Una investigadora de la UVa participa en el descubrimiento de la primera molécula de azúcar detectada en el espacio interestelar que arroja nueva luz sobre el origen de la vida
La profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid, Elena R. Alonso, integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM), participa como coautora en una investigación liderada por el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) que ha detectado por primera vez azúcar en una región interestelar cercana al centro de la Vía Láctea. El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación en astrobiología y refuerza la búsqueda de otras moléculas que pudieron desempeñar un papel clave en el origen de la vida.
Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios. Ashley Barnes / Izaskun Jiménez-Serra / Juan García de la Concepción
Los resultados de este estudio, recogidos en la revista Nature Astronomy, respaldan la hipótesis de que los azúcares pudieron alcanzar la Tierra primitiva hace aproximadamente 4.000 millones de años transportados desde el espacio. Una vez en nuestro planeta, estos compuestos podrían haber contribuido a la formación de los primeros ácidos nucleicos, desempeñando un papel relevante en el origen de las primeras formas de vida. El hallazgo corresponde a la primera detección de una molécula de azúcar en el medio interestelar, la región del espacio situada entre las estrellas de una galaxia. En concreto, se trata de la eritrulosa, un azúcar que está presente de forma natural en frambuesas y otros frutos rojos y que también se utiliza como ingrediente en algunos autobronceadores.
El descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional liderado por la investigadora Izaskun Jiménez-Serra del Centro de Astrobiología (CAB), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en el que participa Elena R. Alonso, profesora titular del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la Universidad de Valladolid e integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular (GEM). En el marco de esta investigación, Alonso ha contribuido en la caracterización espectroscópica de la eritrulosa, un paso imprescindible para identificar este compuesto en las observaciones astronómicas.
“Para poder identificar una molécula en el espacio es imprescindible conocer previamente su espectro rotacional, una especie de huella dactilar de la molécula que se obtiene en el laboratorio. Mi aportación ha consistido en caracterizar la eritrulosa y obtener esa huella espectroscópica, imprescindible para poder identificar posteriormente la molécula en las observaciones astronómicas”, ha detallado la investigadora.
La detección de eritrulosa en la nube molecular G+0.693-0.027, situada en las proximidades del centro de la Vía Láctea, constituye un hallazgo de especial relevancia, ya que demuestra que los azúcares pueden formarse de manera natural en el espacio interestelar. El estudio aporta evidencias, además, que la eritrulosa puede originarse en los hielos interestelares a partir de alcoholes y aldehídos, compuestos orgánicos sencillos con solo dos átomos de carbono.
Los azúcares son biomoléculas esenciales para la vida, ya que constituyen parte de la estructura del ADN y el ARN y participan en procesos metabólicos indispensables. Su presencia debió de ser determinante en las primeras etapas de la evolución de la vida en la Tierra y, posiblemente, también en otros mundos. Sin embargo, el origen de estos compuestos sigue siendo una de las grandes incógnitas de la química prebiótica.
Así, a partir de la cantidad de eritrulosa detectada en dicha nube molecular, los investigadores estiman que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron llegar a la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío, un periodo comprendido entre hace 4.100 y 3.800 millones de años, caracterizado por el intenso impacto de meteoritos y cometas sobre la Tierra. Esta estimación refuerza la hipótesis de que los azúcares formados en el espacio interestelar pudieron enriquecer el inventario de azúcares disponible en la Tierra primitiva y contribuir a los primeros procesos metabólicos y de replicación relacionados con el origen de la vida.
El hallazgo abre nuevas perspectivas para la astrobiología al plantear la posibilidad de detectar en el medio interestelar azúcares más complejos, como la ribosa (componente esencial del ARN), así como otras moléculas prebióticas que podrían haber desempeñado un papel clave en el origen de la vida.
Referencia
Jiménez-Serra, I., García de la Concepción, J., Cuppen, H.M. et al. Detection of a four-carbon sugar in interstellar space. Nat Astron (2026). https://doi.org/10.1038/s41550-026-02905-7
Más de 40 veces: ese es el aumento de la demanda global de litio anual que prevé la Agencia Internacional de la Energía entre 2020 y 2040 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento del planeta. Es una de las dificultades claves de la transición energética: las tecnologías de bajas emisiones requieren muchos más materiales (tanto a nivel de diversidad como de cantidades) que los sistemas energéticos a base de combustibles fósiles.
Algunos ejemplos incluyen níquel y cromo para el acero inoxidable de los aerogeneradores; cobalto, litio y níquel para las baterías de los vehículos eléctricos y el cobre para reforzar la red eléctrica y conectar plantas de generación renovables. Por lo tanto, la descarbonización de la economía supondrá en cierta medida un aumento de la demanda de algunos materiales críticos, pero también de materiales de construcción como arena y grava.
La Comisión Europea adoptó en 2023 la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales, que plantea diversificar proveedores de materias primas, incrementar la demanda de materiales cubierta por reciclado y aumentar la extracción y transformación de materiales en suelo europeo. Tal incremento de la demanda y extracción de materiales tendrá impactos ambientales y sociales en las zonas de extracción, hoy en día mayoritariamente deslocalizadas.
Si nos centramos en España, ¿se puede realizar una transición energética compatible con los objetivos climáticos y a su vez reducir la demanda de materiales? Esa es la pregunta que investigamos en un reciente estudio publicado en Progress in Energy.
El caso de España
España es un país relativamente avanzado en el despliegue de tecnologías de bajas emisiones en el sector eléctrico, con un 55 % de la generación eléctrica cubierta por fuentes de energía renovable en 2025. Sin embargo, el consumo de combustibles fósiles en otros sectores (por ejemplo, gas en los sectores residencial e industrial, diésel y gasolina en el transporte y en la industria) aún sigue siendo muy elevado.
Sin embargo, creciente evidencia científica indica que el crecimiento económico constante, especialmente en países de alta renta per cápita, podría ser precisamente parte del problema. En otras palabras, además de cómo, el qué, el cuánto y el para qué se produce y consume son parte central del problema.
En nuestra investigación, cuantificamos y analizamos, mediante un modelo de simulación, los requerimientos materiales de la EDLP así como de un escenario alternativo de “suficiencia” en el que se aplican políticas de gestión de la demanda. En este último supuesto, la demanda de bienes y servicios se reduce, aunque manteniendo un nivel de consumo compatible con altos niveles de bienestar.
La necesidad de una política industrial a largo plazo
Mejorar las tasas de reciclado será clave para reducir la extracción de materiales. En particular, las tecnologías de bajas emisiones (como baterías, aerogeneradores o paneles solares) en final de su vida útil generarán un yacimiento de materiales creciente. Por ejemplo, en el caso del níquel, el reciclado de tecnologías de bajas emisiones podría satisfacer hasta un 60 % de la demanda en 2050 (con tasas de reciclado ideales).
Sin embargo, desplegar capacidades de reciclado para tecnologías tan complejas no es trivial. Requerirá una política industrial a largo plazo que apoye el desarrollo de la reutilización y el reciclado, y que fomente normas de ecodiseño y estandarización que faciliten estos procesos.
La importancia de apostar por estrategias de suficiencia
La gráfica que sigue a este párrafo muestra un aumento muy significativo de los requerimientos de materiales en la EDLP hasta 2050 (la línea discontinua muestra los requerimientos en 2025), sobre todo para aquellos materiales cuya demanda domina el despliegue de tecnologías de bajas emisiones.
Entre 2025 y 2050, la demanda de cobalto se multiplicaría por 14, la de grafito por 11, la de litio por 6 y la de níquel por 2. Para otros materiales, como el aluminio o el cobre, la demanda aumenta, aunque las tecnologías de bajas emisiones representen una parte minoritaria de la demanda total.
El escenario de suficiencia reduce significativamente la demanda de materiales comparado con la EDLP. Esa tendencia se explica por una menor demanda de materiales y energía para la producción de bienes y servicios, y por lo tanto un menor despliegue de tecnologías de bajas emisiones.
La siguiente gráfica muestra la evolución de la huella de materiales, que representa el volumen total de materiales extraídos del medio ambiente, y es un indicador del impacto de la extracción de recursos naturales. En el escenario de suficiencia, se logra reducir en un 55 % la huella de materiales de la economía española respecto a 2025, mientras que aumenta en un 51 % en la EDLP.
Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.). Los autores | Adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY-SA
Así pues, nuestro trabajo sugiere que reducir el consumo de bienes y servicios menos esenciales permitiría conciliar un despliegue de tecnologías de bajas emisiones consistente con los objetivos climáticos y reducir la huella de materiales de la economía española, manteniendo a la vez altos niveles de bienestar.
Emmanuel Aramendia ha recibido financiación de la fundación Leverhulme Trust (RPG-2024-357), y del Research and Innovation Programme de la Unión European a través del proyecto LOCOMOTION (Grant Agreement No. 691287).
Iñigo Capellán-Pérez ha recibido financiación de una ayuda Juan de la Cierva-Incorporación del Ministerio de Economía y Competitividad de España (n.º IJC2020046215-I).
Jaime Nieto Vega ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R).
Óscar Carpintero ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R)
Alumnos del Grado de Periodismo de la Universidad de Valladolid durante una visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, en abril de 2026.Maria Rosa Masegosa (proyecto Memoria en Construcción para futuros Periodistas).
Los periodistas informan a menudo sobre hechos que no han vivido. Cubren guerras que empezaron antes de que nacieran, juicios sobre crímenes cometidos décadas atrás, conflictos políticos heredados, dictaduras, transiciones, atentados o crisis sociales cuyas consecuencias siguen presentes.
Esa distancia no es un problema en sí misma. De hecho, forma parte del oficio periodístico. Informar sobre un hecho no vivido obliga a investigar, consultar documentos, reconstruir contextos, entrevistar a testigos, escuchar a las víctimas, contrastar versiones y distinguir entre datos, opiniones e interpretaciones. En tiempos de titulares rápidos, redes sociales y debates polarizados, esta tarea resulta todavía más necesaria.
Mirar hacia atrás para informar del presente
La formación periodística, por tanto, no puede limitarse a enseñar a producir contenidos o reproducir declaraciones y datos. También debe enseñar a mirar hacia atrás. A entender que muchas noticias no empiezan el día en que se publican, sino años o décadas antes. Y a comprender que algunos acontecimientos del pasado reciente siguen condicionando el presente.
Uno de esos casos es el terrorismo de ETA. Los estudiantes que hoy llegan a la universidad no vivieron sus años más duros. Para muchos de ellos, aquel tiempo no está asociado al miedo cotidiano, a los escoltas, a los funerales, a las amenazas o a los silencios. Les llega a través de noticias sobre excarcelaciones, debates políticos, series, redes sociales, conversaciones familiares o referencias escolares a menudo fragmentarias.
ETA y la memoria compartida
Pero ETA no es un tema histórico cualquiera. Es parte de la historia reciente de España. Tiene víctimas directas, consecuencias políticas, presencia en el debate público y una memoria todavía en disputa. Por eso, cuando un futuro periodista informa sobre una decisión judicial o penitenciaria, sobre un homenaje, sobre una víctima o sobre un antiguo miembro de ETA, no puede hacerlo solo desde la actualidad inmediata. Necesita contexto.
La pregunta, entonces, no es solo cuánto saben los jóvenes sobre ETA. La pregunta es más amplia: ¿cómo se forma a los periodistas para contar acontecimientos que no vivieron, pero que siguen afectando a la sociedad en la que informan?
El problema, por tanto, no consiste solo en que los jóvenes “sepan poco o mucho” sobre ETA. El verdadero riesgo es que conozcan los hechos de forma desordenada, parcial o sin contexto. En un mundo de noticias rápidas, redes sociales y debates polarizados, una información sobre un antiguo terrorista puede llegar antes que la historia de sus víctimas. Y una decisión judicial o penitenciaria puede entenderse mal si no se conoce el daño humano, político y social que la precede.
La idea de fondo es sencilla. Para informar sobre terrorismo no basta con tener una opinión ni recordar algunos nombres o fechas. Hay que saber documentarse, contextualizar, verificar, distinguir conceptos y comprender el lugar que ocupan las víctimas en el relato público.
¿Qué saben de ETA las nuevas generaciones?
Como punto de partida, la iniciativa partió de un cuestionario diagnóstico entre 65 estudiantes de primer curso de Periodismo de la Universidad de Valladolid. La muestra no permite extraer conclusiones generales sobre la juventud universitaria española, pero sí ofrece pistas valiosas. Los resultados, en línea con otros estudios recientes más amplios, muestran una falta de formación previa. El 49,2 % afirmó saber poco sobre ETA y el 7,7 % dijo no saber nada. Solo el 12,3 % alcanzó el nivel máximo en una prueba sencilla de conocimientos básicos.
El dato más llamativo, sin embargo, no es el desconocimiento, sino el interés. El 90,8 % consideró importante conocer qué ocurrió con ETA y el mismo porcentaje valoró ese conocimiento como relevante para su futura labor periodística.
El cuestionario también muestra que la universidad tiene margen para intervenir. La escuela o el instituto y la familia aparecen como las principales fuentes de conocimiento sobre ETA, ambas con un 55,4 %. Les siguen los medios de comunicación, con un 50,8 %. La universidad, en cambio, queda en un segundo plano, con un 23,1 %. Además, algunas respuestas revelan confusiones entre terrorismo, nacionalismo democrático, entorno abertzale y debates políticos actuales. Esa confusión es especialmente relevante para futuros periodistas porque afecta al rigor, a la verificación y a la forma en que se cuentan las noticias.
Metodologías activas
A partir de ese diagnóstico, nuestro proyecto apuesta por aprender haciendo. Conectamos varias asignaturas del Grado de Periodismo, desde comunicación organizacional, ciberperiodismo y documentación informativa hasta televisión informativa. La iniciativa incorpora también actividades fuera del aula, como la visita al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria-Gasteiz, la asistencia a las III Jornadas Autonómicas sobre Terrorismo en Castilla y León y la cobertura de actividades relacionadas con terrorismo, víctimas y memoria presentes en la agenda informativa.
Así, el aprendizaje no queda encerrado en una clase ni en una evaluación académica, sino que se convierte en una experiencia de formación profesional y ciudadana.
Además de llevar la memoria del terrorismo al centro de la formación periodística, el objetivo del proyecto es recordar que el periodismo se enfrenta constantemente a hechos no vividos en primera persona, pero que se deben contar con justicia y fundamento. No tener memoria propia obliga, precisamente, a investigar mejor.
Por eso, formar periodistas hoy no consiste solo en enseñarles a escribir una noticia, grabar un pódcast o manejar una red social. Consiste también en enseñarles a detenerse, preguntar, comprobar, escuchar y contextualizar.
En una época en la que la actualidad se consume deprisa, el periodismo necesita profesionales capaces de explicar de dónde vienen los hechos. Porque algunas noticias no empiezan cuando llegan a una pantalla. Empiezan mucho antes, en historias que otros vivieron y que alguien tiene la responsabilidad de contar bien.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
En ninguna maleta debería faltar un libro, en las infantiles y adolescentes tampoco. Aquí algunas recomendaciones de ocho expertos, para todas las edades y gustos, para llevarse de viaje o evadirse del calor.
Ofrece recursos simbólicos para nombrar y comprender una emoción que, a los 5, 6 años, resulta especialmente difícil de gestionar: la ira. El libro recurre a la metáfora del volcán que entra en erupción para representar de forma visual y muy intuitiva lo que sucede en el cuerpo y en la mente cuando el enfado crece sin control, lo que permite a los niños identificar esa sensación interna –el calor, la presión, el deseo de explotar– con una imagen concreta y fácil de recordar. Contar con metáforas claras ayuda a poner nombre a los sentimientos y, con ello, a la regulación emocional. Entendemos que sentir rabia o enfado es normal y legítimo, pero que existen formas de gestionar esa energía sin que termine dañando la relación con los demás.
Andy Griffiths y Terry Denton. Traducción de Rita da Costa García. Penguin Radom House
Ideal como puente entre la lectura autónoma y la lectura compartida en familia. Se trata del primer volumen de una serie de trece títulos, estructurada en capítulos breves que se corresponden con cada uno de los pisos de la casa-árbol protagonista. Esta arquitectura narrativa, sencilla pero ingeniosa, permite que el lector vaya avanzando “piso a piso”, lo que ofrece pequeñas metas de lectura muy adecuadas para niños que empiezan a ganar confianza con los textos extensos.
Aunque algunas guías de lectura sitúan la edad recomendada a partir de los 10 años, la experiencia indica que puede introducirse ya a los 7 u 8 años si se acompaña desde el entorno familiar, lo que convierte al libro en una herramienta idónea para la lectura compartida entre adultos y niños.
Estimula de forma muy directa la curiosidad, la imaginación y la creatividad. Situaciones disparatadas y humorísticas invitan al niño a interpretar, anticipar y dar sentido a lo que ocurre, favoreciendo así la comprensión lectora. Los propios autores son personajes dentro de la historia lo que genera un efecto de cercanía y complicidad.
Aunque su extensión y su densidad textual puedan suponer un reto mayor que el de otros álbumes ilustrados más breves, precisamente ese desafío es parte de su valor pedagógico: enseña a los niños a sostener la atención durante relatos más largos, a tolerar cierta incertidumbre narrativa y a disfrutar del proceso de “subir” de capítulo en capítulo, ganando autonomía lectora progresivamente. Leer juntos estas páginas permite conversar sobre el humor, las situaciones absurdas y los pequeños conflictos que surgen entre los personajes, convirtiendo la lectura en un espacio de vínculo afectivo además de un ejercicio de desarrollo lingüístico y cognitivo.
Un conjunto de relatos que ayudan a partir de los 7 años a construir una imagen sana y segura de sí mismos en una etapa en la que empiezan a compararse con los demás y a ser más sensibles a la mirada externa. El libro aborda de manera directa y accesible los temas de la autoestima y la identidad, cuestiones que a esta edad cobran especial relevancia porque coinciden con el momento en que los niños comienzan a definirse fuera del núcleo familiar, en la escuela y en el grupo de iguales, y en el que las primeras inseguridades sobre el propio cuerpo, las capacidades o la forma de ser pueden empezar a aparecer.
A los 7-9 años, los niños están desarrollando su capacidad de pensamiento crítico y de autorreflexión, por lo que una historia que pone el foco en “ir con uno mismo” –es decir, en sostenerse desde la propia identidad y no desde la validación externa– les proporciona un marco de referencia valioso para enfrentar situaciones cotidianas como la presión de grupo, la comparación o el miedo al rechazo.
Julia Donaldson. Ilustrador/a Axel Scheffler. Traductor Roberto Vivero Rodríguez. Bruño
Pensados para el pequeño lector acompañado desde los 3 o 4 años y para la lectura autónoma a partir de los 6 o 7, los libros del tándem Julia Donaldson y Axel Scheffler, autores del afamado libro El Gruffalo, son indispensables en cualquier lista de obras de literatura infantil. En el caso de El Hombre Palo, nos encontramos con un personaje (un pequeño palo humanizado) que se pierde en el bosque e inicia un viaje en el que animales, niños y adultos lo encuentran y lo utilizan en sus juegos o quehaceres diarios, mientras que él defiende una y otra vez que él es el Hombre Palo y solo desea volver a su hogar.
Mediante la identificación con el pequeño hombre palo, los más pequeños aprenden modelos de actuación y contexto que les permiten entender temas tan complejos como el miedo a la separación y la soledad, la construcción de una identidad propia, el abuso de autoridad y, sobre todo, la familia como el lugar en el que se puede ser uno mismo.
Como puede apreciarse, la obra, al igual que la mayoría de las realizadas por esta pareja de escritora e ilustrador, desafía el prejuicio de que la literatura infantil no aborda temáticas complejas. Por otro lado, la riqueza visual del libro y la muy pensada relación complementaria entre imagen y palabra al construir la historia refuerzan los procesos de inmersión lectora y de construcción del mundo ficcional del texto, lo que estimula el aprendizaje y los procesos cognitivos en este nivel inicial.
Recomendado por Sara Molpeceres Arnaiz, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada
“Todo el mundo sabe que, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, tras un sueño de cien años, se casó con ella en la capilla del castillo y, llevando consigo a la mayor parte de sus sirvientes, la condujo, montada a la grupa de su caballo, hacia su reino. Pero, ignoro por qué razón, casi nadie sabe lo que sucedió después. Pues bien, éste es el verdadero final de aquella historia”.
Así comienza El verdadero final de La Bella Durmiente, obra en la que Ana María Matute, escritora de cuya muerte el pasado 25 de junio se cumplieron doce años, narra qué sucedió con el personaje de la Bella Durmiente, y con su príncipe salvador, después de su matrimonio. No es, sin embargo, una continuación ficticia, sino una recreación de una segunda parte verdaderamente existente de la historia, que se encuentra en las versiones de Giambattista Basile y Charles Perrault, pero que los hermanos Grimm, así como luego Disney en su versión cinematográfica de 1959, eliminaron, condenándola en cierto modo al olvido.
Es una obra valiosísima para lectores jóvenes, no solo por su evidente calidad literaria, sino también porque desplaza la atención hacia lo que suele quedar oculto, aquella otra historia que acontece después del supuesto final feliz. Esta decisión hace que el texto siga siendo hoy actual, porque conecta con una idea muy contemporánea, y es que detrás de las apariencias hay contradicciones, “zonas oscuras” que también forman parte de crecer.
Matute muestra que releer no es repetir, sino mirar de nuevo y, por ello, este cuento sigue siendo una muy buena puerta de entrada a la literatura, para disfrutarla y también para reflexionar y aprender con ella.
Recomendado por Claudio Moyano, Didáctica de la Lengua y la Literatura
Astrid Lindgren. Ilustraciones de Katsuya Kondo. Traducción de Ulla Ljungström y Esther Rubio. Editorial Kókinos
Astrid Lindgren fue una escritora valiente y extremadamente respetuosa con la infancia, se tomaba muy en serio a los niños y niñas que leerían sus obras y les hablaba con honestidad y sin ñoñerías injustificadas ni moralinas. Uno de sus personajes más conocidos, Pippi Långstrump, ha hecho las delicias de varias generaciones, ya sea en formato libro o en formato audiovisual.
Toda la obra de Lindgren es un disfrute asegurado. Pero en este caso, por ampliar la mirada más allá de Pippi, recomiendo dos obras recientemente reeditadas por Kókinos: Ronia. La hija del bandolero y Los hermanos Corazón de León. Ambas están protagonizadas por niños que tienen vidas muy fuera de lo común, llenas de aventuras y fantasía, en las que deben afrontar dificultades y peligros que no son ya tan comunes entre las páginas que ofrecemos al público infantil. En estas obras hay espacio para el miedo y el desengaño, pero también para el amor, la ternura y el cuidado.
Astrid Lindgren. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Traducción de Kókinos. Editorial Kókinos
Ronia ofrece una ventana a una naturaleza cargada de magia, al despertar adolescente con todos sus miedos y dudas, al descubrimiento autónomo de los propios límites y la propia identidad. Los hermanos Corazón de León nos brindan una bellísima representación del amor fraternal, del cuidado entre amigos y vecinos, de la fuerza que tiene la comunidad en tiempos oscuros y de los límites que somos capaces de superar cuando nuestras inseguridades no nos dejan inmóviles.
El mundo de Astrid Lindgren es un excelente destino para estos días de verano si el lector busca aventura, emoción y disfrute, aderezados con un toque de optimismo.
Roald Dahl. Traducción de Pedro Barbadillo Gómez. Ilustraciones de Quentin Blake. Alfaguara
Matilda, de Roald Dahl, cumplirá pronto 40 años. Pero está aún lejos de quedar marginada en el rincón de los “clásicos”. No acabará como lectura que se aprende de memoria sin abrir sus páginas; no se lo merece. Matilda es mucho más que un libro “de paso” por la infancia, o un recuerdo nostálgico de la generación milenial. Ahí continúa, leyéndose en colegios e institutos de todo el mundo. Muchos la recomendarán, y con razón, por su corazón “metaliterario”: un libro que trata sobre libros, sobre los clásicos que definen nuestra cultura, y una defensa firme de la lectura como súperpoder.
Pero, como toda buena literatura que no se queda en su argumento, Matilda guarda mucho más. Conecta a adultos, adolescentes y niños en torno a una pequeña cría que nos demuestra que la literatura consiste, sobre todo, en la aventura de vivir. Matilda lee (mucho), y luego piensa, y razona, y opina. Construye su experiencia de la realidad, y por tanto su identidad, sobre lo que los libros le enseñan. Y esa es una fuente infinita de relecturas. Más allá de sus trepidantes y sorprendentes aventuras contra adultos tiranos, nos enseña que la literatura no es comprender un texto, sino imaginar qué hacer con él. Y en sus páginas, abiertas a todo el mundo, seguiremos leyendo, pensando, opinando y descubriendo, con Matilda, que los libros pueden transformar nuestra realidad.
Si fuese adolescente y nunca hubiera leído poesía desearía que los primeros versos que llegasen a mí fueran los de Paula: sencillos, perspicaces, comestibles. En una pulsión por subvertir el canon curricular y sus constricciones, el presente parece un buen punto de partida. No obstante, el presente no nace del vacío, sino que emana de una tradición a la que debería ser accesible aproximarse. En este caso, la autora lo consigue regalándonos destellos de ideas de místicas como Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús, o conceptos tan valiosos como los claros del bosque de María Zambrano. Quizá sea esta una manera más amable de ofrecer a las personas jóvenes el trabajo de pensadoras como ellas, con las que tenemos una deuda cultural inmensa.
A través de la historia de la juglarilla, en una especie de poemario de formación, se despliegan ante nuestros ojos las potencias de lo natural: el río, las bellotas, las piedras o los animales que habitan el paisaje.
La voz poética cristaliza una ternura fractal, interdependiente hacia todos ellos. Aprende la soledad sin su cervatillo, señala la importancia de nombrar las cosas, experimenta las alegrías de la amistad, se pregunta por la escritura y por el impacto que tiene aquello que creamos. Reflexiona con franqueza y miedo sobre las expectativas, la vergüenza, la frustración y la autoexigencia. Aun así, más allá del desasosiego, un puñado de palabras luminosas, un consuelo, casi un antídoto. El alivio de los amores que nos permiten descansar de nosotras mismas: “Me senté con mis criaturas silenciosas en el patio de la casa. Las únicas que nunca me pidieron nada. Ninguna canción, ningún parlamento brillante … Ellas nunca me exigieron ningún deslumbramiento. Me permitían estar callada. Callada y quieta en el patio de la casa”.
El Premio Gran Angular 2026 es una historia dura y oscura. Se centra en un tema que preocupa a los adolescentes o que forma parte de algunas de sus conversaciones: el dinero fácil, la necesidad de copiar las “vidas” de las redes sociales, la falsa confianza del yo puedo con eso…
La forma de narrarlo, la manera de dar protagonismo a cada una de las voces o de diferenciar los puntos de vista de personajes tan diferentes, nos lleva a subrayar diferentes frases que muestran maneras de ver el mundo.
Es un libro para leer conjuntamente, en familia o en un club de lectura de la biblioteca escolar o pública. Porque es un libro valiente y sin complejos que merece unas hora de nuestro tiempo y de nuestras conversaciones.
La saga La guerra de las brujas está formada por tres libros: El clan de la Loba, El desierto de hielo y La Maldición de Odi, a los que en 2023 se sumó la precuela La loba gris. La historia de Deméter.
Carranza ha construido un mundo mágico más allá de la ficción que crea la industria del entretenimiento. Un universo de calidad que, a lo largo de cuatro libros, narra la historia de mujeres con poderes, ligadas a la cultura mediterránea y atlántica. Un mundo propio que ha llegado a más de 30 lenguas y ha merecido diferentes premios.
La loba gris cuenta los inicios de los clanes de las brujas Omar, que han vivido ocultas de las brujas Odish, y se centra en la historia de Deméter, la abuela de Anaíd. El siguiente libro de la saga, El clan de la Loba, ya se centra en la elegida, Anaíd, que ha pasado su infancia resguardada en un pueblo del Pirineo, ignorando los secretos de las mujeres de su familia pero que deberá asumir su destino para salvar a su clan.
Más allá de los mundos mágicos de las sagas más globales, La Guerra de las brujas construye un mundo fantástico desde nuestras raíces, actualizando la figura de las brujas, rompiendo moldes y ofreciendo una aventura que demuestra como desde lo local se llega a todos los públicos.
Recomendados por Gemma Lluch, catedrática de Literatura Catalana
Esta novela gráfica nos transporta al mundo rural de la España del último siglo, desde los años treinta hasta una actualidad marcada por la despoblación y el abandono progresivo de muchos pueblos. A través de la vida de Emilio, el libro recorre una forma de habitar la tierra que ha ido cambiando con el tiempo, entre la dureza del campo, la memoria familiar, la emigración hacia la ciudad y la desaparición lenta de una comunidad.
Emilio, el último habitante de un pequeño pueblo turolense, vive casi al margen de todo. A su alrededor, las casas empiezan a desaparecer y solo él parece advertirlo. Esa premisa, cercana por momentos a lo fantástico, permite vislumbrar el concepto de la España vaciada sin necesidad de convertir la historia en un documental. Al final, llega a transmitir una sensación de pérdida ligada a los lugares, a las rutinas y a la relación con el mundo.
Su formato de cómic permite que esa desaparición del lugar en el tiempo pueda vivenciarse no solamente en el texto, sino principalmente en la imagen. Los espacios vacíos, los interiores de las casas, los caminos y los silencios tienen tanto peso como lo que se dice. Barbecho abre una conversación sobre qué significa marcharse, qué significa quedarse y qué ocurre cuando un territorio deja de estar habitado, pero no del todo recordado.
Publicado originalmente en 1983, fue durante años una obra menos accesible dentro de la trayectoria del creador de Studio Ghibli. Es un relato ilustrado que puede leerse como una pieza muy especial dentro de su universo creativo. Quien haya disfrutado con El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o cualquiera de sus grandes relatos cinematográficos reconocerá aquí algunas de sus preocupaciones habituales, como la aventura, la naturaleza, la supervivencia y la relación entre el individuo y la comunidad.
Shuna es el joven heredero de una tierra pobre, donde la cosecha apenas permite sobrevivir. Cuando oye hablar de unas semillas doradas que podrían devolver la abundancia a su pueblo, emprende un viaje hacia un lugar del que nadie regresa. A partir de ahí, el libro despliega un mundo duro y hermoso, con pueblos sometidos, comercio de esclavos, criaturas extrañas y paisajes que parecen venir de una mitología propia. Con Miyazaki, lo importante no es solo llegar al final del viaje sino todo lo que ocurre durante el camino, porque ahí se ponen a prueba el miedo, el cuidado, la responsabilidad y la manera de mirar el mundo.
Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella. Ilustraciones de Andrea Antinori. Wonder Ponder
La muerte sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, especialmente cuando hablamos de edades tempranas y de jóvenes. Se evita, se intenta delegar en otras personas o se suaviza tanto que a veces acaba siendo más difícil preguntar por ella. ¿Así es la muerte? parte de 38 preguntas reales formuladas por niños y niñas de entre 5 y 15 años. Su estructura, cercana a una conversación abierta, permite encontrar cuestiones como “¿Yo me moriré?”, “¿Adónde vamos cuando morimos?”, “Si se muere alguien a quien quieres, ¿cuánto tiempo estás triste?” o “¿Por qué se dice descanse en paz, y no descanse divertido?”.
Gracias a estas cuestiones, el libro permite acercarse a la muerte desde la curiosidad, la lógica cotidiana, el humor y la observación de lo que ocurre alrededor. En sus páginas aparecen asuntos muy concretos, como el cuerpo, el pensamiento, las creencias, el duelo, el recuerdo o el cuidado de quienes se quedan. También aparece la muerte como finitud, como conciencia de que la vida tiene un límite y de que los vínculos, los recuerdos y el tiempo compartido importan precisamente por eso. Las ilustraciones de Andrea Antinori no rebajan el tema, pero sí lo vuelven más accesible y permiten tratarlo con respeto, distancia y naturalidad.
Recomendados por Kevin Baldrich, Didáctica de la Lengua y la Literatura
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.