Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación
David Peinado Romero/Shutterstock

Cuando hablamos de odio solemos pensar en insultos y humillaciones. Sin embargo, el rechazo a los inmigrantes puede camuflarse bajo un envoltorio más “amable”. Los mensajes hostiles hacia ellos en redes sociales tienen el enorme poder de cambiar lo que pensamos. Por eso es importante entender cómo nos afectan.

Uno de cada tres europeos entiende la inmigración como un problema. En ese contexto, las plataformas digitales son terreno abonado para el odio. Así, las redes sociales se han convertido en un altavoz que difunde estereotipos negativos. Y pueden apoyar la exclusión de personas y grupos sociales.

Mensajes tras la tragedia

En junio de 2022, 2 000 inmigrantes africanos intentaron saltar la valla que separa España de Marruecos. Al menos 37 personas murieron y cientos resultaron heridas. La policía de ambos países no se libró de críticas. Este tipo de sucesos, por ejemplo, es muy habitual que desencadene la proliferación de mensajes de odio en redes sociales.

Un experimento reciente investigó los mecanismos psicológicos de los discursos contra los inmigrantes y se indagó cómo afecta a los usuarios de redes el tipo de lenguaje de los mensajes y su viralidad.

El discurso de odio rechaza a las personas por quienes son o por el grupo al que pertenecen: su origen étnico, su situación de diversidad funcional, su orientación sexual o su identidad de género. En el caso de los inmigrantes, el discurso hostil más habitual es que suponen una carga económica para el país, crean inseguridad y amenazan nuestra cultura.

La creciente presencia en el entorno digital de este tipo de mensajes nos obliga a entender cómo se expanden y cómo afectan a nuestras actitudes y creencias.

Para ello, los investigadores crearon versiones diferentes de una historia en primera persona. Un tuitero contaba cómo le afectaba lo ocurrido, variando la forma de expresarse y el número de interacciones. Mientras una versión empleaba vocabulario ofensivo, otra usaba términos más neutros. Además, una versión recibía muchos likes, era compartida y comentada y otra pasaba desapercibida.

Más de trescientos participantes leyeron estos tuits. Se quería conocer si cada versión les produciría un diferente efecto. ¿Sentían conexión con el autor de cada relato? ¿La historia les envolvía? Finalmente, ¿compartirían más una variante que otra? ¿Cambiarían sus actitudes hacia los inmigrantes? ¿Apoyarían políticas más duras?

Lenguaje correcto, actitudes negativas

Los usuarios de redes experimentan mayor “fusión identitaria” con quienes no insultan. Evitar lenguaje tóxico favorece compartir visiones que, en realidad, perjudican a los inmigrantes.

Todos pensamos que hablar con corrección formal ayudaría a superar barreras mentales. Pero esto, curiosamente, puede facilitar también la difusión de mensajes que refuerzan actitudes negativas. De fondo, promueven políticas restrictivas.

Un discurso sin ofensas duras favorece conectar psicológicamente con su autor. Esta investigación propone el Modelo THREAD (siglas de Toxic Hate Responses Emerging After Disruptive Events o Reacciones de odio tóxico que surgen tras sucesos perturbadores). Más allá de expresiones agresivas, una narración transmite su carga de odio mediante historias emocionales que resultan familiares.

La ideología modera el efecto

En ocasiones nos sentimos inmersos en una narración. Experimentamos lo que se denomina “transporte narrativo”, un proceso que nos hace más propensos a cambiar de opinión. Cuando una historia nos engancha bajamos la guardia. La interiorizamos. Y, entonces, nuestras actitudes pueden llegar a modificarse.

Una característica de las personas de ideología más conservadoras es que habitualmente son más críticas con la inmigración. En el caso estudiado, solo los conservadores se sumergían más en estas narrativas cuando los tuits no parecían tóxicos.

Se sabe que las personas interpretamos en función de nuestras creencias. Por ello, un mensaje hostil contado con lenguaje neutral puede sonar aceptable a una persona conservadora. Suavizar el tono aumentaría la receptividad y disminuiría la resistencia.

Vivimos en plena fiebre por conseguir likes. Queremos que nuestros mensajes sean compartidos y comentados. Sin embargo, la repercusión en redes sociales no afectó a las actitudes de los participantes. Aunque deseamos respaldo social, nos importa más cómo nos cuentan las cosas. Y coincidir ideológicamente.

Estrategias que normalizan la exclusión

Así, el odio se expande apartándose del lenguaje tóxico. Evita el rechazo que generan los insultos. Entonces se puede conectar con lo que nos cuentan. E incluso asumir la perspectiva de la persona que lo cuenta.

Los mensajes malsonantes y agresivos no son el problema. Lo realmente grave es que bajo un estilo no agresivo se dibuje a la inmigración como una amenaza. Cuando el discurso de odio se normaliza logra mayor intención de compartirse. Y multiplicaría su difusión.

La conclusión es interesante para las campañas de alfabetización mediática. Se debe desvelar cómo el vocabulario moderado ayuda a perpetuar estereotipos y a moldear creencias y actitudes.

Estos hallazgos destacan que las formas más sutiles de discurso de odio pueden generar fuertes conexiones entre la audiencia y perspectivas hostiles, subrayando la necesidad de que las campañas contra el odio aborden tanto el contenido de odio explícito como el sutil.

La exclusión viste guante de seda. Toca descubrir el puño de acero que esconde debajo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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