más de 110 menores de edades de 5 a 14 años.

Por último, se ha iniciado un proceso de transcripción de los cuentos al braille de la mano de la delegación territorial de la ONCE en Castilla y León, para que los cuentos lleguen también a personas invidentes. Está previsto un taller divulgativo específico para este colectivo a partir de septiembre. Esta labor ha contado con el apoyo del secretariado de Asuntos Sociales de la UVa.

De forma añadida el libro cuenta con una guía docente para que docentes de Educación Primaria puedan emplear el material en sus clases de manera transversal. La obra contiene ilustraciones de Sonia Sanz Escudero, ha sido publicada a través de Ediciones Universidad de Valladolid y maquetada por Etiqué.

Por lo tanto, ciencia, cultura popular e inclusión han sido los tres pilares fundamentales sobre los que se ha cimentado Lo que no te contaron los cuentos clásicos. La propuesta obtuvo financiación en la Convocatoria de Ayudas para el Fomento de la Cultura Científica, Tecnológica y de la Innovación de FECYT, dentro de las solicitudes en la modalidad ‘Fomento de la cultura científica, tecnológica y de la innovación’, de acuerdo con la misión de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la UVa de “contribuir al crecimiento de la cultura científica de la sociedad en su conjunto”.

Investigadores y educadoras implicados

Para introducir conceptos científicos en una narración ficticia ha sido necesario contar con con una doble revisión. En primer lugar pedagógico, para adecuar el contenido a un público de entre 8 y 11 años. En esta labor han participado las profesoras Henar Rodríguez Navarro, del departamento de Pedagogía, y Eva María Álvarez Ramos, del departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura, y la técnico de Innovación Docente Marina Gómez Pastrana. En segundo lugar, para que los contenidos sean rigurosos, han revisado los conceptos científicos y técnicos los investigadores Eusebio de la Fuente (Ingeniería de Sistemas y Automática), María Belén Turrión (Ciencias Agroforestales), Ana Tejero (Ingeniería Energética y Fluidomecánica), Enrique Serrano (Geografía), Manuela del Caño (Didáctica de las Ciencias Experimentales, Sociales y de la Matemática), Myriam de la Iglesia (Psicología), Adrián de la Fuente (Química Analítica), Marta Martín (Biología Celular, Genética, Histología y Farmacología), Rosa Bellido (Construcciones Arquitectónicas) y Alfredo Marcos (Filosofía).

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Arranca una propuesta divulgativa que emplea los cuentos clásicos como vehículo de divulgación científica

Arranca una propuesta divulgativaque emplea los cuentos clásicos como vehículo de divulgación científica

‘Lo que no te contaron en los cuentos clásicos’ cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología – Ministerio de Ciencia e Innovación

‘Ciencia, cultura popular e inclusión son los tres pilares fundamentales sobre los que se cimenta ‘Lo que no te contaron en los cuentos clásicos’, una propuesta divulgativa de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Valladolid | UVadivulga que cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología – Ministerio de Ciencia e Innovación. Esta actividad se pone en marcha el 16 de febrero de 2023 y se desarrolla los siguientes cuatro meses.

El proyecto, que busca desmontar algunos de los cuentos clásicos más conocidos y adaptarlos a la evidencia científica, ha obtenido financiación en la última Convocatoria de Ayudas para el Fomento de la Cultura Científica, Tecnológica y de la Innovación, dentro de las solicitudes en la modalidad ‘Fomento de la cultura científica, tecnológica y de la innovación’, de acuerdo con la misión de la UCC+I de la UVa de ‘contribuir al crecimiento de la cultura científica de la sociedad en su conjunto’. La actividad intentará acercar la ciencia a la sociedad mediante la utilización de metodologías innovadoras, estimular el pensamiento crítico en diferentes sectores sociales, despertar el interés científico entre el estudiantado más joven e incluir en los proyectos de divulgación a colectivos que habitualmente quedan excluidos de este tipo de actividades.

Juan y las habichuelas mágicas, Juan sin miedo, El mago de Oz, El flautista de Hamelín, Los tres cerditos, Pinocho, La Sirenita y Pulgarcita son los cuentos seleccionados para la reescritura y adaptación a la evidencia científica. Conscientes del cambio en los hábitos de consumo de la sociedad actual, esta acción se complementa con otros formatos, buscando la creación de una actividad transmedia.

De esta forma, los fascículos se pretenden completar con vídeos para explicar conceptos científicos que vertebran las historias, un pódcast que contiene la narración de los cuentos, facilitando de esta forma la accesibilidad a personas ciegas y personas no alfabetizadas, talleres en colegios y asociaciones en los que mediante un cuentacuentos y una guía didáctica-.