Reportaje
20/12/2021

Alcanzar la neutralidad de gases de efecto invernadero en Valladolid en 2050 requiere reducir las emisiones 20 veces más rápido

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Irache H. Ochoa | UVadivulga

Investigadores de la UVa en colaboración con técnicos del Ayuntamiento de Valladolid han estudiado la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en la ciudad desarrollando una metodología novedosa

Frenar el avance del cambio climático es una de las prioridades a nivel internacional. Por ello, desde las administraciones supranacionales hasta las locales se están implicando a través de la creación de políticas medioambientales. En este contexto, investigadores del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas (GEEDS) de la UVa en colaboración con técnicos del Ayuntamiento de Valladolid han elaborado una metodología novedosa que permite suplir la escasez de fuentes de datos estadísticos detallados y precisos para informar la toma de esas decisiones.

Esta falta de datos a nivel local “es comprensible por varios motivos. El primero es por la propia naturaleza del cambio climático en la que lo principal son las tendencias globales, lo que hace que sea un problema de entidad claramente supralocal. Lo segundo es que las competencias de medio ambiente directamente relacionadas con las emisiones de GEI están atribuidas a los gobiernos estatal y autonómico, lo que hace que la información oficial relativa a esta materia sea propia de las escalas regionales y estatales. El tercer motivo, posiblemente el más relevante, y es la ausencia de metodologíasde contabilidad ambiental sistemáticas aplicables a distintas escalas", explica Gaspar Manzanera, técnico del Ayuntamiento de Valladolid y miembro del GEEDS.

El análisis puesto en marcha desde la UVa combina diferentes perspectivas para analizar tanto los flujos de energía que “entran” en la ciudad como estimaciones del consumo energético realmente imputable a la población en sus actividades privadas. El segundo propósito de la investigación es ”validar una herramienta sencilla que pueda utilizarse en otras ciudades y pueblos. El uso de factores como los propuestos son habituales en la literatura científica y también en documentos técnicos institucionales. Nuestra contribución está en discutir la validez de dichos factores para cada caso y utilizarlos de forma coherente. Por otro lado, también hacemos algunas aportaciones sobre metodologías bottom-up (de abajo a arriba) que son muy habituales pero a las que encontramos limitaciones a la escala que las utilizamos”, concreta Manzanera.

Valladolid, una ciudad dependiente de los combustibles fósiles

En primer lugar, cabe destacar la gran dependencia de los productos energéticos derivados de combustibles fósiles: el petróleo y el gas natural representan entre el 70 y el 78% de las fuentes de energía primaria. Sin embargo, las energías renovables siguen teniendo un papel limitado, representando menos del 5% a pesar de la tendencia creciente en su consumo. Si comparamos estos datos con los resultados obtenidos para Madrid y Valencia, encontramos que Valladolid presenta un consumo de gas natural per cápita mucho más elevado que las otras dos ciudades, lo cual podría deberse a la presencia de una gran industria y un número mucho menor de habitantes. Por otro lado, el consumo de petróleo por habitante también es significativamente superior en Valladolid. Las causas principales de este alto consumo de petróleo parecen ser la falta de ferrocarriles como modo de transporte público local y la ubicación de Valladolid en la A-62, importante corredor de mercancías. Por último, Valladolid presenta una situación mejor que las otras dos capitales de provincia en cuanto a las energías renovables, probablemente por las numerosas instalaciones de calefacción urbana de biomasa existentes.

Si la comparación se establece teniendo en cuenta el consumo de energía primaria per cápita en España y en Valladolid, se aprecia un consumo un 10% superior en esta ciudad. Las principales diferencias son el mayor consumo de derivados del petróleo en España por los modos de transporte marítimo y aéreo (que no se computa a Valladolid en el estudio por no tener mar y estar el aeropuerto fuera del municipio), y un consumo de gas natural más elevado en Valladolid por las necesidades de calefacción (el clima en invierno en Valladolid es más frío que en otros puntos del país) e industriales.

En segundo lugar, se aprecia una clara vinculación entre consumo de energía y actividad económica. Durante el periodo analizado (2010-2019), en el que se produce una disminución poblacional en Valladolid, el consumo de energía aumentó desde 2015 coincidiendo con un periodo de recuperación económica. De esta forma, el consumo total de energía final en 2019 y las emisiones de GEI derivadas del consumo alcanzaron niveles muy similares a los de 2010 y, de la misma forma, adoptando la curva forma de U.

 

 

Pacto de los Alcaldes de 2011

Valladolid suscribió en 2011 el denominado Pacto de los Alcaldes, por el cual las ciudades firmantes se comprometieron a una reducción de un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2020. Los reultados de el análisis muestran que, lejos de conseguirse el objetivo, en el año 2019 la redución conseguida fue de un 6% per cápita. Alcanzar la neutralidad de GEI en Valladolid para 2050 requerirá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 13% anual, que es, aproximadamente, 20 veces más rápido que el promedio registrado entre 2010 y 2019 de 0,6% anual.

Por último, es importante tener en cuenta que los datos expuestos hasta el momento presentan algunas limitaciones debido principalmente a dos factores: las emisiones fugitivas y los límites geográficos. La presencia de emisiones fugitivas (liberación de gases de efecto invernadero que se da durante la extracción, el procesamiento y la entrega de los combustibles fósiles al punto de utilización final) implica una infraestimación de las emisiones que deberían ser entre un 20% y un 25% superiores.

Por otro lado, los límites geográficos implican también una infraestimación, ya que existe evidencia científica de que los países ricos tienen una huella energética, derivada de la energía “inserta” en los productos que se importan de países subdesarrollados o en vías de desarollo. Estudios previos confirman que la huella energética primaria total en 2008 en España era casi un 35% mayor que la demanda total de energía primaria (con una tendencia creciente desde 1995). De esta forma, podemos concluir que el análisis realizado con los datos disponibles presenta una infraestimación. Por lo que “para alcanzar los objetivos planteados para la mitigación del cambio climático, es necesario adoptar medidas contundentes para comprender y transformar las actividades consumidoras de energía a nivel local. Y, por tanto, cada ciudad, sea cual sea su tamaño, debe adoptar las medidas necesarias, reconociendo que estas deben ser puestas en marcha de forma coordinada por todos los niveles institucionales relevantes, especialmente los municipales, muy limitados por las competencias institucionales y el presupuesto disponible”, concluyen los investigadores.

Edificio Mantilla, de Valladolid

Bibliografía

Manzanera-Benito, G .; Capellán-Pérez, I. Mapeo de los flujos de energía y emisiones de GEI de una ciudad mediana: el caso de Valladolid (España). Sostenibilidad 2021 , 13 , 13181. https://doi.org/10.3390/su132313181